CAPÍTULO TRECE - SIN IMPORTARTE QUIÉN

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CARMEN

En cuanto termina mi turno, me cambio de ropa y me acerco a la mesa en la que están sentados Guillermo y Éric, riéndose igual que si en este mundo no hubiese problemas ni preocupaciones.

No puedo evitar preguntarme cómo puede ser tan feliz. Yo estoy cada vez más agobiada por el hecho de que se supone que no debemos estar juntos, de la misma forma que mis ganas de estar con él aumentan cada día más.

Me siento sin decir nada frente a Guillermo, al lado de Éric. No vaya a ser que el del oído supersónico me escuche, aunque por supuesto que lo hace.

—Tito se va a desilusionar mucho cuando se dé cuenta de que te has sentado en su sitio —me advierte Guillermo con una sonrisa de niño ruin.

—¿Y tú no? —lo confronta Éric.

—Yo más. ¿Por qué no te sientas conmigo? ¿Tan mal lo pasaste anoche? —me pregunta, dejándome descolocada completamente.

—No sabía que existía un orden establecido para sentarnos —le respondo a la defensiva.

—No, pero supuse que prefieres sentarte a mi lado. Yo lo hago —me contesta sin un ápice de duda.

No le contesto, solo me siento a su lado y él me toma la mano debajo de la mesa desde que se da cuenta de que me he cambiado de asiento.

—Te he echado de menos —se atreve a susurrarme al oído, aunque estoy segura de que Éric lo puede escuchar.

—He cambiado mi turno y soy tuyo hasta las once y media de la noche —nos interrumpe un Tito sin aliento, posiblemente porque ha venido corriendo desde que Éric le avisó que cenarían en la hamburguesería.

—¿Qué haces trabajando un martes? —le pregunta Éric, después de que Tito nos dé un beso en la mejilla a Guillermo y a mí sin perder un segundo de su tiempo y luego un pico a Éric.

—El jefe pensó que sería buena idea abrir estos últimos días de agosto durante toda la semana y la verdad es que ayer fue todo un llenazo, ¿verdad, Guille?

—Sabes que no lo pude ver bien, eso mejor se lo preguntas a Carmen —dice Guillermo, aprovechando para pasarme un brazo por encima de mis hombros.

Yo he tenido que poner cara de no entender nada, porque Éric me mira, sonriéndome, y se encoge de hombros.

—¿Cenamos rápido y damos una vuelta antes de que empiece a trabajar? —le pregunta Tito a su medio novio.

—Claro, así le damos un poco de privacidad a la pareja —le responde Éric.

—No necesitamos privacidad —les respondo, avergonzada.

—¿Ah no? ¿Y os vais a besar en público? —pregunta Éric, levantando una ceja.

Nunca imaginé que Guillermo fuese tan lanzado y, para la sorpresa de todos, no espera a que yo diga algo al respecto, sino que me levanta la barbilla y me besa.

No es un simple beso. No sé si lo hace para fastidiar a su primo o porque tiene tantas ganas de esto como yo, pero me come la boca sin importarle su primo, su novio, mi jefe o quien quiera que esté mirando.

Le dejo hacer, porque no seré yo la que le niegue un beso después de lo que me ha costado llegar hasta donde estamos en este momento, aunque no sé realmente a dónde demonios nos está llevando todo lo que ha sucedido en los últimos días.

—Oye, no nos des envidia a los demás. Ya anoche nos dejaste a todos con la boca abierta —nos interrumpe Tito.

—¿Anoche? —se interesa Éric.

¡VOY CIEGO! - TERMINADOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora