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Se tardo más de lo que esperó en completar el aseo y eso era por que no quería hablar con él menor, hacían una conversación muy forzada.

Max, por su parte, jugaba con la caja de pastillas mientras que seguía con la bolsa de hielo ya un poco derretido y que le estaba mojando el cabello.

Estaba agradecido de que no le hubiera tocado una mala persona, se veía bastante joven.

No había hecho nada que levantara sus sospechas, por lo que podía ver estaba enfrascado en la limpieza del baño.

El ruido de una campana le hizo voltear, viendo a una mujer que entró y fue directamente a la zona de comida rápida.

Sergio al haber escuchado, se removió los guantes y se lavó las manos antes de salir.

-Si quieres cámbiate detrás del mostrador.

Max se levantó rápidamente, tomo el banquillo y lo puso cerca de la esquina.

-Buenas tardes, ¿sería todo?-Pregunto el latino a la mujer que se acercaba. Llevaba un té helado y unas galletas.

-Si, aunque también quiero poner gasolina, 30 euros.

Max no entendía en lo absoluto lo que decían, no se parecía al inglés ni al neerlandés, aun así estuvo atento.

-Surtidor 2.

La fémina le entregó un billete y el chico lindo le regreso el cambio.

-¿Ves que si trabajo aquí?-Habia sentido la mirada del menor por un buen rato y cuando volteó lo encontró mirando al otro lado, sonrojado.

-Ya me di cuenta.

-Creo que ya puedes quitarte la bolsa de hielo.

"Gracias al cielo," ya le dolía la mano. Por el frío, la gaza había quedado pegada en su cabello por lo que la removió con cuidado.Le mostró que había un tacho de basura a su costado para que la tirara.

-¿Sabes cuando va a regresar? Tu padre.

-No creo que lo haga.-Su voz fue decayendo.-Estaba muy enojado; lo tenía merecido.

-No, no te lo mereces. Nadie se merece esto.-Se exaltó aunque al final no era su problema hasta que se le pasó algo por la cabeza.-¿No quieres llamar a alguien más? A tu madre o...

-No se su número.

Hizo una mueca.-Entonces te vas a quedar aquí.

-No puedo.

-Tienes que, no hay opción. Ya está lloviendo.

Efectivamente estaba lloviendo y mucho. No se enteró en que momento.

-No te quieres mojar, estarás a salvo aquí.-Le dio su palabra.

Las manecillas del reloj indicaban las cuatro de la tarde y su estómago gruñó, intentó inclinarse adelante para que no se escuchara, ocasionando una risa en el joven llamado Sergio.

-¿Tienes hambre?

-Un poco.-Sus mejillas se calentaron al volver a escuchar rugir su estómago.

-Toma algo de la tienda, lo que gustes.

-¿S-seguro?

-Claro leoncito.-Se había acostumbrado a ser llamado así, por mucho que se quejara, las pocas veces lo que había llamado así si le gustaba.

Finding YouDonde viven las historias. Descúbrelo ahora