Taehyung me había entregado el expediente completo de mi tigre. Sus datos, su rutina, su ubicación: un departamento de diseño en el centro de la ciudad. Me resultó intrigante el hecho de que portara un arma con tanta naturalidad; no era el tipo de accesorio que un civil común llevaría, a menos que tuviera algo que ocultar o alguien a quien temer. Pero Park Jimin no tenía pinta de asaltante; ni menos de ser un oficial corrupto. Tenía pinta de alguien que mandaba a otros a hacer el trabajo sucio.
— Me muero por ver a mi pequeño angelito — dije mientras terminaba de limpiar mi 9mm con un paño de seda. Soplé el cañón con una sonrisa depredadora.
Taehyung, sentado a mi lado en la limosina, me lanzó una mirada cargada de escepticismo y un toque de pavor.
— "Angelito"... Claro. El mismo tigre que despachó a cuatro de nuestros mejores hombres antes de que pudieran decir "hola". Tienes un concepto de la pureza muy retorcido, Jungkook.
— Es perfecto, Tae — respondí, guardando el arma en mi funda —. Es letal, es hermoso y tiene el fuego suficiente para no aburrirme. Es mi tipo ideal.
— Tu tipo ideal hasta que te ponga una bala entre las cejas. Yo que tú, entraría con el chaleco antibalas bien ajustado.
— No va a matarme. Él es incapaz de hacerme daño... lo presiento.
Taehyung soltó una carcajada nerviosa y palmeó el asiento.
— Oh, no. Ni de broma entro ahí contigo. Yo te espero en el auto con los motores encendidos. No me voy a arriesgar a que ese "querubín" me use de práctica de tiro.
Llegamos al edificio mucho antes que Jimin. Forzar la cerradura fue un juego de niños. Instalé una micro-cámara oculta en una esquina para que Taehyung pudiera monitorear desde el auto y me paseé por el departamento. Era sofisticado, minimalista, con un gusto exquisito que solo reafirmaba mi obsesión.
Cuando Taehyung me avisó por el auricular que el chico estaba subiendo, me refugié en su habitación. Me escondí detrás de la puerta, en la penumbra absoluta, esperando el momento exacto.
El ascensor llegó al séptimo piso con un pitido metálico. Caminé por el pasillo sumido en sombras hasta mi puerta. Al sacar las llaves, mi instinto de supervivencia, forjado en años de entrenamiento, se disparó. La cerradura no estaba como la dejé.
Tanteé el marco superior de la puerta buscando la moneda que siempre dejo como trampa silenciosa. La moneda cayó al suelo con un tintineo que para mí sonó como un estallido. Alguien estaba dentro. O alguien había entrado.
Saqué mi arma de la espalda baja, liberé el seguro y enrosqué el silenciador con movimientos mecánicos. El corazón me latía con fuerza, pero mi mano estaba firme. Empujé la puerta y entré como una sombra, cerrando con seguro tras de mí. No quería que el intruso tuviera una vía de escape.
Me quité los zapatos para moverme en silencio. El aire estaba impregnado de un perfume masculino, caro y embriagador, que me resultó peligrosamente familiar. Revisé la cocina, el salón y la terraza, con el arma siempre al frente. Todo estaba en orden hasta que llegué a la habitación.
Abrí la puerta con cautela. La cama estaba vacía, pero al mirar el reflejo del espejo lateral, detecté un bulto oscuro tras la puerta. Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.
Me lancé hacia él, pero el intruso fue absurdamente rápido. Forcejeamos en la oscuridad total. Los golpes eran precisos, secos. Me sorprendió su habilidad; peleaba con la misma técnica de sentidos agudizados que yo había practicado desde niño. Logró golpearme la muñeca, haciendo que mi arma saliera volando, y yo respondí con una patada que desarmó la suya.
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𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞
Misteri / ThrillerEl agente del FBI, Park Jimin, persigue a los criminales con implacable determinación, convencido de que deben enfrentar justicia. Pero bajo su fachada de rectitud se esconde un secreto devastador. Su linaje pertenece a una de las familias más peli...
