Fue el día que más temprano me levanté a pesar de haber dormido poco. No importaba, me echaría otra vez luego, ahora quería subir a desayunar.
El barco no se movía. Claro, hacía ya rato que había entrado en el puerto.
Cuando Bernard me vio, me hizo sentar en una mesa cerca.
"_ Estamos por cerrar, ya es tarde para desayunar. No importa, puedes servirte lo que quieras, pero tienes que apurarte un poco", y estaba en lo cierto, ya guardaban todo y preparaban platos y cubiertos para el almuerzo.
Después de un rato vino y se sentó a mi lado.
Le di mis datos y él los suyos para que nos sigamos mensajeando. Él ya estaba por desembarcar.
"_Pero... ey", y poniendo su mano sobre la mía siguió: "puedes venir con nosotros! El barco se irá esta noche y podemos pasar el día en una playa. Las hay muy bonitas y algunas bastante solitarias", sugirió. No tienes que preocuparte por el regreso, yo te traeré y estarás aquí muy a tiempo!".
Asentí de inmediato. Me había entusiasmado la idea de pasar el día en una playa con Bernard. Me levanté para ir de inmediato a buscar mi mochila e irme con los compañeros del belga.
Me encontré en el camino con Joan.
"_ Adónde va michino tan apurao?" Y me frenó reteniéndome con su brazo.
Le conté agitado mi proyecto de salida.
Me miró sin soltarme el brazo. "_Oye", dijo serio," no creo que sea buena tu idea. Esas playas quedan muy lejos. Además no son muy seguras. Y esta no es una escala para pasear. Es para cargar y descargar mercadería. Y el barco no espera a pasajeros que se pierden". Había severidad en sus palabras, que yo interpreté como de niñero cargoso.
Me desprendí de su garra y corrí a mi camarote para alistarme.
Me reuní con Bernard y sus colegas, ellos con bolsos y valijas pequeñas y yo con mi mochilita, shorts y remera.
A la salida, junto a la rampa para desembarcar me detuvo un oficial.
"_Adónde va caballero..."
"_ Yo... eh... salgo un rato", le dije.
Bernard le explicó y se generó una discusión en que el belga parecía enojarse. Hubo intercambio de palabras y de gestos, que se fueron calmando de a poco.
No hubo caso en seguirlos. Yo no podía abandonar el barco bajo ningún concepto. Era menor y estaba al cuidado de la capitanía de la empresa.
Nos despedimos allí, antes de cruzar a la rampa, dándonos la mano en un adiós muy formal. Miré con tristeza al oficial que me impidió el paso.
"_Son órdenes, sabes, pero no es prudente que salgas. No podremos protegerte fuera del barco", dijo desaliñando con la mano mi largo flequillo. Afirmé mirando el suelo, di media vuelta y regresé a mi camarote. Al menos teníamos nuestros datos para seguir nuestra relación, aunque fuera a distancia.
Supe más tarde que fue Joan quién avisó a los oficiales sobre mi descalabrada idea. Protector el compañero de viaje que me había buscado: lo odié por unos minutos.
Hubo pasajeros que de todas maneras descendían para hacer excursiones, Joan y su amiga Rita entre ellos, lo que aumentó mi sentimiento de injusticia, no tuve otra alternativa que cambiarme y echarme en una colchoneta cerca de la piscina.
No advertí que Annie se aproximaba hasta que estuvo parada delante mío.
"_Muy lindo tu disfraz de ayer", dijo al sentarse en el suelo con mucha gracia.
"_Bueno, no era un disfraz, era una pintarrajeada en mi cuerpo".
"_ Lindo igual, te quedaba bien, tu carita sobre todo."
"_Gracias" le contesté educado.
"_Porqué no estuviste en el baile?", me preguntó.
"_Estuve, pero no me gustaba ese quilombo, y después de un rato me fui a pasear por ahí".
Se rió.
"_A mi tampoco me gustó. Me aburría."
De tanto en tanto echaba una disimulada ojeada al relleno de su bikini. Me atraía pero sobre todo me intimidaba. Qué haría yo en la cama con ella? Tal vez terminaría cogiendo, pero al hacerlo me imaginaría a otra persona, un hombre, o un chico.
Si no tuviera tetas tan grandes me resultaría más atractiva. De todas formas me vendría bien sacarnos selfies, y mostrárselas a mis compañeros del colegio.
"_Porqué tienes el pelo tan largo, casi no se te ven los ojos"?, me preguntó mirándome, como tratando de saber qué ojos tenía.
"_Me gusta así", dije encogiendo los hombros.
"_ Te hace muy niño... o niña".
Volví a encoger mis hombros como para significarle que no me importaba.
