— Buenos días.
Saludé al entrar al departamento con una voz gélida que cortó el aire de la oficina como un bisturí. Me dirigí directamente a mi área de trabajo, sintiendo las miradas clavadas en mi nuca. El ambiente estaba cargado de una electricidad estática que hacía que el vello de los brazos se erizara.
Allí estaban ellos: Yongui y Vincenzo a un lado; Félix y Hoseok al otro extremo. La tensión era un muro invisible que nos separaba. Hacía dos días de aquel encuentro fatídico en mi antiguo departamento, y el silencio ya no era una opción. Les debía la verdad, o al menos, la parte de la verdad que no los pusiera en un peligro mortal.
Tomé un sorbo de mi capuchino, sintiendo el calor quemarme la garganta, y me senté con los chicos.
— Debemos hablar — solté, dejando la taza sobre la mesa con un golpe seco.
— Lo sabemos — respondió Vincenzo, cruzándose de brazos —. Pero si no estás seguro de abrir esa caja de Pandora, Jimin, lo entendemos. No tienes que forzarlo.
— Les pedí que me ayudaran a cazar a Red Bunny — dije, mirando a cada uno a los ojos —. Les debo saber por qué no apreté el gatillo cuando tuve la oportunidad.
Se acomodaron en sus asientos, el murmullo de la oficina desapareció para nosotros.
— Jungkook... Jeon Jungkook. Fuimos mejores amigos de niños. Nuestras familias no solo eran cercanas; eran espejos. El negocio de su padre era la mafia, igual que el del mío. Crecimos entre promesas de lealtad y juegos de guerra. Le juré que nunca nos separaríamos, que nos cuidaríamos siempre. Éramos dos niños destinados a heredar imperios, pero el destino tiene un sentido del humor retorcido.
Hice una pausa, sintiendo el nudo en la garganta.
— Nuestros padres fueron asesinados por la misma mano. Mi madre, mi hermano y yo huimos para sobrevivir. La última vez que hablé con él, juramos reencontrarnos. Pero entonces llegó la noticia: Jungkook y su madre habían sido ejecutados. Pasé años buscándolo en secreto, alimentando la esperanza de que su muerte fuera una fachada para protegerse del Ruso. Pero el tiempo pasó, y el silencio me convenció de que estaba bajo tierra.
— ¿Y ahora vuelve convertido en el criminal más cazado del país? —preguntó Yoongi con una mueca de incredulidad.
— Exacto. El hecho de que Red Bunny sea ese niño complica todo. No es solo un mafioso; es el hombre que maneja los hilos de la droga y las armas en medio continente. Y para colmo... —bajé la voz — nos acostamos. Mezclé el placer con el deber de la peor forma posible.
Vincenzo soltó un silbido bajo.
— Si el FBI descubre que el Agente Estrella tiene una historia de sábanas y promesas infantiles con el enemigo público número uno, no solo pierdes la placa, Jimin. Van a escarbar tanto que encontrarán a Kitty Gang enterrada en tu jardín.
— Lo sé. Por eso no puedo matarlo ahora, y tampoco puedo arrestarlo sin que todo mi mundo vuele en pedazos. Mis padres no querrían que nos matáramos entre nosotros, pero Jungkook no se va a quedar quieto. Va a intentar recuperarme, va a intentar sabotearme. Debo estar un paso por delante. Él no sabe que yo soy Kitty Gang, y esa es la única ventaja que me queda.
Tras la explicación, el pacto fue silencioso: vigilancia absoluta y discreción total. Pero yo necesitaba algo más. Necesitaba que este edificio supiera quién mandaba. Me puse en pie y llamé a Félix.
— Reúne a todo el personal en el área central. Ahora.
Minutos después, decenas de oficiales y administrativos estaban frente a mí, murmurando con confusión. Me paré frente a ellos con la autoridad de quien ha nacido para gobernar.
— Buenos días a todos. Supongo que se preguntarán qué hace el oficial Park dándoles un discurso —
comencé, recorriendo la sala con una mirada que hizo que varios bajaran la cabeza —. He estado observándolos. He visto quién trabaja, quién holgazanea y quién esconde secretos. A partir de este momento, todos están bajo mi mando directo. Soy el nuevo jefe y encargado de este departamento.
Los murmullos estallaron como pólvora.
— Todo lo que entre o salga de estas oficinas, cada investigación y cada bala disparada, debe ser autorizado por mí. Si yo no estoy, informarán a estos dos hombres — señalé a Vincenzo y Yoongi, que lucían como dos verdugos a mis costados —. No tolero errores, no acepto quejas y, sobre todo... odio a los traidores. El que no esté de acuerdo con mi liderazgo, la puerta del ascensor está abierta. Pueden irse ahora o atenerse a mis reglas.
El silencio que siguió fue absoluto. Nadie se movió. Había ganado esta ronda. Volví con los chicos, sintiendo una pequeña chispa de triunfo.
— Vaya... qué discurso, Park — se burló Yoongi —. Casi me mojo los pantalones de la impresión.
— No hables mierda, Min. Si Red Bunny ya conoce mi identidad como agente, no tiene sentido seguir fingiendo que soy un subordinado más. Ahora soy el Rey de este tablero, y así es como jugaremos contra el Ruso.
— El plan del Ruso se acerca — dijo Vincenzo, recuperando la seriedad —. No será fácil. El lugar estará infestado de mafiosos y mercenarios. Un solo error y terminaremos en bolsas de plástico.
— Lo sé — asentí, sintiendo el peso de la placa en mi pecho y la oscuridad de mi pasado en el alma —. Asegúrense de tener a los encargados del evento en nuestro bolsillo. El Ruso solo nos dará una oportunidad para atraparlo, y no pienso desperdiciarla por culpa de un fantasma que regresó de entre los muertos.
Me senté frente a mi monitor, pero mis ojos se desviaron a un pequeño paquete que acababan de dejar en mi escritorio sin remitente. Al abrirlo, encontré un pequeño pastelito de arroz... un Mochi.
Apreté los puños hasta que los nudillos se pusieron blancos. Jungkook estaba marcando su territorio dentro de mi propia fortaleza. La guerra no solo era contra el Ruso; la verdadera batalla acababa de empezar en mi propia oficina.
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𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞
FanfictieEl agente del FBI, Park Jimin, persigue a los criminales con implacable determinación, convencido de que deben enfrentar justicia. Pero bajo su fachada de rectitud se esconde un secreto devastador. Su linaje pertenece a una de las familias más peli...
