Los siguientes días mi relación con Wade fueron normales. Es decir, cuando estábamos juntos no parábamos de discutir o picarnos, pocas veces conseguíamos hablar tranquilamente. Y ahora que el llevaba dos días fuera por un combate, no podía creerlo, pero le echo de menos. Echo de menos su voz resonando por el gimnasio y como acababa las discusiones con un beso. Sin duda es una de las cosas que más me faltan. Esos y ver los cambios en su oscura mirada. Cómo brillaban cuando se cabreaba o cuando sonreía. ¡Dios! Se ha metido bajo mi piel demasiado rápido y me da miedo.
Una gran parte de mí, por no decir toda, quiere dar a esto una oportunidad, porque él la quiere. Pero otra mínima parte de mi quiere huir lejos, esconder la cabeza y proteger mi corazón. Pero no quiero esconder la cabeza y pasarme el resto de mis días pensando en lo que podía haber sido. ¿Y si es él mi otra mitad y por miedo le pierdo? Porque amar no es felicidad a todas horas; es dar a alguien el poder de herirnos, pero confiar en él para que no lo haga. Y eso requiere un riesgo. Un riesgo que me estoy planteando.
-------
Ayer por la noche volvió de su viaje y hoy le vería por fin. Estoy nerviosa porque hoy voy a pedirle que salgamos a cenar y se lo voy a decir. Pero lo peor va a ser estar toda la mañana con él y no hacerlo. Pero tendría que disimular hasta la noche. Así que me preparé como un día normal, con mis vaqueros y camiseta. Aunque esta vez decidí ir en mi moto ya que necesito sacar energía y relajarme. Y para eso no hay nada mejor que sentir el viento contra la cara, sentir la libertad.
Llegué más tranquila al gimnasio e intentando no pesar en lo que podía pasar esta tarde, porque en mi cabeza sólo pasaban catástrofes...
-Buenos días, Bob. ¿Ha llegado alguien? - esta pregunta se había convertido en una rutina. Me gusta saber quiénes habían llegado ya.
-Vikingo, Escurridizo y todos los entrenadores - respondió.
-Perfecto - dije más tranquila a saber que no estaba Wade. Me fui a mi despacho.
En el camino pude observar al Vikingo maltratando el saco grande y al Escurridizo con las pesas. El Escurridizo es un hombre más bien delgado pero fibroso y todavía no he preguntado el porqué de su nombre; pero tengo dos teorías. O que es imposible mantenerlo en una llave o por la sensación de pelo grasiento que da su melena oscura. Un día de estos lo voy a saber.
Entré en mi despacho e intenté ponerme al día con el correo que me esperaba en mi escritorio. Pero mi cabeza estaba en mi contra y volvía a pensar en Wade y esta noche. Sobre todo en si hacer la cena en mi casa o no. Porque no quiero que el espere que por decirle que lo quiero intentar se crea que me quiero a costar inmediatamente con él. Porque esta vez quiero ir despacio. Pero tampoco me hace una gran ilusión ir a un restaurante y que nos oigan; o encontrarme a los toca huevos de los fotógrafos y mucho menos que oigan nuestra conversación y sepan que todo era una farsa.
Las siguientes horas las pasé entre papeles y pensamientos. Pero me apeteció algo de dulce, así que decidí bajar al supermercado que había calle abajo y coger lo que tuviese más pinta de obstruir las venas. Pero al salir del despacho no me esperaba ver tan pronto a Wade. Y menos todo sudado y sin camiseta; con esos pantalones en la cadera que dejaban ver su V. Con todo el cuerpo húmedo, los músculos marcados y esa mirada de concentración fiera, pensé que no tenía que bajar al supermercado a por un dulce, porque después de ver esto, nada podría mejorarlo, ni siquiera una buena cantidad de calorías saturadas.
Y sin poder evitarlo me acerqué a él. Wade lo notó y dejó de entrenar para mirarme fijamente con esos ojos intensamente negros con una interrogación en ellos. Ya que es él quien se suele acercar a mí. Pero no puede evitarlo y mentalmente envié a la porra todos los planes para esta noche, el discurso que tenía preparado y por primera vez fui yo quien tomó la iniciativa y juntó nuestros labios. Puse las manos en sus sudorosos y duros pectorales; él no vaciló y colocó sus manos enguantadas en mis caderas. Fue un beso desesperado, como si hubiésemos estado separados una eternidad. Como el de un marinero que ha pasado meses en el mar y por fin vuelve a tierra firme. A casa.
Podía haber pasado besándolo toda la eternidad. Me las demás personas del gimnasio empezaron a vitorear rompiendo el momento.
-Si me recibimiento es así, voy a tener que viajar más a menudo - dijo Wade todavía con nuestros labios a centímetros y sin dejar de mirarme fijamente.
-Quiero intentarlo contigo - dije sin tener que especificar, porque él ya lo entendía. - Te lo quería decir esta noche con una cena pero al vert.. - me silenció con un beso.
-Me encanta que no te hayas podido resistirte y sobre todo - suspiró - porque iba a ir a hablarte más tarde para decir que esta noche mi madre nos había invitado a la fiesta que celebra en su casa y no creo que hubiese lo mejor para solucionar este tema. Además me alegro, me encanta saber que esta noche cuando vayamos cogidos de la mano será porque realmente estamos juntos y que aunque tú digas que no eres mía - dijo volviendo a besar mis labios para impedir la réplica -, todo el mundo si lo creerá y no veas como me pone eso - dijo guiñándome un ojo en broma y haciendo aparecer una sonrisa en mi rostro.
Después de que me diese otro beso, me volví al despacho, olvidando los dulces, atontada. Lo había hecho y todo había salido bien aunque no hubiese seguido el plan. Bueno, lo único malo es que esta noche me tocaría estar en una casa con gente desconocida, la madre y acosadora de Wade. No pude evitar un escalofrío al pensarlo. Pero él estaría conmigo, no estaría sola. Seremos él y yo contra el mundo.
ESTÁS LEYENDO
Soy Tuya ©
Romance¿Quieres saber lo que pasa cuando una mujer se hace cargo de un gimnasio de boxeo sólo para hombres? Esto es lo que le ocurrió a nuestra protagonista, Alexa Wulk. Entra y descúbrelo. Muchos ya lo han hecho, ¿vas a ser tu el único que no? TODOS LOS...
