Cap. ✶ 1

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Satoru siempre amó el clima de la ciudad, siempre se mantenía húmedo y frío, por las tardes solía llover hasta que oscureciera y por la noche las calles estaban mojadas y frescas.

Las clases siempre solían ser interesantes, disfrutaba las prácticas que realizaban, pero por más interesante que fueran, él se la pasaba toda la clase esperando por salir y cruzar al edificio de humanidades a buscar a Suguru y contarle lo raro que era el profesor de anatomía humana y lo que había aprendido ese día.

A Suguru tampoco le molestaba, él también solía compartirle nuevas palabras francesas y extrañamente elegantes que aprendía en clase.

Por la noche los dos regresaban a la pensión en la que vivían, se sentaban en el piso a terminar sus tareas, Satoru le divertía escuchar a Suguru hablar francés y pronunciar aún más de lo normal la "r".

—La femme achète une pomme —pronunció Suguru con mediana dificultad, haciendo una mueca cuando Satoru soltó una risa— No es tan divertido, baboso —se quejó, bufando.

—Lo sé, pero me divierte aún así—respondió entre risas, volviendo a centrar su atención en el libro.

—Mejor háblame de cómo sigues en tu carrera, porque según tengo entendido, a tu mamá no le hace nada de gracia que saques 6 en anatomía—dijo Suguru, contraatacando.

Satoru lo observó con una cara de indignación, rodando los ojos antes de alzar el dedo de en medio en dirección hacía él.

—Jodete, al menos yo no babeo cuando veo a mis maestros—dijo Satoru con una sonrisa orgullosa.

Suguru abrió su boca con sorpresa e indignación, tomando un cojín tirado para lanzarlo a su rostro y golpearlo varias veces. Satoru no se quedó atrás y tomó uno también para devolverle los golpes entre carcajadas.

—Por supuesto que no, si tus maestros son todos unos viejos— alegó Suguru.

Satoru nunca había notado lo afilados que eran los ojos de Suguru, y lo fina que tenía la nariz, tampoco que sus labios estaban bien delineados y algo grandes, hasta que lo tuvo muy cerca de su propio rostro, sin embargo no tuvo el suficiente tiempo de observarlo a detalle porque la mano de Suguru golpeó su cabeza.

Obviamente Satoru le devolvió el golpe.

Los dos observaron la puerta abrirse, Nanami estaba detrás con una mueca de superioridad, observándolos desde arriba junto a Shoko, quien como era costumbre, sostenía un cigarrillo entre sus labios. No pasaron más de dos segundos antes de que Shoko soltara una carcajada y se lanzara sobre ellos en el piso, las quejas de los chicos no faltaron y ahora todo se había convertido en una pelea de almohadas. Nanami se mantenía parado en la esquina de la habitación observando la escena con su típico semblante de seriedad, soltó un bufido antes de caminar hasta una de las dos camas y sentarse a observar su teléfono, sin prestar atención a la guerra de almohadas que estaba sucediendo en el piso.

Necesitaron dos minutos para que la pelea cesara entre risas y quejidos de parte de Satoru, alegando que Shoko era demasiado pesada.

—Pesada tu abuela, pedazo de cabrón —se defendió Shoko, apagando su cigarro contra el suelo.

Desde que Shoko descubrió el insulto "tu abuela" no deja escapar una oportunidad para usarlo.

Satoru chilló de manera aguda, fingiendo llanto, aferrándose con fuerza a Suguru, quien reía ante la actitud de Satoru.

—Suguru, ¿la escuchaste verdad? Se metió con mi pobre abuela, pégale Suguru, pégale—se quejó Satoru, sacudiendo de sobremanera al contrario, quien solo reía.

Suguru aveces le seguía el juego, abrazándolo devuelta, cómo protegiéndolo de la chica de cabello castaño.

Shoko le sacó la lengua de manera burlona, levantandose para saltar a la otra cama y tomar un dulce que se encontraba tirado entre las sábanas.

—Shoko, tenemos que volver, Haibara necesita nuestra ayuda para terminar su maqueta de arquitectura—murmuró Nanami hacía la chica, sin despegar la vista de su teléfono.

Shoko bufó, asintiendo a regañadientes, se despidió de los dos antes de salir por la puerta junto a Nanami. Ellos eran algunos años mayores que Satoru y Suguru, entonces resultaban estar más ocupados, pero no les impedía pasar tiempo junto con ellos y divertirse un rato.

Satoru se separó de Suguru para continuar leyendo su libro, escuchando al peli negro pronunciar una y otra vez las palabras hasta estar satisfecho con su pronunciación, la familia de Suguru por parte de su madre era francesa, entonces el chico siempre quiso aprender por completo el idioma para poder realizar trabajos de traductor, a Suguru le encantaba su carrera, mientras que a Satoru le daba lo mismo, toda su familia estaba en el sector de salud y lo obligaron a seguir sus pasos para mantener su apellido famoso en hospitales.

Últimamente Satoru se sentía presionado, pues había comenzado a ver a Suguru por más tiempo de lo normal, aveces su amigo se reía de él porque parecía que se quedaba embobado observándolo y lo llamaba tonto, pero no sucedía más que eso y a Satoru le frustraba cada que el otro le hablaba de una persona que le llamaba la atención, sentía impotencia y algo de envidia, y se preguntaba si también hablaba de él con sus otros amigos, o si se expresaba de la misma manera.

Satoru siempre fue celoso y algo posesivo, pero no lo podían culpar, Suguru ha sido su único mejor amigo en toda su vida, y no lo cambiaría por nada ni mucho menos dejaría que esos sentimientos de celos los separaran su amistad o la destruyeran.

Su vida estaba bien así, sin preocupaciones ni problemas, con Nanami regañándolos cada que podía y con Shoko fumando como un viejo anticuado de setenta años.

En cuanto a Suguru, trataría de no dejarse llevar por sus celos, sabía que no le importaban mucho pues su amigo sabía la importancia que tenía su existencia para Satoru, y nunca le molesto esa actitud, después de todo eran mejores amigos.

Y así estaban bien, perfectos.

Satoru no lo arruinaría por unos estupidos sentimientos, ¿verdad?

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La Esquina de la Calle 8 • SatosuguDonde viven las historias. Descúbrelo ahora