Ese día, Amarilla te llevé al parque de diversiones. Era domingo y estabas un poco como todos los domingos. Un poco triste, rota, alucinada. Un poco vuelta mierda, con el trasero frío, con las manos oliendo a hojitas secas. Caminamos un rato por el parque de diversiones y vimos los avisos luminosos y cuando pasamos junto al aviso del Señor Árbol de Mermelada me dijiste hey Sven ese tipo se parece a mi hermano. Eran las ocho de la noche.
El Señor Árbol de Mermelada.
El señor Árbol de Mermelada se levantaba todas las mañanas y orinaba cerca de la jaula de Cooper, El Oso Polar y mientras procuraba que el chorrito amarillo golpeara las barras de la jaula susurraba, oye viejo todo bien? Y entonces Cooper, El Oso Polar entreabría un ojo y parecía responderle desde su pereza blanca, claro viejo de mermelada, todo bien. El Señor Árbol de Mermelada siempre desayunaba café negro, sin azúcar y después se iba a la cabina de Iliana, La Mujer Barbuda y le acariciaba sus tetas, un poco elefante, un poco de ballena y le decía hola pequeña cómo estás? Aquí te traigo un poco de café para que pasemos la mañana un poco cerca de los leones, un poco cerca de la lluvia. El señor Árbol de Mermelada era el más huraño de todo el parque de diversiones. Olía a orines de camello. A hierba seca. A hierba vieja y amarilla. Cuando estaba aburrido, El Señor Árbol de Mermelada se iba a la jaula de los leones a tomar un poco de vodka, Mercury, el león viejo siempre bostezaba cuando lo veía entrar con la botella. El señor Árbol de Mermelada sacaba la botella y se recostaba en Mercury y en Migue, el león con cara cansada y se tomaba un sorbo, dos sorbos, tres sorbos y le hablaba a los leones y les decía hermanos míos no se vayan a mover mucho que el viejo de mermelada va a hacer una pequeña siesta. El Señor Árbol de Mermelada siempre iniciaba su espectáculo a las seis de la tarde. Su show no era nada del otro mundo. Era más bien algo triste. Salía y decía hola chicos cómo va todo? Y los chicos respondían hola Señor Árbol de Mermelada cómo va todo? Y entonces se ponía a hacer contorsiones que decía que eran de los dioses de la India, contorsiones también en honor a Osiris y después sacaba unos cigarrillos que apestaban y hacía figuras con el humo azul. A veces se atoraba. Después se metía a la cabina, tomaba un poco de vodka y al poco rato salía a observar el número siguiente, el número de La Señorita Tetas de Mantequilla, que se bamboleaba en el aire mientras los chicos soltaban suspiros cuando le veían sus nalguitas de rana allá arriba, nalguitas tan inalcanzables, nalguitas que olían a león, a arena triste. El Señor Árbol de Mermelada siempre quiso ser mago, pero no pudo. Por eso envidiaba al Señor Viento. Y llegó el número del Señor Viento. El Señor Viento pidió un voluntario del público para llevar a cabo un truco especial. Un chico con cara de idiota, se paró y saltó a la arena. El Señor Viento lo saludó, le preguntó al chico su nombre, Roger, respondió el chico y entonces lo metió en la caja de madera y le echó los polvos mágicos. Después abrió la caja y el chico no se hallaba por ninguna parte. El público aplaudió. Nuevamente el mago cerró la caja y después la abrió, pero el chico no apareció. El público aplaudió de nuevo. A la tercera vez, el público se quedó callado y el Señor Viento se metió a la caja y esculcó por todos lados. A la hora llegó la policía y se llevó al Señor Viento y la caja. El chico nunca apareció. Esa noche El Señor Árbol de Mermelada se sintió feliz y fue a orinar cerca de la jaula de Cooper, el Oso Polar y él le dijo, oye Cooper todo bien? Y Cooper bostezó y le dijo, claro viejo de mermelada todo bien. Desde ese día el parque se quedó sin mago. Al poco tiempo la policía devolvió la caja del mago y El Señor Árbol de Mermelada la adecuó como retrete. Después de su número se iba a cagar allí a la caja del Señor Viento. Una noche después de un desastroso número de cigarrillos donde trató de hacer la Muralla China El Señor Árbol de Mermelada fue a cagar a la caja del Señor Viento y nunca más salió de allí. Desapareció.
Amarilla: después me dijiste que querías unas palomitas de maíz y te dije, claro muñeca. Después encendimos un cigarrillo y un avión pasó por encima del parque de diversiones y te abracé y te dije que el domingo olía a espinacas y me miraste y yo te conté que cuando estaba niño siempre que daban espinacas las ponía en la cuchara e imaginaba que era un DC-3, el DC-3 Espinacas de Mayo se reporta en emergencia, atención torre de control, pido permiso para hacer un aterrizaje forzoso y claro, la mano de mamá tumbaba el DC- 3 Espinacas de Mayo. Mierda.
