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-¡Max Verstappen es campeón del mundo por primera vez!—Gritaron por todos los parlantes del circuito.

La champaña cayó en su cara por parte de Sainz. Sonrió y vertió igualmente contra el español. Lewis no se había presentado al podio, lo entendía, había perdido su octavo campeonato.

Aquella noche en Abu Dhabi fue histórica para el piloto neerlandés, lleno de adrenalina casi cometía el error de besar su pulsera, la cual intentó esconder dentro de su ignífugo, pautas de Charles, podría llevarla pero no más. En cambio, tomó el trofeo y lo alzo a los aires con fiereza, contento de haberlo logrado y muy detrás de su cabeza, esperando que Sergio estuviese orgulloso de él.

Sus ojos pasaron por todo el público, con esperanza escondida de ver esa mirada chocolate con tintes verdosos viéndole, sintiendo una presión en el pecho al no encontrarlos entre la multitud.

"Jamás lo volverás a ver," se había dicho a si mismo desde lo sucedido con Charles pero esa esperanza escondida aún seguía, aferrado a volverlo a encontrar en algún momento. Era un grillete que se negaba a romper y él podía estar muy bien con eso, su mente era algo que Leclerc jamás podría amasar a su antojo.

Ahora, con 23 años se coronaba como el primer campeón del mundo neerlandés de la historia y bajo los reflectores, el primer campeón mundial homosexual -públicamente por lo menos,-y con una relación con alguien de la parrilla.

Bajó del podio para saludar a su familia, su madre y hermana le dieron un beso en las mejillas y solo recibió un abrazo por parte de Jos-lo que sabía que era suficiente-, y Christian que se abalanzó contra él.

Todo esto mientras sus ojos seguían escaneando a la gente detrás de ellos.

Se soltó del británico y salió corriendo hacia el motor home con rapidez para irse a duchar. No quería encontrarse con Leclerc, arruinaría su humor. Dejó el trofeo en la mesa y se deshizo de su traje para entrar a la bañera y comenzar a limpiarse.

Salió para tomar su toalla y camino en dirección a su valija donde tenía un par de vestimentas, todas siendo remeras de Red Bull Racing.

Se estaba poniendo las zapatillas cuando escucho a alguien entrar.

—Dani.

—Hola Max, felicidades.—Después de arreglar sus diferencias, el australiano había vuelto a la escudería, ahora con los pies en el lugar de segundo piloto.

—Gracias.

-¿A dónde vas?

—A ningún lado solo no quiero ver a Charles. Me pienso escapar.-Añadió bromista.

-¿Problemas?

Tarareo.—Desde siempre.

—No me puedo explicar cómo es que terminaste con él, antes de que me fuera a McLaren tu renegabas de él, lo odiabas.—Se burló.

-Las cosas cambian.

—No te veo feliz. En realidad nadie lo hace.-Aclaró, con su dedo índice apuntándolo acusador.—Leclerc es completamente obsesivo, solamente porque no se le permite entrar aquí no está. Controlador.

—Ni que lo digas.

-¿Y aún así estás con él? El mosquito del amor sí que pincha fuerte.

—Son cosas que no puedo controlar.-El australiano quedó pasmado sin saber que responder.

-¿De verdad?

—Sí.

-Ah, ehm...-Le golpeó el hombro y salió del cuarto.—Igual, si te quieres unir y joder un poco a Lewis.

Finding YouDonde viven las historias. Descúbrelo ahora