CARMEN
Guillermo ha cumplido su promesa y no nos hemos visto desde la fiesta de Fin de Año, en la que me lo pasé tan bien, que a veces la recuerdo soñando despierta.
Era cierto que la fiesta era muy elegante, aunque la mayoría de los invitados eran menores de treinta años. Por lo que me contó Éric, los mayores estaban en otra fiesta mucho más divertida. No sé si era verdad, pero a la que asistimos fue perfecta para mí.
Los invitados eran un poco estirados, pero Tania, que había venido especialmente para celebrar las fiestas navideñas con su familia, su novia, Éric y Guillermo, lo compensaron con creces. Me reí tanto, que acabé con agujetas en el estómago.
Imagino que hubiese dado igual a qué fiesta hubiésemos ido. Nos lo hubiésemos pasado genial de todas formas.
Cuando entramos al hotel, sus primos y la novia de Tania nos estaban esperando y obligaron a Guillermo a aceptar una copa de cava. Cuando iba por la tercera copa, no me quitaba las manos de encima.
Yo también me bebí algunas copas, pero supongo que estoy más acostumbrada a tomar alcohol y no me afectó tanto. Sin embargo, tengo que admitir que me encanta Guillermo, aunque el Guillermo achispado me vuelve loca.
Con todo, cuando me llevó en taxi a casa a las siete de la mañana y se despidió con un simple beso en la mejilla, después de haberme besado en la boca durante toda la noche sin importarle quiénes estuviesen a nuestro lado, me supo a poco.
Al menos, aunque no pueda apreciarlas, he podido enviarle las fotos de la luna de miel en París de los recién casados porque, tal y como me prometió en la fiesta, el primer día del año desbloqueó por fin su teléfono.
Tengo que admitir que el hotel donde mi ex se quedó esa semana es lujo puro.
—Sigues escuchando esa música romanticona. No creo que Alejandro Sanz y su soledad te vayan a alegrar la vida, Carmen. Deberías escuchar algo más animado —me echa en cara Concha, cuando entra en la cocina donde estoy desayunando.
—Es mi primer día de clases después de las vacaciones, déjame regodearme en mi desgracia —dramatizo.
—¿No has sabido nada de él?
—No, pero he quedado esta tarde con Éric y seguro que me pone al día —le respondo ilusionada.
—En menudo culebrón te has metido, Carmen —dice mi compañera, antes de suspirar como si se le fuese la vida en ello.
***
Para ser el primer día de clase, los compañeros están demasiado decaídos; hasta a Ruth parece que se le han gastado las pilas.
—¿Por qué estás tan contenta? ¿Alguna novedad con tu caballero? —me pregunta mi amiga, que a estas alturas ya conoce toda la historia de mi desastrosa vida sentimental.
—Nada, pero era de esperar. Cuando le pregunté, me dijo que no volveríamos a vernos. A ti, ¿cómo te ha ido con Carlos? —le pregunto tratando de cambiar el tema.
—Este es todo lo contrario, un egoísta. Está planeando irse a trabajar a Holanda entre marzo y junio a recolectar espárragos y está empeñado en que lo acompañe —me cuenta con voz cansina.
—¿No sabe que estarás en clases y examinándote?
—Considera que esas tonterías las puedo hacer el año que viene, pero que este año deberíamos ir los dos porque no sabe si el año que viene podrá o tendrá un trabajo fijo que no le permitirá ir.
—Es el argumento más pobre que he oído nunca para atrasar el acabar una carrera universitaria —me preocupo.
—Eso he pensado yo y le he dicho que conmigo no cuente. Se ha enfadado y me ha llamado niñata consentida y egoísta. Imagino que en unos días me volverá a llamar, cuando se le pase.
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¡VOY CIEGO! - TERMINADO
RomanceElla llama la atención a simple vista y él... A él no le afecta porque va ciego, pero no de ginebra; es invidente. ¿Amor a primera vista? Intuís mal. Carmen está aburrida de los chicos que intentan salir con ella como si fuese un trofeo, hasta que c...
