Jiwoong y Matthew son unidos en un matrimonio arreglado y luego de estar seis años juntos y teniendo juntos a su pequeño hijo, Gyuvin, toda esa farsa llega a su fin cuando Jiwoong aparece con una carta de divorcio la cual Matthew firma sin problema...
– Gyuvin ¿Qué haces? - Matthew se sentó al lado de su hijo el cual al ver la cercanía se acurrucó en una de las piernas de su padre dejando de lado su actividad.
– Dibujo papi
– Recuerda que tenemos que ir a la señorita - Menciono el canadiense sabiendo que Gyuvin se daría cuenta a qué se refería perfectamente.
El pequeño infante se dirigió a su habitación donde busco su libreta de dibujos y busco meter sus juguetes en la mochila.
– Si metes más cosas se romperá – Matthew se rio levemente y se acercó a su hijo el cual tenía una bolsa grande en sus manos intentando meterla en la mochila – ¿Qué es esto?
– Regalo – Gyuvin saco la bolsa y se la extendió a su padre.
– Cumpleaños de señorita - Matthew solo pudo decir "oh". Sabía lo preguntón que era Gyuvin y tal vez algo chismoso y habrá escuchado alguna conversación de la psicóloga en los momentos de receso o también luego de las sesiones tal vez le preguntaba.
Luego de eso ambos fueron al auto donde Matthew condujo mientras escuchaban canciones de Pororo y Gyuvin cantaba alegremente.
Sin poder evitarlo pensó en Jiwoong.
El ama a Pororo, aunque no lo demostrara ya que él fue quien le enseño al pequeño todas las canciones; se veía tan tierno y feliz mientras cantaba y un Gyuvin de menos de tres años bailaba y saltaba a su lado.
Suspiro sintiéndose un estúpido por pensar en Jiwoong.
– Buenas tardes Señor Seok - La señorita haciendo una pequeña reverencia mientras veía a sus pacientes entrar y sonrío al ver a Gyuvin - Y hola pequeño Gyuvin.
La psicóloga se agacho para estar a la altura del infante quien con algo de timidez y las mejillas muy sonrojadas salió de detrás de su papi para luego extender la bolsa con su regalo.
– Para usted – Gyuvin volvió a esconderse detrás de su papi esperando que la psicóloga abriera el regalo y esperando que le gustara.
– ¡Oh! Gyuvin que lindo – La joven mujer sonrió al abrir aquel regalo y observar un dibujo de una montaña y con estrellas, la luna y un gatito en el centro sabiendo perfectamente que se trataba de ella ya que Gyuvin siempre comparaba a las personas con animales para identificarlos.
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La psicóloga colgó el dibujo en uno de los cuadros que tenía mientras guardaba los dulces que Gyuvin le había regalado para luego acercarse a su silla y sentarse cerca del infante – ¿Y cómo has estado Gyuvin?
– Bien... - el infante miro a su psicóloga para luego ver el dibujo donde la señorita pintaba la casa de rojo – Mi casa es gris, aunque papi quiere que sea color celeste o blanca.
– ¿Quien eligió gris?
– Papa no le gusta los colores, es aburrido – Gyuvin hizo un mohín en sus labios mientras seguía moviendo sus piecitos sin tocar el suelo buscando flotar en su imaginación.