HOUSE OF BLACK || Theodore Nott fanfic!
"Ser una Black digna de su apellido".
Madelyn siempre había tenido esos pensamientos, especialmente al recordar que su padre, Sirius Black, traicionó el legado familiar al irse a los Potter.
Detrás del árbol...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
CAPÍTULO TREINTA Y OCHO «Juramento Inquebrantable»
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—¡Cissy! —la llamó Bellatrix, su voz baja y urgente retumbando contra las paredes—. No puedes ir allí, ese hombre no es de fiar.
—El Señor Tenebroso confía en él, Bellatrix. —respondió Narcissa tensa, ajustándose la capucha empapada mientras mantenía un paso firme a pesar del implacable aguacero que caía sobre la calle desierta de la Hilandería.
—El Señor Tenebroso se equivoca —insistió Bellatrix, apretando el paso con los ojos fijos en la espalda de su hermana mientras caminaban junto al río sucio y maloliente—. Se equivoca gravemente con él.
Narcissa ignoró la advertencia y continuó caminando hasta llegar a una casa. Antes de que Bellatrix pudiera alcanzarla, llamó a la puerta mugrienta de la casa de ladrillo rojo.
Tras un instante de silencio, la puerta se abrió con un chasquido sordo, dejando ver el rostro estrecho y la nariz puntiaguda de Colagusano.
Sus ojos pequeños y astutos saltaron de una hermana a la otra, mientras se sobaba compulsivamente la mano derecha con la izquierda.
—¡Narcissa! ¡Bellatrix! —exclamó con voz aguda y nerviosa—. Qué... qué sorpresa.
—Abre de una vez, Peter. —ordenó Narcissa en tono seco, empujando la puerta para pasar sin esperar invitación.
Recorrieron un pasillo estrecho y oscuro hasta llegar a una sala pequeña, iluminada apenas por una lámpara tenue y rodeada de estantes atestados de libros.
Severus Snape estaba sentado en un sillón raído, leyendo un ejemplar de El Profeta. Al notar la presencia de las dos mujeres, alzó la vista despacio.
—Retírate, Colagusano —dijo Severus. Con un movimiento rápido de varita sobre su regazo, la puerta del pasillo se cerró de golpe, dejando a Pettigrew afuera.
Narcissa avanzó unos pasos hesitantes y se dejó caer en una silla cercana, la elegancia de su túnica contrastando crudamente con la humedad y la decadencia del lugar.