Capítulo 24.

12 5 0
                                        

Lunes 21 de septiembre, de 1970.

09:30 am.

Micaela estaba en el colegio, feliz porque tenía una llave de su propia casa.

Había obligado a su madre que fuese a comprar una llave ese mismo sábado con su dinero.

El plan era que Guadalupe iba a sacar a su esposo el lunes por la tarde. Estaba enojada porque la última vez que su papá la había golpeado fue porque se enteró que iba al hospital a ver a María y desde ese momento cambió su horario de trabajo.

El hombre volvía temprano a ver cómo estaba ella y asegurarse de que no haga nada estúpido, como dice él y luego se volvía a ir para irse a no sabe dónde, pero no le importa la vida de su padre.

Micaela tenía hasta las 16 para ir al hospital, según su madre.

Estaba emocionada porque su padre ese día no la iba a retirar. Micaela le había insistido tanto a su madre para que pueda convencer a su padre que no la retire, que lo iba a hacer ella.

Ya quería salir del colegio. Camila la iba a acompañar para que no esté sola en el hospital.

ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ


12:25 am.

La misma Camila iba todos los días al hospital para contarle cómo estaba María. También iba a la casa de Micaela para ayudar a la madre de su amiga a curarle las heridas de la espalda.

Sabía todo lo que sucedió y todo gracias a que un día, la madre de Micaela la esperó en la salida del colegio para contarle de toda su situación, de por qué faltaba mucho al colegio.

Se sabía el horario del padre de Micaela, una vez se escondió detrás de un árbol porque vio al hombre subirse a su auto. Se tuvo que aguantar las ganas de querer golpear a Antonio. No quería provocarle más problemas a su amiga.

Cuando vio que el hombre se fue, fue directamente a la puerta y la tocó tres veces para que la atendieran.

Esperó un poco y fue atendida por la mamá de Micaela.

—¿Camila? —preguntó la mujer un poco confundida por la visita de la niña con un estómago muy pronunciado— ¿Cuántos meses llevas?

—Llevo seis meses y mi bebé está muy saludable gracias a Dios —respondió y puso su mano en su bulto.

—¿Qué haces aquí? ¿Y Micaela?

—Me dijo que me adelantara. Que tenía que hacer algo en el colegio. Creo que tenía que hablar con un amigo de María.

—¿En serio?

Camila afirmó con su cabeza.

En la salida del colegio, Mario quería hablar con Micaela sobre sus sentimientos y ella aceptó porque le parecía un buen muchacho.

Así que se fueron a un negocio a hablar con tranquilidad.

ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ


12:45 am.

Mario y Micaela estaban en el negocio de Don Pablo. Se habían comprado dos sandwiches con una bebida para ellos dos.

—Decime la verdad, ¿amas a mi mejor amiga?

—La amo como no te imaginas.

—Yo te amo mucho, Mica... Me gustaste desde el primer día que entraste por la puerta de nuestra aula.

—Mario —habló con firmeza luego de ver como el chico quería llorar—, no te quiero mentir. No siento nada por ti, ni siquiera como amigo porque no tuviste la valentía para acercarte a mí para ser amigos. En cambio, María sí —Sabía que estaba siendo dura, pero no quería darle falsas esperanzas a su compañero—. Búscate a una chica que te pueda amar como tú a ella.

Can't help falling in loveHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora