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Charles era de sueño pesado y fue lo que te permitió levantarte antes de que se despertara y no tener el más mínimo inconveniente con hacer ruido, porque sabías que eso no iba a interrumpir su sueño.
Te levantaste no muy temprano en la mañana, alzaste la camisa tu novio que había quedado en el suelo la noche anterior y fue lo único que usaste para bajar a la cocina.
Sabías de memoria lo que tú novio desayunaba y como le gustaba, por lo que hiciste tú mismo la mezcla de los panqueques, con ese ingrediente especial que él amaba, y lo pusiste a cocinar.
Mientras la cafetera hacía su trabajo y tú dabas vuelta los panqueques unas manos se colaron debajo de la camisa, dándote un abrazo por la cintura y depositando un beso en el costado de tu cuello.
— Buenos días, mon bel amour — saludó con la voz ronca a causa de que recién se despertaba.
— Buen día, amor — devolviste el saludo mientras apagabas la cocina.
— ¿Qué hay en el menú de hoy? — preguntó mientras te daba vuelta para poder mirarte.