El silencio de los domingos en Seúl suele ser una mentira piadosa, pero para mí, ese silencio es el heraldo de los fantasmas. Tras semanas de investigaciones estancadas, de revisar expedientes que olían a muerte y corrupción, decidí que era hora de enfrentar el trauma más grande de mi existencia: la mansión de la familia Park.
En estos diecisiete años, ese lugar pasó de ser una ruina carbonizada por el odio de los Kim a una fortaleza reconstruida por mi propia voluntad. Cuando cumplí la mayoría de edad, ordené levantarla desde las cenizas, piedra por piedra. Quería mi hogar de vuelta, el lugar donde fui feliz antes de que el mundo se tiñera de rojo.
Mamá y Seokjin la visitaban a menudo, pero yo me había negado sistemáticamente. No me sentía listo para caminar por los pasillos donde vi a mi padre besar los zapatos de un monstruo antes de recibir una bala en la frente.
Pero Park Jimin ya no es aquel niño asustado. Mi padre crió a un hombre poderoso, y era momento de reclamar mi trono. Ante el FBI, soy un oficial brillante y meticuloso; pero en las sombras, soy "Kitty Kang", el nombre que hace temblar a los carteles desde los puertos de Busan hasta las oficinas de Tokio. No consumo la basura que vendo; solo manejo los hilos de un imperio de acero y pólvora. Soy el dueño de la lista negra, y hoy, después de casi dos décadas, volvía a casa para dejar de ser un fugitivo de mis propios recuerdos.
Conducía mi auto disfrutando del aire del día libre cuando lo noté. Un sedán negro me seguía a tres cuadras de distancia, manteniendo una distancia profesional pero persistente. Sonreí para mis adentros, sintiendo una chispa de diversión. "Inútiles", pensé. Me desvié hacia una zona industrial apartada, un punto ciego donde las cámaras de seguridad no eran más que carcasas vacías, y me estacioné con una calma que rayaba en lo insultante.
Bajé del auto, me apoyé en el capó y encendí un cigarrillo, dejando que el humo llenara mis pulmones. Cuatro hombres, altos y con esa musculatura de gimnasio que rara vez sirve en una pelea real, bajaron del sedán. Vestían de negro, con esa arrogancia típica de los matones que creen que el número compensa la falta de talento.
— ¿Eres Park Jimin? — preguntó el que parecía el líder, apartando su chaqueta para dejar ver la culata de una 9mm.
Le di una calada lenta a mi cigarrillo y solté el humo directamente en su dirección, entrecerrando los ojos.
— ¿Qué te importa, imbécil?
— Vas a venir con nosotros ahora mismo — sentenció él, haciendo una seña a sus compañeros —. ¡Agárrenlo, no perdamos más tiempo!
Lanzaron sus manos hacia mí, esperando que un tipo de mi estatura se rindiera por simple intimidación. Pobre gente. No sabían que estaban frente a una máquina de matar refinada. En un parpadeo, el cigarrillo voló de mis labios y mi arma ya estaba fuera de su funda. Tres disparos secos, rítmicos, casi musicales. Tres cuerpos cayeron como sacos de arena, con un agujero perfecto y humeante justo entre las cejas.
El cuarto hombre quedó en el suelo, arrastrándose mientras sus pulmones se llenaban de sangre. Le propiné una patada en las costillas para obligarlo a mirarme a los ojos.
— ¿Quién te mandó? — pregunté con una voz tan fría que pareció congelar el aire a nuestro alrededor.
— No... no te diré... maldito bastardo... — balbuceó, ahogándose.
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𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞
Mystère / ThrillerEl agente del FBI, Park Jimin, persigue a los criminales con implacable determinación, convencido de que deben enfrentar justicia. Pero bajo su fachada de rectitud se esconde un secreto devastador. Su linaje pertenece a una de las familias más peli...
