Dulces Travesuras II

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"En cada imperfección de tu piel, descubro una historia que quiero conocer; en cada inseguridad, una oportunidad para amarte más profundamente."

Christian sentía una mezcla de emociones ante las travesuras que él y su marido compartian. Aunque le emocionaban, también le generaban muchas dudas. No se trataba de su pareja, sino de sus propias inseguridades.

Con el paso de los años, Christian había aprendido a aceptar que a veces tenía inseguridades con su cuerpo, algo que antes le costaba admitir. Decían que tener una pareja podía ayudar a superar estas cosas, y en su caso, era cierto, pero la inseguridad nunca desapareció por completo.

Esto se hizo evidente cuando estaba con Toto. En muchas ocasiones, se preguntaba cómo había logrado conquistar a ese hombre tan increíble. Toto siempre le daba respuestas, a veces con palabras, otras con besos y caricias en la oscuridad de la noche.

Recientemente casados, no querían dejar de tocarse, en realidad nunca querian dejar de tocarse. Una noche, mientras miraban la televisión, Toto propuso una idea que dejó a Christian pensando.

"¿Lencería?" dijo Christian, sentado en las piernas de Toto.

"Sí, lencería," respondió Toto, dejando besos en su cuello. "Podríamos probar, pero está bien si no quieres. Solo fue una idea," susurró en su oreja, mordiendo suavemente.

Una de las manos de Toto viajó entre las piernas de Christian, dejando un sutil apretón. Christian, aunque conocía los métodos de Toto para convencerlo, no estaba muy seguro esta vez.

"Déjame pensarlo..." dijo Christian, suspirando sintiendo los suaves besos en su cuello.

"Está bien..." respondió el austriaco y continuo esparciendo besos por el cuello de Christian, si habia comenzado una tarea debe finalizarla.

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Entonces antes de dar una respuesta definitiva, los días de Christian se basaron en mirarse al espejo cada que iba a la fábrica, en el baño después de tomar una ducha.

No habían hablado del tema de vuelta, eran así. Toto no insistía, a menos que notará que a Christian le afectaba lo suficiente, habría una conversación.

En su mente, la idea de la lencería estaba llena de clichés y temía que se vería ridículo, que el acto sería incómodo y que Toto podría perder interés en él.

Una noche, mientras estaban acurrucados en la cama, Christian rompió el silencio.

"¿Recuerdas lo de la lencería?" dijo.

"Sí," respondió Toto.

"Lo he pensado... realmente no sé si hacerlo. No creo que te guste o me guste... no lo sé," dijo Christian, acariciando el pecho de su esposo.

"¿Por qué no te gustaría?" preguntó Toto, acariciando su espalda.

"No creo que mi cuerpo..." comenzó Christian, pero Toto lo interrumpió suavemente.

"¿Qué pasa con tu cuerpo?"

"La lencería es para cuerpos hermosos," susurró Christian.

"Querido, ¿crees que no he fantaseado con verte en lencería?" dijo Toto.

"Tú... ¿qué?" dijo Christian, sonrojándose.

"Creo que estoy en el derecho de afirmar que tu cuerpo es hermoso," dijo Toto, plantando un beso en los labios de su esposo. "Pero no tenemos que hacer algo si no quieres."

Entonces el acuerdo era ese, Christian le diría a Toto que se siente listo o al menos que siente la curiosidad. De igual forma, Toto no volvió a sacar el tema. No cambió su actitud con Christian, no hizo nada diferente. De esa forma demostraba que entendía y comprendía lo que su esposo sentía.

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