Beelz, como todo el mundo le decía (nadie sabía su nombre real, debía ser algo bíblico seguramente como lo era la J en Anthony J. Crowley) era apenas 10 años mayor que Crowley, no sabía bien como educar o cuidar a un adolescente pero lo que sí sabía es que a su lado estaba mil veces mejor y más seguro que con esos abusadores que decían ser sus padres.
Cuando vivía con ellos su vida llegó a punto que se volvió insoportable, las exigencias, los regaños y castigos (fisicos) absurdos, solo por ser más grande se le pedía un nivel irrealista de madurez, su mente estaba por colapsar pero decepcionar a sus padres no era una opción, después de todo les debía hasta el aire que respiraba.
Hizo todo lo que le pidieron, pero nunca fue suficiente siempre querían más, nisiquiera pudo elegir su carrera universitaria aunque al final, ahí mismo se dio cuenta del mundo que existía fuera de la cerrada visión que le habían creado y deseó con inmensas ganas conocer todo lo que se había perdido por tantos años. Luego de una pelea gigantesca donde hubo amenazas, gritos, golpes y cosas rotas, tomó las pocas cosas que eran verdaderamente suyas y se fue, no sin antes gritarle a su hermanito que un día él también podría ser libre, y que cuando lo lograra lo estaría esperando, luego nunca más volvió a esa casa.
Ahora después de 9 años estaba tratando de arreglar a el niño que se quedó, desgraciadamente después de su huida, sus padres dejaron caer todo su enojo y frustración sobre Crowley, habían fracasado con un hijo y debían hacer todo lo posible por alejar al otro del mal camino, sin embargo sus métodos solo lo orillaron a terminar igual, con un poco más de daño emocional.
Cuando Crowley llegó estaba tan estropeado que sintió culpa, debió llevárselo y evitarle tantas cosas ¿pero que hubiera hecho un adolescente de 18 años con un niño? Con la estabilidad que tenía en ese momento los dos se hubieran muerto en la calle. En el presente lo único que podía hacer era ayudarlo, a su rara manera porque sus padres nunca les enseñaron afecto o como expresar emociones, la mejor idea que tuvo fue literalmente arrastrarlo a terapia, y que bien resultó porque al año por fin dejó de despertarse llorando en las noches, pero aún tenían mucho trabajo, ahora debían conseguir que durmiera más de 3 o 4 horas, por eso era tan insistente o amenazante con sus horarios para dormir.
Cuando lo vio tan fresco desayunando cereal a las 6:30 AM, sintió una tristeza que se volvió frustración, que se volvió enojó y terminó dándole un golpe en la cabeza, no debía pegarle pero a veces no podía evitar darle un empujón o buen sape porque era extremadamente irritante.
-¡Otra vez no dormiste, pendejo!-
-¡Aaauch! ¡Me acabo de levantar!-
-¿A que hora te dormiste?-
-No sé, ¿antes de 11? No me di cuenta, me dormí y hace unos 10 minutos me desperté... no me pegues no debes golpearme me causas traumas-
-Si a mi me los causaron primero, como sea, más te vale dormir al menos 8 horas, no quiero que retrocedas a... bueno a ya sabes como era y tampoco quiero tener que darte pastillas-
-Tal vez dormiría 8 horas si me dieras pastillas-
-¿Crees que no quisiera yo drogarme y fingir que nada pasó? No podemos solo volvernos unos adictos a los fármacos o la hierba...-
-¿Nunca lo vas a olvidar?-
-¡Alguien murió!-
-Pero no fue mi culpa, ese pendejo se metía toda la porquería que se encontraba-
-Pero tú estabas ahí maldito idiota, pudiste ser tú si hubieras seguido en eso-
-Por eso lo dejé-
-Si, después de la turbo paliza que te dieron por no pagarles, tuviste suerte de que solo debieras unas cuantas bolsas de marihuana, si hubieras llegado a probar otra cosa, estarías metido en un verdadero problema-
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Malas influencias
Fiksi PenggemarAziraphale y Crowley son dos adolescentes en medio de la búsqueda de su propia identidad y valores. Creciendo en un hogar estricto y religioso, cada uno ha tomado diferentes caminos: "el correcto y el descarriado" pero al conocerse ambos terminan in...
