CARMEN
Guillermo me cae bien. Me hace reír, algo que últimamente me estaba costando un poco. Además, no he conocido nunca a un ciego y siento una curiosidad desmedida y eso, teniendo en cuenta que soy curiosa por naturaleza, es preocupante.
—Vale, ahora te toca a ti hacer las tres preguntas, pero como aún me quedan muchas más en el tintero, me dejas tu número de teléfono y otro día continúo —me atrevo a decirle con un poco de coquetería.
—¿Estás segura de eso? Tener esta información te da poder y es mucha la responsabilidad —me responde y, por primera vez desde que me senté con él en la mesa, no hay ni un ápice de diversión en su rostro o su voz.
—Sí, me arriesgaré —le contesto muy segura de mí misma.
Cuando saco el móvil del bolso, me doy cuenta de que tengo siete llamadas perdidas de mi jefe y un mensaje que pone que vaya urgentemente a cumplir con mi trabajo. Por supuesto que no le hago caso.
Yo no tengo derecho a vacaciones ni a paro porque no estaba contratada. Tampoco tengo mucho dinero ahorrado, pero me tendré que apañar con la beca y buscar un trabajo urgentemente. Es verano, el momento ideal para que gane dinero un estudiante.
En cuanto guardo el número de Guillermo, meto el teléfono en el bolso, dejándolo en silencio. No me apetece nada escuchar las llamadas insistentes de mi jefe y su mujer, sobre todo después de que ella se empeñara en que me fuera y no volviese porque era una buscona.
—¿Qué haces cuando no estás preparando sushi? —es la primera pregunta de Guillermo y me arrepiento de no haberla hecho yo misma con anterioridad.
—Partiendo de que no seguiré trabajando en el restaurante, en invierno asisto a clases en la Facultad de Farmacia; estoy en cuarto. Suelo salir por ahí con mis dos compañeras de piso, visito a mi familia, me pierdo en la playa con mi moto, aunque no muy a menudo, salgo a correr por las mañanas y, como a todo el mundo, me gusta leer y escuchar música —le digo, intentando parecer interesante.
—Pensé que ibas a decirme que montas a caballo o que juegas a balonmano —me sorprende con su comentario.
—Hasta hace tres años practicaba karate, pero lo dejé en cuanto me mudé a Granada. Por eso salgo a correr, quiero mantenerme en forma —le explico.
—A mí también me gusta hacer deporte, aunque no salgo a correr por ahí, pero lo hago en una cinta. Sin embargo, lo que más me gusta es nadar.
—¿Nadar? ¿Y cómo sabes por dónde vas? —pregunto antes de reflexionar lo que estoy diciendo.
—La mayoría de las personas cierran los ojos cuando nadan. ¿Cuál es tu libro o libros favoritos? —vuelve a sorprenderme con la pregunta.
—Definitivamente, Mujercitas de Louisa May Alcott. No importa las veces que lo vuelva a leer, siempre me cautiva igual que cuando era una niña —me emociono al recordar el libro.
—Solo me queda una pregunta, así que tengo que meditarla mucho —me dice y, por lo poco que lo conozco, sé que me está tomando el pelo.
—Hasta ahora lo has hecho muy bien y tengo que reconocer, aunque me fastidie, que mucho mejor que yo —me sincero.
—No era muy difícil —se burla de mí.
—Oye, tú tenías ventaja porque sabías que trabajaba en un restaurante —le recuerdo haciéndome la ofendida.
—¿Te gusta la pizza?
—¡Qué! —exclamo sorprendida.
—Mi tercera y última pregunta.
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¡VOY CIEGO! - TERMINADO
RomanceElla llama la atención a simple vista y él... A él no le afecta porque va ciego, pero no de ginebra; es invidente. ¿Amor a primera vista? Intuís mal. Carmen está aburrida de los chicos que intentan salir con ella como si fuese un trofeo, hasta que c...
