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Cada semilla tiene la promesa de ser gran árbol pero debo confesar que no siempre veo frutos de aquella siembra.

Es que la tierra de mi corazón no es a la cual más atención le pongo, pero es la tierra que mas cuidado debería tener.

Gran sembrador, sé que buena tierra soy; enseñame a cuidar mi corazón para que mucho fruto pueda llevarte.

Enseñame a llorar y a disfrutar de hacerlo, porque tengo la promesa de que un día volveré por el mismo campo cosechando con gritos de gozo.

Semillas. Frutos. Árboles.
Aquellos que permanecen verán los resultados de la cosecha.

Toda semilla que muere resucita en gloria. Hazme no olvidar y prestar atención a mi corazón porque de él mana la vida.

Cartas para DiosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora