[OMEGAVERSE] [Dynasty #1]
«Hoseok es el próximo rey de Gwangju. Su vida se desarrolló bajo los mandatos y deseos de su padre, quien se encargó de instruirlo para convertirlo en un buen rey. Sin embargo, cuando la elección de su pareja toma un rumbo...
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El pasadizo se llenó del sonido de sus pasos temerosos. Varios de los guardias realizaban una ligera reverencia en su camino, totalmente conscientes del enorme esfuerzo que había realizado en la campaña del ejército a las afueras del reino. Muchos lo saludaban con una sonrisa y otros simplemente se mostraban neutrales frente a él. Sin embargo, muchas reacciones dejaron de importarle cuando supo sobre el llamado del rey y su urgencia por verle. Kim no era alguien tonto que desconocía de las intenciones de su líder, estaba perfectamente consciente de que aquella conversación no era por el reino, sino por la situación de su familia y el príncipe Jung, quien se rehusaba a seguir el consejo de su padre.
Esa reunión era meramente personal y, conociendo perfectamente al hombre, sabía que estaba destinado a perder en la conversación.
El alfa Kim se vio frente a la gran puerta que encerraba la temerosa sala del trono; tras él se hallaba Seokjin, quien lo acompañaba por órdenes de Taehyung, en un intento de otorgarle protección a su padre. El beta se mostraba tranquilo y despreocupado, como un simple acompañante silencioso que en cualquier momento acabaría con todo aquel que deseara destruir al hombre frente a él. La rapidez de su espada había sido una de sus habilidades más ocultas, solo desenvuelta en el campo de batalla, donde su objetivo principal era proteger a las personas que consideraba importantes para él y su señor. Por esa razón, Kim temía las acciones que tomaría si llegasen a ofenderlo de alguna manera.
—No importa cuanta violencia se desate, Seokjin —dijo cuando las puertas se abrieron—, no uses tu fuerza y agilidad contra el rey.
—Mis órdenes...
—Lo único que debes hacer en esta vida, Seokjin —volvió a decir—, es cuidar de mi hijo y si lastimas al rey, no podrás hacerlo. Por favor, no hagas algo imprudente. Si algo me ocurre y Taehyung te reprende, me encargaré de abogar por ti.
El beta solo asintió y lo siguió hacia el interior de la sala. No dijo más de lo que deseaba, pues entendía que la valentía del mayor no iba a claudicar de manera sencilla. Pese a eso, juró protegerlo de todo mal, pues había pasado el tiempo necesario con este para guardarle un poco de cariño y considerarlo uno de los pocos hombres que en verdad merecía su respeto y admiración.
El alfa Kim avanzó hasta ubicarse frente al trono y se arrodilló con respeto ante su líder. Dejó su espada en el suelo, mientras bajaba la cabeza y esperaba por las palabras de este. Seokjin lo imitó y se mantuvo en esa posición el tiempo requerido, solo siguiendo lo que el hombre le susurraba, pues no le gustaba arrodillarse ante nadie.
—Levanta tu cabeza, comandante Kim —profirió el rey—, quiero ver el rostro del hombre que me ha brindado la victoria en esta campaña militar.
El alfa se puso de pie y guardó su espada en su lugar. Mantuvo su espalda encorvada hasta que retrocedió unos pasos y se colocó en la alfombra roja. Levantando la vista pudo observar a la esposa del rey, en su lugar habitual, y algunos escribas que informaban sobre las hazañas de la campaña y los decretos reales. El rey, como siempre, mantenía una copa de vino en sus manos y la sonrisa misteriosa que acostumbraba a llevar antes de ordenar una invasión en tierras vecinas.