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Contra todo deseo de codicia
eres lo único que anhelo poseer
como el mayor de mis tesoros.

Envio al exilio a mis pasiones
aunque se quede sin aire mi propia carne.

Te hago espacio para que puedas entrar.

Que hayan gemidos de guerra
para que irrumpa tu grandeza.

Que se rompan los tejidos,
y se oiga el sonido del quebranto.

De un extremo a otro,
desde lo más alto a lo más bajo,
que el velo sea rasgado.

Oh huracán y brisa suave
que promete caos a mi vanidad
y a mi alma calma y saciedad,
que entres completo
y te decidas quedar.

Cartas para DiosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora