𓆸Shoko conocía a Satoru, y sabía que algo andaba mal en él; sabía que de por si el chico ya era distraído pero últimamente había estado completamente fuera de sí. Tal vez no de una mala manera pero, algo no estaba del todo correcto en la manera en la que miraba a un punto fijo por varios minutos prolongados.
Claro que, Shoko no hablaría con él pues sabía que no era tan fácil para este expresar sus sentimientos, mucho menos a Shoko, quizás le podría decir a Suguru, pero no era nada seguro si lo hacía.
—¿En qué tanto piensas, Satoru? —preguntó Suguru a la otra esquina de la cama, observándolo con la ceja alzada—
Satoru hizo una mueca y desvió la mirada a otro lugar.
—Nada en específico.—Respondió algo seco, rascando su oreja distraídamente—
Suguru suspiro, acercándose a él para golpear levemente su cabeza como lo hacia de costumbre cuando algo que decía el contrario le molestaba o simplemente no quedaba satisfecho con la respuesta que recibía.
—Anda, dime.
Insistió el peli negro, observándolo curioso, tratando de tener su mirada sobre él en un intento fallido.
—Estaba pensando en mis sentimi...—su oración fue cortada por el sonido de la madera gastada de la puerta al abrirse, dejando ver a Nanami y Haibara detrás del marco.
Satoru solo solto un suspiro, volviendo a clavar su vista sobre la pared más lisa y anticuada del cuarto, volviendo a perderse en sus sentimientos mientras los demás charlaban.
Suguru no lo paso por alto, Shoko ya le había mencionado esto pero fue hasta este momento en el que Suguru noto que la chica tenía razón, y le preocupaba.
Aunque nunca lo admitiría.
El día continuó como normalmente lo habría hecho, pero a Suguru le ocasionaba mucho ruido ver a su mejor amigo de esa manera. Hasta que entró la noche tuvo la oportunidad de hablar con él.
—No terminaste de decirme en que pensabas—recordó desde el otro extremo de la cama.
—Pensé que lo habías olvidado—musitó Satoru con una mueca indistinguible por la oscuridad de la habitación.
Suguru negó.
—Entiendo si tal vez te incomoda decírmelo pero me preocupa mucho tu cambio de humor—dijo este, girando su cuerpo para ver a Satoru desde su cama.
—Alguna vez has tenido sentimientos por un amigo tuyo? —soltó Satoru.
El entrecejo de Suguru se frunció con confusión mientras ladeaba la cabeza.
—Estás enamorado de una chica?
Satoru asintió dudoso.
—No precisamente, pero si, algo así —confesó en un susurro.
Suguru lo pensó antes de darle una respuesta, no era un gran experto en los temas del amor pues nunca había tenido pareja, le resultaban atractivas algunas celebridades pero su gusto no iba más allá de aquello, por lo tanto le asustaba darle un consejo erróneo.
—Ella siente lo mismo que tú? —preguntó finalmente.
—No lo sé, eso es lo que me carcome el cerebro—bufó, rascando su mejilla. —Y...no es precisamente mujer.
La boca de Suguru se abrió con sorpresa, formando una "o".
—Oh.
Satoru tapo su cara entre las almohadas, con miedo por la respuesta que le pudiera dar, sobretodo si era negativa.
—Nunca te juzgaría por algo así, simplemente no lo esperaba —dijo el peli negro después de unos segundos de silencio entre risas nerviosas.
El pecho de Satoru se relajó y el nudo atorado en su garganta se deshizo, volviendo a girar su rostro para verlo nuevamente.
—Lo siento por no decírtelo.
—Está bien, Toru, pero, ¿quién es? —preguntó dudoso, no creía que era Nanami ni Haibara, uno era demasiado serio para Satoru y el otro demasiado entusiasta, tampoco sería alguno de sus maestros pues ellos eran viejos, entonces, ¿quién era?
Ahora la duda carcomía el cerebro de Suguru.
—No estoy seguro de poder decirlo.
Suguru penso en él mismo, pero esa idea se fue rápidamente de su cabeza. Él era muy aburrido para Satoru y este siempre lo molestaba con demás chicas, alguien tan brillante como su mejor amigo jamás se fijaría en alguien como él.
¿Cierto?
Suguru asintio respetando su decisión, apretó sus labios en una mueca incómoda, su estómago se le revolvía al pensar en su amigo con otra persona. No estaba celoso, claro que no, solamente era...raro, sí, raro.
—Está bien, se lo confesarás algún dia? —pregunto con duda.
—No lo sé, me aterra. —confesó.
Suguru volvió a asentir, no tenía otra cosa que decir.
Los dos se despidieron y desearon buena noche entre susurros torpes antes de cerrar sus ojos para intentar dormir.
No obstante, ninguno de ellos lo hizo, Suguru pensaba en quien podría ser esa persona, convenciéndose de que no estaba celoso porque una persona le estaba quitando la atención de su mejor amigo, y Satoru pensando en como decirle que era él, que estaba enamorado de Suguru.
Le aterraba la idea de arruinar su amistad y quedarse solo por el resto de su vida con miles de gatos y con ningún amigo, tenia miedo de arrepentirse porque él nunca se arrepentía de sus actos, pero Suguru le paraba el corazón y le ponía los pelos de punta.
Satoru estaba enojado.
No le gustaba nada el sentimiento de enamorarse, de no poder hablar correctamente cuando el chico le mencionaba la mínima cosa, el sentimiento de su corazón congelarse cada que lo veía sin poder controlarlo, el constante miedo de ser obvio o ser descubierto, simplemente no podía vivir con aquello.
Satoru odiaba estar enamorado.
Odiaba estar enamorado de su mejor y único amigo.
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La Esquina de la Calle 8 • Satosugu
Romance¿No te parece un poco anticuado que con 18 años de edad, un viernes por la noche, este escribiendo reseñas de comedias románticas Francesas? Es una total basura... Satoru y Suguru jamás fueron iguales, no obstante estaban pegados el uno al otro com...