Y como me iba resultando algo penosa su presencia me levanté y me tiré al agua. Pero era sobre todo porque me sentía incómodo al no aprovechar la oportunidad de emparejarme con una linda chica, al menos durante el viaje. Iba y venía debajo del agua con la esperanza que ella se fuera o que aparezca un oficial o alguno de los tantos hombres sólos que circulaban, y se entretuviera con ella.
Por suerte apareció Guillo, un niño español que quería también meterse al agua pero no sabía nadar muy bien. Me acerqué y le ofrecí mi ayuda, claro bajo la vigilancia del padre que se había sentado en el borde.
Me había distraído tanto con el chiquillo jugando en el agua que me olvidé de Annie. Cuando volví para tirarme a mi lugar ella ya no estaba. Mejoré mi humor y quedé un buen rato en el borde hablando con el nene y su padre.
Y llegó la hora del almuerzo. Como éramos pocos, había pocas mesas. Apenas me ubiqué en una llegó Annie y se sentó enfrente mío. Le hice cara como que se estaba poniendo un poco pesada.
"_Ya se que me evitás, pero acabo de darme cuenta de que tenés lindos ojos bien negros y quería decírtelo, por qué te los tapás con esa cortina?".
"_ Porque sí ". Y me levanté para llenarme el plato de lo que había en la mesada grande. Hubiera querido preguntarle entonces porqué ella se tapaba las tetas, pero temía las consecuencias.
No fue sin embargo tan grave almorzar con ella, hablamos y quedamos en buenos términos. Pero preferí al terminar seguirlo al Guillo quien me llevó de la mano a la pequeña sala de juegos donde había un metegol.
No nos cansamos de jugar un partido tras otro, era mi especialidad ese juego y me divertía en acribillarlo a pelotazos. Y cuando comenzaba a llorar de frustración le dejaba ganar un partido.
Ya entrada la tarde volvían los pasajeros de sus excursiones. Vi Subir Joan por la rampa con su compañera. Pasó por la sala y se detuvo a mirar cómo maltratábamos al pobre metegol.
Fingí ignorarlo concentrándome en el juego. Al fin Guillo se cansó y fue a la piscina pidiéndome que lo acompañe. Lo seguí pero me retuvo el catalán.
"_Oye, discúlpame por haberte arruinado la salida... pero sabes, no hubiera sido bueno que te pierdas. "
"_Vienes o no?"interrumpió casi llorando Guillo. Le hice señas que ya iba, claro necesitaba alguien que esté con él en la piscina.
"_Está bien, estaba triste al principio, pero entendí... tuviste razón", le dije. "Ah... quería hablarte de algo, pero más tarde, ahora voy con mi amiguito para no dejarlo sólo en la piscina, el papá no está", no podía guardarme lo que pasó con Bernard, tenía que contarle, era el único que me entendería.
Y me fui, siguiendo al nene que me estaba tirando del brazo.
Cuando vi a Joan que se acercaba salí de la piscina. Temblaba de frío de tanto estar en el agua.
"_Bonito el niño con quién juegas, parecen hermanitos: delgados, pelo largo los dos, e igual de traviesos", dijo sonriendo el catalán.
"_Sí, nos hicimos reamigos".
"_Qué querías contarme michino..." Joan se había instalado con un refresco en el borde de la piscina.
Me senté en el suelo a su lado. Le hice señas a Guillo para que salga del agua, que obedeció enseguida.
"_ Que tu compañera no me simpatiza mucho, me mira con una cara... como si fuese un bicho raro."
"_Ey michino, era eso de lo que querías hablarme? podría decirte lo mismo de ese cocinero que estaba siempre contigo, y quería llevarte con él y su grupo fuera del barco no sé adónde, tampoco me simpatizaba, y por suerte se fue. Sabes tenía un poco de miedo por tí".
"_No.. no era de tu compañera que quería hablarte".
"_ Bueno, me imagino entonces que es de esa chica Annie, te gusta verdad?"
Lo miré serio. Cómo podía él estar tan errado?
Negué con la cabeza:
"_Nada que ver. Me porté como un cochino, eso es lo que quería decirte, o mejor, como una putita regalada".
"_Habla bien que no te estoy entendiendo ni pizca. Dime qué es lo que te duele en el alma que estoy aquí para escucharte."
"- Vamos allí donde están los botes salvavidas, porque es secreto". Lo tomé de la mano para que me siga.
Nos sentamos en un banco en ese pasaje donde está la hilera de botes salvavidas.
Le conté lo que hice con Bernard, las dos veces, al principio disfrazando los hechos, pero terminé dándole los detalles que al principio no me atrevía a confesarle, incluso dándole a entender que yo había gozado también.
