Capitulo 11: El regreso del Halcon

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Me encontraba en mi oficina con los auriculares puestos, ignorando el caos del precinto. La grabación de la llamada de Félix se repetía en un bucle infinito. Cada entonación, cada pausa... esa voz distorsionada me quemaba los nervios. Era una melodía que ya había escuchado antes, un eco que me perseguía y que necesitaba identificar antes de que me destruyera.

Yoongi llegó y, fiel a su estilo, se sentó a mi lado con una taza de café humeante. Al ver que no reaccionaba, me arrancó un audífono de un tirón.

— ¡Oye, sordo! Te estoy hablando — me espetó con su habitual falta de paciencia.

— Dime, Min. Estoy tratando de ponerle rostro a la voz de esta llamada. Me está carcomiendo el cerebro — respondí, frotándome las sienes.

— Joder, Jimin, tómate un respiro. Llevas pegado a eso desde ayer. ¿No te has puesto a pensar que tal vez estás exagerando? Quizás es solo una voz común y tu paranoia le está poniendo música de suspenso.

— No es paranoia, es instinto — le corregí, mirándolo fijamente —. He escuchado esa voz, Yoongi. Sé que la conozco. Solo necesito que las piezas encajen.

Yoongi se inclinó hacia mí, bajando el tono de voz hasta que fue apenas un susurro.

— ¿Y has considerado la teoría de que sea... él?

— No... — negué con la cabeza, aunque mi pulso se aceleró —. No puede ser Jeon, Yoongi. Sería demasiado retorcido, incluso para esta ciudad.

— Piénsalo. Escucha cómo le ordena a Félix que ni te roce un pelo. Si quisiera verte muerto, ya estarías bajo tierra hace semanas. ¿No te parece mucha coincidencia?

Apreté la mandíbula. La idea de que Red Bunny y el hombre que me hacía ver estrellas en la cama fueran la misma persona era un caos que no estaba listo para gestionar.

— Voy a rezar para que te equivoques. Porque si ese bastardo es Jungkook... tendré que hacer lo que debí hacer en mi cama: meterle una bala entre los ojos.

— Primero compruébalo. Sin pruebas, solo eres un amante despechado con una placa — dijo Yoongi con una sonrisa cínica.

— Lo haré. Tengo un plan. Le tenderé una trampa a Red Bunny, y si Jeon cae en ella, será lo último que haga. Pero antes, necesito que llegue nuestro invitado.

Le recordé a Yoongi que Vincenzo, nuestro hermano de armas en Italia, aterrizaría esa misma tarde. Ya lo tenía todo coordinado con Kai, nuestro jefe corrupto. Le vendí la idea de que Vincenzo era un consultor táctico infalible. Kai, que siempre busca a los mejores perros de guerra para sus propios fines, aceptó sin hacer preguntas.

Pasaron las horas y la tensión en mi pecho era casi física. Vincenzo llegaba a las 6:00 PM. Di órdenes estrictas en la mansión: quería la mejor habitación lista y un banquete digno de la mafia italiana.

— ¿Entonces el "Don" llega a las seis? — preguntó Yoongi en la oficina.

— Aproximadamente. ¿Nos acompañas a la mansión o vas a seguir siendo un aburrido?

— No lo sé... Mañana tenemos turno temprano y no quiero llegar como un zombie. Además, todavía tengo traumas de tus bienvenidas. La última vez bebiste tanto que terminaste apuntándome con tu reglamentaria — se quejó Yoongi.

𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora