¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Hacía un tiempo atrás habías tomado la decisión de cerrarte al amor. Y estabas tan furiosa con eso, porque al contrario de lo que muchos creían no fue del todo tu decisión, sino que te viste forzada culpa de los hombres que entraron en tu vida hasta ese momento.
Habías prácticamente renunciado al amor después de dos novios y unas siete citas de tinder que implicaron un sofá, una conversación aburrida y sexo asqueroso.
Oscar fue la cita número ocho, pero a él no lo habías conocido por Tinder, sino por sus abuelas que eran amigas de bingo. Ellas dos estaban decididas a hacer que sus nietos favoritos tuvieran mínimo una cita, entonces las "chicas cupido" se pusieron manos a la obra.
Los llevaron a ambos con ellas a un café donde Oscar terminó pidiéndote tu número cuando te dejó en la casa de tu abuela.
Realmente no le tenías mucha fé, lo poco que habías conocido de él no te convencía de que fuera la mejor opción aceptar una cita después de una semana hablando, pero algo te llevó a hacerlo. Y estabas en deuda con ese algo por darte la mejor primera cita en un campo de minigolf, donde apenas recibiste un beso en la mejilla mientras él te abrazaba para ayudarte en tu golpe.
Desde ese día habían salido unas cuantas veces, aunque siempre en planes casuales organizados por él y que terminaban siendo tus mejores días. Ya conocían sus casas, habían tenido sexo, pero todo parecía tan delicado con él que opacaba por mucho a los demás chicos que habías conocido.
Tus amigos te habían advertido sobre no enamorarte tan rápido, menos cuando llevabas tiempo en nada y de pronto recibías tanto amor. Pero fue tarde, porque ya te habías lanzado con Oscar.
Y es que no podías entender como un chico de su edad podía ser tan dulce, mimarte desde el principio y planear las mejores citas mientras que, en el pasado, tú te encargabas de todo.
ㅤ
• · •
ㅤ
Las vacaciones de verano acababan de comenzar, pero todavía estabas abrumado por el trabajo, sentado en reuniones en línea hasta que te dolía la espalda y Oscar mantuvo la distancia por respeto. Tenía toda tu atención durante las noches, cuando iban a dar paseos nocturnos para conseguir papas fritas y batidos, pero notaba como el resto de tu día se agitaba cada vez más y no estaba dispuesto a dejarte sola.
Para ti fue un poco complicado hacerte de un día libre. Mientras que para Oscar lo fue preparar una canasta de picnic, aunque con ayuda de tu abuela pudo más fácil.
Condujo hasta un lugar alejado de la ciudad, donde la tranquilidad abundara y pudieran estar completamente solos. Estaba seguro de que te iba a gustar porque tu misma le habías mostrado un vídeo de eso y él lo había anotado en su teléfono para no olvidarlo, aunque le dio su toque personal que por tu cara se dio cuenta de que te gustaba.