Otra vez sola, Toria y Beth ya se habían ido. Pero hablar por móvil o Skype no es lo mismo. Sin ellas me siento bastante sola. Sé que no lo estoy, pero vivo rodeada de hombres y no creo que a mi padre le haga mucha gracia hablar sobre hombres conmigo... Seguramente la daría algo. Pero en fin, el sentimiento de soledad ni se va.
Salí al aparcamiento del aeropuerto y entre en coche de vuelta a casa. Pero cuando me di cuenta estaba aparcando en la entrada del hogar de toda mi niñez. Salí del coche y subí los escalones que llevan a la puerta principal y llamé como siempre: dos cortos, uno largo y otro corto. Era una norma que puso mi padre para cuando tenía que salir a hacer recados y me dejaba sola en casa. Sólo podía abrir a quien llamase así. La puerta se abrió.
-Pa... - dije triste.
Él solo me abrazo y me dijo al oído que en el congelador estaba la tarrina de mi helado preferido, tres chocolates. Me conocía demasiado bien y siempre recuerda las veces que estaba desanimada en casa y como con una tarrina de ese helado y un buen libro, mi ánimo subía. No es una faceta suya que conozca mucha gente. Para todos Vamdeim era un hombre duro, pero la verdad es que no puedo imaginar a un padre mejor.
Él se sentó en la mesa de la cocina con dos cucharas mientras que yo sacaba el helado y lo abría.
-Bueno, y la próxima vez, ¿a quién le va a tocar viajar? - me preguntó mientras comía un buen trozo.
-Ni idea, pero supongo que a mí y a Beth, somos las que si pasa algo podemos hacer el trabajo a distancia. No creo que Toria pueda cocinar con el móvil - dije riendo.
-Conociendo su tenacidad yo dudaría....
Y era verdad, cuando Toria se proponía algo, tarde o temprano lo conseguía, costase lo que costase. Me acuerdo de una vez que le gustaba un chico de la universidad, y la verdad que no estaba nada mal. Cuando consiguió una cita para el cine, él debió elegir una de las últimas películas infantiles, y ella le dejo allí mismo, no llegaron a entrar. Llego al piso que compartíamos despotricando contra el pobre chaval.
-Alex... Vuelve - dijo mi padre mientras movía una mano enfrente de mis ojos
-Estaba recordando.... - reí
-No lo quiero saber - dijo inmediatamente
-¡No es nada malo! - debatí.
-Eso nunca lo sabré... Por cierto, ¿qué tal vas en el gimnasio?
-Bien, sin más. - mi mente fue directamente a Wade y es lo que menos me apetecía pensar, así que cambie de tema-. ¿Qué tal la nueva habitación de trofeos?
-Terminada - sonrió
-¿Y a qué esperas que no me la enseñas? - le regañe.
-Tienes el carácter de tu madre - me miró con cariño.
-Me gustaría haberla conocido.
-Eso ya no se puede cambiar, tesoro - dijo tocándome la mano en la cual no tenía la cuchara.
-Pero hay tantas cosas que no sé de ella. Solo lo que me has contado. Pero me gustaría saber cómo era su voz, su olor y su risa. O si hubiese estado ella yo sería de otra forma... Que no digo que quiera cambiar - intente arreglarlo -, ni que me queje de la forma que me has educado. Que gracias a eso he llegado hasta donde estoy. Pero siempre me he preguntado cómo hubiesen sido las cosas. ¿Sería una chica más femenina o...
-Alex, tú eres femenina y quien diga lo contrario se equivoca. Eres perfecta como eres. No necesitas cambiar nada. Además, tu madre también tenía su genio, ¡si señor!
-¿Si?
-¡Sin duda! Me acuerdo que una vez estaba yo en el cuadrilátero y tu madre en el público, cuando termino la pelea, que gane - río-, vi como un hombre se le acercaba por atrás y le susurraba unas palabras en el oído, tu madre se puso roja como un tomate y yo en ese momento pensé que podría matarle de los celos. Pero tu madre al momento se giró y en un momento el hombre estaba retorciéndose en el suelo sujetándose sus partes preciadas - volvió a reír -. La verdad es que cuando se cabreaba sus mejillas se teñían de un rojo adorable y estaba preciosa. Pero aprendí que es mejor no cabrearla.
-Así que mi mal genio no es solo culpa tuya.
-Tu madre era un sol, mi sol. Era muy difícil hacerla cabrear, pero cuando sucedía no había ciudad para correr y huir de ella.
-Y ¿cómo os conocisteis? Nunca me lo has dicho.
-Esa es una historia para otro momento - dijo sonriendo tristemente. A pesar de todos los años que habían pasado, su muerte todavía le dolía.
-Te tomo la palabra. Y ahora enséñame tu cámara de los tesoros - dije mientras me levantaba y metía las dos cucharas al lavavajillas y el bote con lo que quedaba del helado en el congelador para la próxima vez.
-Te va a encantar, lo he hecho yo todo - dijo orgulloso.
La habitación estaba en el segundo piso. Se trataba de una habitación amplia con la pared llena de carteles de sus peleas importantes, trofeos en vitrinas y medallas colgadas por todas partes. Todo indicaba la gloria que es mi padre en el mundo del boxeo, donde era recordado como una leyenda.
-Me encanta,- le dije - es muy de tu estilo.
- Te has pasado una cosa por alto - dijo agarrándome de los hombros y girándole hacia un gran marco con varias fotografías. En ella estaban unas copias iguales a las que me regalo para mi despacho, otras de él con mi madre. Ella era igual que yo, salvo por el color de los ojos y que yo tengo el cuerpo más tonificado, por lo demás éramos iguales. También había fotos mías de pequeña y otras de ellos dos juntos en diferentes lugares y años.
-¿Y esto? - dije emocionada.
-Es mi sala de trofeos, pero lo más grande que me ha pasado en la vida sois vosotras. Tu madre era mi mitad y de nosotros dos salió la persona más importante de mi vida, tú. Después las dos Terremotos porque trajeron alegría a la casa y porque te hacen reír y tirar para adelante. Y cualquiera que consiga que tus ojos brillen y tu risa se oiga en todos los rincones, se merece un hueco aquí - dijo emocionado también, mirando el cuadro y apretándole con cariño los hombros.
-¿Entonces el hombre con el que me case y al que ame, también estará aquí? - pregunte inocentemente.
-Eso ya sería otra cosa diferente - dijo más duramente.
-¿Por? También sería el hombre que me haría feliz.
-Me lo tendría que pensar. - dijo apretándole los hombros.
-Tranquilo - reí al recordar a mi "novio" -, todavía queda para que eso pase...
-Eso no lo sabes. El amor llega sin avisar y te explota en toda la cara... y para cambiar de tema, ¿Te quedas a cenar? Puedo preparar mi sándwich especial...
-¿Con la salsa casera? - me encantaban. Eran una adicción.
-Sí - dijo mientras salía de la habitación.
-Ya sabes que no me puedo resistir a ellos... - le seguí a la cocina.
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Soy Tuya ©
Romance¿Quieres saber lo que pasa cuando una mujer se hace cargo de un gimnasio de boxeo sólo para hombres? Esto es lo que le ocurrió a nuestra protagonista, Alexa Wulk. Entra y descúbrelo. Muchos ya lo han hecho, ¿vas a ser tu el único que no? TODOS LOS...