Guardamos silencio un buen rato.
Joan pareció respirar hondo.
"_Pues...no, no esperaba que me dijeras todo esto....al cocinero si, le veía mucho interés por tí, dime, usó protección el tío?"
"_ No...quieres decir si usó forro? No."
Me mostré avergonzado.
"_Pues...no te culpo por lo que has sentido ni por lo que han hecho. No es una cochinada lo que hicieron ni tú eres una putita regalada como has dicho. Pero sí te culpo por no decirle que use condón, él tendría que saberlo. En el colegio no les enseñaron?
No dije nada. En cambio apoyé mi cabeza sobre su hombro, tratando de dominar los sollozos que estaba por soltar.
Me dió palmadas en la espalda .
"_Ay michino... Has subido al barco para hacer travesuras", dijo con simpatía. Piensa siempre en que tienes que protegerte, más aún si no conoces bien al chabón".
Afirmé con la cabeza siempre apoyada en su hombro.
No quise detenerme.
"_Es que... me preocupa cómo soy, no es normal cómo soy, no?
"_Si, por supuesto que eres bien normal, es la edad que tienes, más las ganas de descubrir adónde tus sentidos te llevan, tus hormonas que despiertan... tu curiosidad. Son un montón de cosas que están pasando por tu cabeza y por tu cuerpo. No hay nada malo que te gusten los hombres siendo varón, entiendes?
Estaba feliz y aliviado con la reacción de Joan. Pero quería ir más lejos, quería preguntarle si no le gustaría conmigo, bueno, no sabría cómo explicarlo, él me atraía y quería decírselo.
"_Joan... yo... no ahora, en cualquier otro momento ... y sólo si quieres".
"_Qué cosa es", adivinaba él ya lo que le iba a pedir.
"_Podemos juntarnos... así como jugando pero un poco en serio... abrazarnos... y más?"
El hombre me atrajo con su brazo.
"_Hijo, yo te quiero mucho, no sabes cuánto. Tengo amor por mis hijos, y es como que tú fueras uno de ellos. Te abrazaría... te besaría en la frente, sí, como a un hijo. Pero sexo no me lo permitiría, por más que a veces me endurezco un poco al contemplarte, pero es por respeto a tu persona, recuerda, eres aún casi un niño."
"_ Pero puedo abrazarte? Nadie viene por aquí".
"_Claro, no hay nada de malo en eso!"
Busqué abrazarlo y él casi me estruja con su fuerza. Quedamos un buen rato así prendidos.
Guillo me buscaba por todas partes. Al verme pegaba saltitos. Quería que vaya con él a la parte trasera del barco para ver cómo zarpaba. Ya había sonado dos veces su potente sirena al soltar las amarras.
Apoyados en la baranda contemplábamos la partida, los muelles que desfilaban uno a uno y que se iban alejando.
Me quedé sólo en el lugar. El papá de Guillo se lo llevó algo enojado ya que no sabía dónde se había metido. Me agradeció que lo haya cuidado.
Seguí un buen rato contemplando las luces que se iban haciendo más pequeñas. Pero mis fantasías seguían atormentándome. Porqué no quería el wey? Que había de malo escondernos en algún rincón y jugar. Tenía tantas ganas de verlo sin nada! En una de esas termino por convencerlo y afloja. Claro, con su hijo no lo haría y yo era como un hijo para él.
Al terminar la cena y hasta tarde a la noche me quedé en la salita de juegos con Guillo. Cansados del metegol nos pusimos s jugar al pool. Hasta que el padre se lo llevó. Me fui de la salita, ya no quedaba nadie.
Me detuve en la cartelera de informaciones pues me llamó la atención un aviso. Al pasar el oficial Ludovico por el lugar le pedí que me explique lo que quería decir. Como siempre muy dispuesto y sin temor por quedar muy cerca mío, con su mal castellano me dió a entender que al día siguiente tendría lugar una visita guiada a los motores y maquinarias, y lugares que los pasajeros no podían tener acceso normalmente. "_ Yo guío y tú vienes sí?"
"Sin falta"! Y se fue sonriendo dándome una palmada en el hombro. Se lo prometí.
Salí al puente. En el horizonte todavía había una debíl línea titilante.
La noche era oscura y acribillada de estrellas. Son importantes, había dicho Bernard, para orientarse.
ESTÁS LEYENDO
El Viaje
Truyện NgắnUn relato del primer viaje que hice solo, cruzando el océano en barco para conocer a mis abuelos. Sin la presión de mi familia, mi personalidad se desarrolló de una manera poco previsible. No hay nada que no sea mío.
