Un ángel

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De todas las noches que había pasado en desvelo, jamás habían sido  incómodas de una buena manera, lo usual era darle mil vueltas a preguntas horribles sobre cómo sería juzgado por no hacer las cosas como se esperaban que se hicieran: perfectas. Luego  cuando eso ya no era importante, no podía dormir porque su cuerpo estaba muy acostumbrado a la falta de sueño. Sin embargo desde hace unos días solo existía una sola cosa que le quitaba el sueño, mejor dicho alguien o un algo ¿Era Aziraphale una especie de ángel?

Eran las 4:00 AM y seguía repasando una y otra vez esa memoria de tenerlo tan cerca como para querer besarlo, la sensación le daba escalofríos y lo hacía revolverse en las cobijas, manoteando y dando patadas al aire porque le molestaba sentirse así. Cuando se cansaba de su "rabieta" buscaba en el cajón de la mesita de noche el anillo de humor y lo ponía en su dedo, lo observaba con la esperanza de que su mala visión lo hiciera equivocarse pero siempre se mantenía rosa y con coraje lo quitaba para arrojarlo lejos y girarse contra la pared, aunque por la mañana lo buscaría como loco para usarlo otra vez porque "era un regalo de Aziraphale". Realmente no había sido algo muy especial o romántico, es que no podía llevar todo eso a casa (excepto los borradores porque podía ponerlos en su lapicera sin problema) así que Crowley se quedó con todas las demás chuches que compraron ese día.

Pero por más que a Crowley le molestara no poder dormir por pensar en Aziraphale, al verlo al día siguiente en la escuela se sentía feliz, hablar con él era gracioso y en ocasiones, cuando dejaban de hablar y el rubio sacaba su libro, se sentía seguro, olvidaba todas las cosas que siempre tenía en la mente y solo podía concentrase en observar sus expresiones, no tenía ni idea de que trataba pero parecía tan interesante por la intensidad que Aziraphale ponía en su lectura, tanto que un día no pudo resistir la curiosidad y le preguntó si podía leerlo en voz alta.

-¿De verdad? ¿No prefieres leerlo? te lo puedo prestar cuando termine-

-Nah... ya te dije que no me concentro, además me sirve para arrullarme, otra vez no dormí bien-

-Mmhh, me preocupa eso Crowley, desde que te conozco siempre te duermes entre clases, no es saludable-

-Shhh... tu ponte a leer- Acomodó su chaqueta y sin preguntar ni avisar, se recostó en el pasto y puso su cabeza en la pierna de Aziraphale.

-Oye no soy tu almohada personal-

-Eres blandito, déjame dormir un ratito encima ti-

-Agh...-

-Me debes un favor.... awwww... no se te olvide-

-¿Ser tu almohada ha sido el pago?-

-Claro que no pero dejame dormir-

Crowley sabía qué Aziraphale solo seguía a su lado por deberle un favor, pero también quería creer que su amistad era sincera, quería pensar que si era real que estaba sintiendo algo, aunque no lo correspondiera, al final valdría la pena porque era la primera vez que sentía tanta paz y cariño al lado de otra persona.

Aziraphale había terminado de leer un capítulo y guardó su libro, Crowley seguía dormido pero aún quedaba algo de tiempo del descanso, no quiso despertarlo así que permaneció en silencio, casi inmóvil, mirándolo y pensando mucho. Ya hacía mucho que algo le hacía ruido respecto a la personalidad de Crowley, claro que a primera impresión era fácil suponer que su familia era un caos, pero no fue hasta que vio esas cicatrices que se dio cuenta de que tanto había sufrido, toda esa actitud despreocupada, su rebeldía y lo libre que parecía, hasta el punto darle envidia, era una capa que cubría a un niño lastimado emocional y físicamente, que aún después de perder la confianza en todos, seguía siendo una buena persona. Aziraphale entendió verdaderamente la honestidad en sus palabras cuando el día que se conocieron le dijo que no quería que terminara como él, Crowley no se refería a terminar siendo un busca problemas, se refería a que no quería que terminara siendo herido de la misma forma.

Malas influencias Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora