-Chuyaaa- grité
Al día siguiente de encontrarnos en medio de la calle y que se fuera prácticamente corriendo, después de hablarme con ese tono de voz tan desagradable, no pude sacármelo de la cabeza, así que nada más despertar, a eso de las 11 de la mañana, fui hasta su apartamento, sabía cual era, el cómo lo sabía no era incumbencia de nadie.
-Chuuyaaaa- repetí gritando desde el marco de la puerta principal- Estás en casa?
Mierda, debió irse a trabajar hace dos horas, bueno, ya que estoy aquí miraré un poco para ver que ha pasado más profundamente en la vida de mi ex-compañero, entré oficialmente en la casa y cerré la puerta tras de mi.
Su casa, como siempre, estaba muy bien cuidada, el salón está impecable, con una televisión grande y el mando de esta está situado perfectamente el la mesa baja que ocupa el centro del salón, hay dos sofás idénticos de color granate y de dos plazas, distribuidos en forma de ele, también hay una estantería con libros de géneros muy diversos.
Sus gustos no parecen haber cambiado demasiado, había algún que otro manga, alguna novela de terror, alguna otra de romance, pero sobre todo destacaban las de poesía, siempre fue algo que le interesó, por mi parte, sin duda, siempre fueron más destacables los libros de misterios.
-Dónde tendrás escondido el vino?- Fui hasta la cocina, la cual tenía muebles de mármol negro mezclado con muebles de color rojo, y al lado de la nevera de dos puertas blanca estaba su mini-neverita para vinos, al parecer da igual cuanto dinero tenga actualmente, nunca se deshará de esta tontería que le regalé - Dónde tienes aquel vino que era tan caro?- me pregunté mientras leía los nombres de todos sus vinos.
Imposible olvidarme del nombre del vino del que Chuuya habló tanto, no paraba de decir que lo guardaría para una ocasión especial, como el día en el me convirtiese en jefe y mandase a la mierda a Mori o algo así, una pena que eso no pudiese llegar a ser, se lo había encontrado en una de nuestras primeras misiones como dúo.
-Da igual, a saber lo que hizo con él- Al acabar de cotillear la cocina fui hasta su dormitorio, la habitación que más curiosidad me daba, recuerdo que siempre la tenía impoluta, era casi un trastorno, pero cuando le sacaba el tema siempre contestaba que era simple orden.
Lo mejor de todo es que también odiaba el desorden de mi habitación, por eso siempre quedábamos el su cuarto, eso era algo que eché de menos cuando me fui, una de las pocas cosas, estar con él, aunque nunca se lo voy a decir a la cara, una de las pocas cosas que me hacía sonreír.
Extrañamente tenía la puerta abierta.
-Antes eras muy cuidadoso con eso, Chibi- Tal vez solo tenía prisa, me asomé por la puerta y vi tirados por el suelo un montos de cartas, debía haber once o doce.
Sé que no debo y que la curiosidad mató al gato, pero también he de decir que al menos el gato murió sabiéndolo, me agaché y mire entre estas, cada sobre ponía una fecha, la más reciente era de ayer, busqué la más antigua y curiosamente solo era de un par de semanas después de irme de la Port Mafia, la saqué del sobre y la leí.
-Oh, así que eso pasó con el vino- Al acabar de leer esa leí la siguiente y después la siguiente y así consecutivamente hasta leerlas todas, no sabía que decir, era mucha información que procesar en tan poco espacio de tiempo.
-Mierda- No sé cuanto tiempo paso desde que entré a su casa, de una a ocho horas, pensaba esperarle para hablar con él cuando llegase, pero creo que es mejor irme y planificar mi siguiente movimiento con calma.
Al menos ahora sé porqué se fue corriendo.
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Hola, Dazai - Soukoku
FanfictionCartas que escribió Chuuya y que Dazai nunca debió haber leído. Holaaa, la verdad es que esta es la primera historia que escribo, por favor si veis algún error decídmelo para poder arreglarlo, muchas gracias.
