Tercer encuentro

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Envidia

Pasaron los días con lentitud exasperante para algunos. Angélica hacía algunos días se topó de frente con Armando y no pudo dirigirle palabra alguna. Mientras tanto Antonio se encontraba de novio con Alejandra.

Sin embargo, otro misterio lo mantenía despierto por las noches, una mirada castaña, unos puños apretados, un ceño fruncido y unas ganas constantes de pelear con el mundo. Angélica es la persona más graciosa y enigmática que ha conocido en su vida. La combinación más estrafalaria que alguna vez pasó cerca de sus ojos azules.

El otro día, por ejemplo, su novia estaba acurrucada dormida en su brazo derecho. La quiere muchísimo, eso lo tiene clarísimo, aunque sea asfixiante, celosa y algo maniática. Ninguno de esos defectos hacen mella en el cariño que siente hacia ella, lo cual hace que pase los dedos por su largo cabello negro, logrando que la chica se apegue aún más hacia él.

Estaba pensando en eso cuando Angélica tomó el puesto de adelante. Desde el día que Victoria comenzó a juntarse con otra chica, la castaña no parecía preocupada de quién ocuparía su lugar a su lado. Al parecer le daba igual con quién compartía sus mañanas.

Pero él era demasiado vago para tomar ese puesto y así, casi de la nada, Felipe encontró su lugar al lado de Angélica. Y él con Alejandra se sentaron atrás de esa singular pareja.

Entonces casi todos los días conversaba con ella. Angelica y Alejandra eran amigas (aunque la primera parecía más concentrada en mantener el lazo que la segunda) de tanto en tanto, él se entrometía en sus conversaciones porque el gesto de enojo de Angélica aún le parecía demasiado chistoso.

Entonces la relación entre los jóvenes cambió ligeramente. La morena aún lo mira con gesto de fastidio en la cara, pero cómo es el novio de su amiga se muestra capaz de sostener conversaciones con Antonio. En estos días ha descubierto que Angélica ama los RPGS. le gusta el chocolate de manera obsesiva, ama leer aunque estén en clases, de repente escribe sin tomar en cuenta su alrededor, que ambos consumen series de anime muy similares... pero sigue siendo un misterio para él.

Cómo tantas mañanas entonces ella se dió la vuelta para conversar con Alejandra, para encontrarla media dormida en el brazo de Antonio. Su gesto cambió, algo muy parecido a la ternura inundó su rostro siempre serio.

Antonio siente que ha presenciado casi un milagro

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Antonio siente que ha presenciado casi un milagro. Es tan común ver a la chica de cabellos castaños enojada, seria o malhumorada que esto es todo una revelación. Se quedó mirandola tan fijamente que el gesto de la chica volvió a cambiar, apareció el ceño fruncido de siempre y dijo:

—¿Qué tanto miras? —murmuró apretando los dientes.

—Nada...—le respondió sintiendo ternura porque ella no quería despertar a su amiga.

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Fue en ese momento que Antonio continuó a vigilar sin que ella lo notase, atento a cualquiera de las apariciones que de tanto en tanto surgían en la chica. De pronto se percató de que Angélica sonríe cuando lee, rie delicadamente cuando los gatitos se acercan a maullarle cerca (es un imán para perros, gatos y bebés). Ella despliega sus labios en un gesto que parece inundarla, cuando sus amigos ríen con ella siendo felices.

Antonio se siente el peor ser humano del mundo porque no puede evitar tener envidia. Porque cada vez que ella realiza ese gesto es cuando no está hablando con él. Gracias a su observación constante pero casi parece que la chica lo hace a propósito. Rie, se ruboriza y es más amable cuando no está cerca de él.

— ¿Antonio? —pregunta Angélica al verlo tan callado —¿Te encuentras bien?

El corazón de Antonio late con más fuerza al notar la preocupación en las palabras de la chica. Cada vez que logra que ella pose su mirada en él se siente inundado por la alegría. Pero cómo ustedes saben él es demasiado cobarde para demostrárselo. Entonces tan solo atina a decirle

—Nada que a ti te interese... pequeña —recalca la última frase igual que un pescador experto poniendo una trampa, esperando el reconocido gesto de enfado que tanto conoce.

Angélica apoya las manos sobre su falda enterrando sus dedos en sus piernas, un ligero rubor comienza a teñir la cara y una media sonrisa delata sus verdaderos pensamientos. No está enfada y se acaba de percatar que tan solo la está provocando.

—No hoy Antonio —responde con decisión— me propuse no pelearme con nadie en todo el día. No por ti voy a andar rompiendo promesas.

Muy segura de sí misma, se da la media vuelta, dejándolo al chico de los ojos azules con la palabra en la boca e incluso se da el lujo de hablar con otros desconocidos.

Antonio tan solo piensa en cuanta envidia siente del resto que no necesita excusas baratas para verle el rostro. 

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