CAPÍTULO 02

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Un compromiso en espera

Reino Thérgian, año 1611.

La Fortaleza de Redgold se hallaba sumida en el caos y la desolación tras la tragedia ocurrida durante la boda del príncipe Theron y la princesa Marilee. Donde debía reinar la alegría, solo quedaban ecos de gritos y muerte. Cuerpos de guardias e invitados yacían esparcidos por los pasillos y el gran salón, bañados en sangre. El día que debió unir dos casas terminó sellado con traición y masacre.

Cuatro de las cinco familias más poderosas de Thérgian se habían confabulado para derrocar al rey Asier y tomar el control del reino. Solo Lord Maysel, líder de la quinta familia, se opuso. Sabía que si cualquiera de los otros lograba el poder, condenarían al reino a la ruina.

Pero Lord Viktor Dimakris, uno de los cabecillas de la conspiración, estaba decidido a eliminar cualquier obstáculo. Ordenó a su fiel caballero, Sir Breogan, que diera muerte a Lord Maysel y a su hermano menor, Mirko.

El duelo estalló en el corazón del gran salón. Acero contra acero, en medio del eco de la destrucción. Finalmente, la espada de Breogan atravesó el cuerpo de Maysel, acabando con su vida de un solo tajo, pero antes de que su cuerpo cayera al suelo, Mirko, movido por la desesperación, se abalanzó sobre el asesino de su hermano y lo apuñaló por la espalda. Tres hombres heridos, rodeados de muerte, luchaban por sus vidas sobre el mármol ensangrentado.

Entonces apareció Sir Bayron, hermano menor de Breogan. Testigo de la valentía de su sangre, no dudó. Con un movimiento rápido y certero, decapitó a Mirko, cuyo cuerpo cayó junto a lo de su hermano.

Los miembros de las familias presentes quedaron paralizados. La escena, tan brutal como definitiva, les reveló el rostro desnudo del poder: sangre, acero y decisión, pero en Sir Bayron vieron algo más. Vieron liderazgo. Vieron la voluntad de hierro que se necesita para imponerse cuando el mundo se desmorona.

En un arrebato, las familias acordaron nombrarlo nuevo rey de Thérgian, aunque había dudas y recelos, entendían que necesitaban a alguien como él: implacable, fuerte, resuelto. No un noble de sangre, sino un hombre de acción.

Bayron aceptó con solemnidad. Juró ante los dioses y los testigos guiar al reino por un nuevo sendero de paz y prosperidad, pero en lo más hondo de su ser, sabía que aquel juramento estaba teñido de sangre. Que su reinado no sería fácil. Que las sombras del pasado caminarían junto a él, recordándole cada día el precio de la corona.

La Fortaleza de Redgold permanecía en silencio, testigo mudo de la tragedia que acababa de tener lugar en su interior. Las paredes de piedra parecían susurrar historias de traición y sangre, mientras el nuevo rey se preparaba para enfrentar un futuro incierto y lleno de peligros.

Ciudad de Wolfein – Reino Thérgian.
Junio 19, 1621.

Conocida como la capital del reino carmesí y considerada la ciudad más pintoresca de Thérgian, Wolfein respiraba una calma engañosa. Sus ciudadanos, ajenos al trasfondo de su historia reciente, se ocupaban de sus tareas rutinarias bajo el sol templado de junio.

No todos en el Reino Thérgian vivían complacidos. Hacía nueve años, un golpe de Estado había sacudido los cimientos del reino. El clan Ackerley usurpó el trono y proclamó a Bayron Ackerley como nuevo monarca.

Ciertas cosas habían mejorado: la comida llegaba a todas las mesas y el crimen era castigado con severidad, pero para muchos, eso no bastaba. No era justicia lo que deseaban, sino libertad y en algunos casos, venganza.

Un claro ejemplo era Mabel Eadem, una joven de 21 años que caminaba por la plaza central junto a su inseparable amiga Juliette, buscando frutas frescas para los pasteles que horneaba su madre.

LOS CIEN DÍAS DE LA PRINCESA ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora