Renacimiento

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Crowley siempre bebía café de la misma forma y detestaba cuando las cafeterías no conseguían hacerlo suficientemente cargado, quizá no querían ser los responsables de provocarle un infarto, pero recientemente había visto buenas reseñas en instagram sobre una cafetería en Soho. Iría hasta el último rincón del mundo por un buen café y sería un extra que siempre le había gustado conducir, pero más que el café y manejar un auto, amaba ir a comprar café en ese Bentley, por fin en sus manos y legalmente suyo desde hace 10 años. Lo había heredado de su abuelo mucho más tiempo atrás pero su padre jamás se lo dijo, era increíble que durante tanto tiempo le hubiera prohibido tocar algo que era suyo, pero cuando también falleció ya no hubo forma de que el auto y todos los demás bienes no le fueran entregados. Quizá otras personas hubieran rechazado las herencias de los padres que tanto daño les hicieron pero Beelz y Crowley no eran estúpidos, era lo mínimo que podía hacer ese hombre tras el horror que les hizo pasar, quien no quiso ni un centavo fue su madre, después de todo ella se había llevado siempre la peor parte por más años y tenía su propia fortuna familiar, pero nunca quiso ver a sus hijos, todo el proceso se había hecho por medio de abogados y representantes legales.

Según el GPS había llegado a la calle en que se encontraba la cafetería pero veía algo que no le gustaba, había una fila muy larga y el lugar por dentro estaba lleno, no soportaba hacer filas, ningún café lo obligaría hacer una fila tan larga. Bajó del Bentley y se apoyó sobre la puerta, resopló molesto y miró al rededor, no era un lugar que frecuentemente visitara ¿Que podía hacer mientras? Había muchas tiendas, pero no estaba seguro que la fila disminuyera mientras hacía otra cosa, debería ir otro día.

-¡Idiota mira al frente!- Un conductor gritó porque estuvo a nada de arrollar a un despistado que cruzaba la calle.

Pero escuchar eso hizo que instintivamente Crowley mirara en esa dirección y se encontró con un edificio viejo "A.Z. FELL AND Co" se podía leer sobre la puerta, era una librería.

Un montón de memorias fueron cayendo como una tormenta en su cabeza, las buenas las malas y un recuerdo en específico fue el que le dio valor de moverse:

Después de que Aziraphale lo había dejado con el alma hecha pedazos, se había encerrado con llave en su habitación, pasaba todo el día ahí sin salir para nada mas que para ir al baño, mantenía la música a todo volumen y solo se detenía para dar paso a otro disco y repetir la acción una y otra vez. La situación llegó a tal que Beelz y Jim se dieron cuenta, por lo menos Jim entendía la razón, Beelz solo estaba al borde de la locura si escuchaba una vez más "love of my life". Primero intentó ser educado y tocar la puerta pero con Crowley nada funcionaba por las buenas, tuvo que quitar el pomo de la puerta con un desarmador para poder entrar, apagó la grabadora junto a la cama pero un brazo se escurrió por debajo de esa bola de cobijas y la encendió otra vez, luego volvió a desaparecer. De nuevo Jim apagó el aparato y lo desconectó, el brazo bajó para presionar el botón pero al darse cuenta que no funcionaba hizo una seña con el dedo medio y la regresó a las cobijas.

-Crowley, entiendo y respeto como te sientes, pero no puedes quedarte ahí para siempre, tienes que comer, tomar agua y volver a la escuela... tus plantas están muriendo-

Crowley no hacía ni un ruido, nisiquiera se movía.

-Esta bien, no tienes que hablar sobre lo que pasó pero tu selección musical te delata mucho... ¿Recuerdas que te dije que a tu edad el amor es más bonito y sencillo? Seguro crees que no es cierto, pero lo es, ha sido la primera vez que te enamoras, todavía no entiendes muchas cosas, aunque sientas que te vas a morir, vas a estar bien... voy a preguntarte algo y no me des la respuesta a mi, solo tú debes saberlo ¿Amabas a ese chico o solo amabas la forma en que te hacía sentir?-

Cuando salió de aquel recuerdo ya se encontraba frente a la puerta de la librería, respiró profundamente y la abrió, la campana sonó y entró con seguridad, giró sobre si mismo para observar el lugar, aun para ser una librería le parecía que había demasiados libros, no sólo estaban en los estantes, había muchos sobre varias mesas, en algunas cajas y hasta en alguna silla. Tenía columnas amarillas y las paredes de color carmín, techos altos y más y más libros en el segundo piso por el que se podía llegar por una escalera de caracol, había también un toca discos que reproducía algo de Bach, todo era exactamente como alguna vez le contó ese niño, solo faltaba una cosa.

Malas influencias Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora