24. En la pista de baile

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🐼: Lover - Taylor Swift

— Max, no creo que esto sea buena idea —susurré intentando ser un peso muerto, pero a él pareció no importarle.

Max seguía riendo continuando con sus leves empujoncitos sobre mi espalda mientras entrábamos a la empresa. Pasamos por el área de seguridad hasta el elevador.

— No debería estar aquí.

— ¿Por qué no?

— Por muchas razones —me apoyé en el pequeño barandal cruzándome de brazos—. No trabajo aquí, no tengo carnet de visitante y tercero, no soy empresaria como para justificar mi presencia aquí.

— Pero yo sí trabajo aquí, por ende eres mi invitada.

— ¿Psicología inversa? ¿En serio?

Pasó una mano por su cuello crespo y suspiró. Va vestido de traje, supongo que atendió algún evento o una reunión antes de pasar por la residencia para secuestrarme, prácticamente. Se supone que íbamos por un regalo para Robin, esta no era mi idea de regalo.

— ¿Lo del regalo era falso?

— Para nada —la puerta se abrió—. Ya lo compré —puse los ojos en blanco—. Andando.

Recuerdo los pasillos a pesar de que solo estuve una sola vez. Espero no acabar en la piscina. El pelirrojo me lanzó una mirada pícara. Claro, se cuentan todo. Varias personas me lanzaron miradas confusas al verme con Max mientras que a él lo saludaban y le consultaban cosas que realmente no comprendía. Me limité a bajar la cabeza.

— Volviste.

— Así es.

— ¿Cómo fue todo? —wao, que sandalias tan lindas. De seguro cuestan una anualidad de un colegio privado.

— Nada nuevo.

— La próxima iré yo.

— Mejor que sea así —suspiró—. O le pediré a ti y a Dylan un bono de varias cifras.

Tiene los pies hermosos y un pedicure perfecto. Ya entiendo el fetiche de pies.

— ¿Quién es?

El pecoso pasó su brazo alrededor de mi hombro sacándome de mis pensamientos. Levanté la cabeza para verla. Es una chica de ojos grandes, pero con rasgos levemente asiáticos, una nariz pequeña y labios delicados y delgados. Su cabello era extremadamente largo y muy oscuro con ciertas ondas en las puntas. Cuando nuestros ojos se encontraron, me sonrió con sus perfectos dientes blancos y alineados.

— Ella es Camila —respondió muy feliz—. De la J. Marine.

— Oh, mucha gente importante.

— Así es.

— Soy Aisha Smith.

— ¿Smith? —murmuré y mis ojos viajaron a una placa en la puerta de donde salió la chica.

— Sí, es mi padre —comentó con una risita.

— Aisha y Dylan serán los próximos presidentes de la empresa.

Puedes estar con los dos, una relación abierta o poliamorosa.

Meneé la cabeza ante tales pensamientos. ¿Por qué Dylan nunca la mencionó?

Quizá para que no te enamorases de ella.

Que raro, ¿debería preguntarle? Aisha no es una persona que ha salido de repente. Nos conocemos desde hace bastante. El celular de Aisha empezó a sonar y se excusó. Con solo ver su caminar, supe que era una mujer completamente segura de sí misma.

Aviones de PapelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora