Capitulo 189: Salvación Divina

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'¡Debo apresurarme!'

Artemisa no perdió tiempo, consciente de que estaba en una carrera contrarreloj. Sin dudar, decidió ir con todo desde el inicio.

Su plan era, por supuesto. Salvar a Kazuma, pero para eso debía despejar el camino qué se hallaba frente a ella.

Una luz envolvió de repente. Su cabello, blanco como la nieve, pasó a una cascada de azules y púrpuras oscuros, como si fragmentos del cosmos se hubieran incrustado en cada hebra, y cada estrella brilló como un punto en su cabellera.

Su manto se convirtió en una armadura negra ajustada, adornada con patrones de lunas y estrellas.

El torso y las piernas de su armadura estaban decorados con inscripciones semejantes a constelaciones brillantes que parecían moverse y resplandecer con vida propia.

Mientras caía de los cielos, Artemisa extendió su ser, y líneas etéreas danzaron en su mano, como si el firmamento mismo respondiera a su llamado.

Era consciente del riesgo que corría al traer tal poder a un mundo sin autorización divina. Pero a estas alturas, si realmente deseaba salvar a Kazuma, debía asumir completamente el riesgo.

Con la creación del universo, eventualmente resurgieron los dioses. Estas deidades personificaban y encarnaban un campo o área específica que proveía y moldeaba tanto el mundo terrenal, espiritual y astral, de una u otra manera.

Con el tiempo, se establecieron reglamentos estrictos qué incluso los dioses seguían y qué con el fin de que no hubiera caos en el infinito, se alzaron procedimientos para enfrentar diversas amenazas o calamidades que podrían resurgir con el pasar del tiempo.

En tiempos antiguos, cuando las guerras eran demasiado comunes, incluso cuando las deidades eran participes. Los dioses lograron expandir parte de su energía para moldear un tipo de herramientas, tan letales y devastadoras que podían ayudarlos en combate o en el apoyo.

A diferencia de las "reliquias divinas" qué son creados a partir de ellos y otorgados hacia los mortales, estas herramientas no son meros objetos, sino extensiones de su existencia.

Cada dios existente posee una herramienta mística, llamada "artefacto celestial" que encarna y extiende gran parte del mismo concepto que representa.

Con estos artefactos, los dioses pueden manifestar su verdadero poder, canalizando su esencia para influir en el mundo de formas inconcebibles para los mortales.

Y así, teniendo en cuenta que Artemisa iba contra el propio error del universo, sabía que era momento de recurrir a su propia herramienta divina.

'¡Es ser castigada o ser comida por esas cosas! ... Obviamente me decantaré por la opción menos riesgosa.'  Fue lo que concluyó Artemisa de manera apresurada. 

Finalmente, las líneas se atenuaron, y un arco casi semitransparente, que parecía doblar el mismo espacio, se arremolinó en sus manos.

Este era su propio artefacto celestial, el "Arco del Horizonte".

-Hola de nuevo, querida. —Dijo Artemisa burlándose un poco.

Artemisa estiró su artefacto celestial, no para apuntar directamente al gran ser en altamar, sino para desviar su tiro a través de las nubes. Colocando todo su poder en esa flecha, disparó.

*Resplandor*

Y de repente, se hizo la luz. Un cálido resplandor que trajo consigo la gracia celestial, revelando cada abominación que se arrastraba confundida sobre la tierra.

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