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El sábado llegó luego de una semana llena de cosas... raras.
Gracias a la charla con Santiago, Germán estaba muy atento a las acciones de Tomás, aunque este no mostraba absolutamente nada extraño.

El de lentes revolvía su armario en busca de un outfit digno para la fiesta en lo de Rodrigo, mientras a su mente volvían recuerdos de cuando fueron al centro comercial con Rodríguez. Sonrió involuntariamente.

Un mensaje en su celular hizo que se asuste, pues el tono estaba muy fuerte.

“Hola Ger, ¿te llevo a la noche?” era Tomás. Ignoró la notificación y bloqueó el celular, pero sonó nuevamente.

“Te llevo hoy, ¿no? te paso a buscar a las nueve, chiquito” Y sí, era Santiago.

Suspiró como una estúpida adolescente enamorada, parecía un idiota con esa sonrisa boba en su rostro, que obviamente era inconsciente, porque si se veía a un espejo, era probable que empiece a reírse de sí mismo.

“Está bien” aceptó la propuesta de Rodríguez, mientras pensaba amablemente como rechazar a Tomás.

“No hace falta Tomi, Santiago me lleva. Gracias igual” satisfecho con su respuesta, simplemente bloqueó su celular otra vez y volvió a su armario.

[...]

La noche cayó sorpresivamente rápido. Germán daba los últimos detalles a su conjunto, como sus brillosos anillos y su hermoso collar dorado.

El ruido de la motocicleta fuera de su edificio hizo que se apurar en la puesta de perfume.

—Chau ma, me voy— saludó a su madre con un beso en la mejilla.

—¿A qué hora volvés?— preguntó curiosa, pues la vez anterior Usinger ni siquiera había vuelto.

—No sé. Es probable que me quede a dormir ahí— se encogió de hombros. Su madre asintió.

—Mandale saludos a Santiago— fue lo último que dijo antes de que el de lentes cerrara la puerta.

El gran vidrio de la entrada dejaba ver a un Santiago bastante más arreglado que de costumbre. Su chaqueta de cuero parecía nueva y sus pantalones eran blancos, no negros como de costumbre.

El castaño quedó perplejo ante esa imagen y abrir la puerta le costaba ya que no lograba concentrarse en la cerradura.

—Dios, abrite— refunfuñó por lo bajo. Luego de varios intentos, logró salir del edificio.

—Hola, chiquito— saludó, reposado en su motocicleta.

—Hola —sonrió— me gusta lo que tenés puesto.

—¿Es un halago? capaz que estás enfermo, ¿seguro que querés ir?— rió burlón.

—Dale, vamos— rió mientras lograba subirse a la moto.

Abrazó a Rodríguez por la cintura e inhaló el masculino perfume luego de varios días sin hacerlo.

El trayecto estaba siendo tranquilo, pues no estaban llegando tarde. Germán podía observar las calles de Buenos Aires, los edificios y la gente pasar.

Luego de unos minutos por fin llegaron a la enorme casa de Carrera. Blanca por fuera con una reja que la protegía.

Germán le envío un mensaje a su amigo de ojos verdes para que les abrieran la puerta, al instante Rodrigo e Iván salieron.

—¡Ger! qué bueno que viniste— sonrió y miró a Santiago— y con compañía— guiñó el ojo burlón— Tomi y Franco están adentro.

—Qué onda amigo, Gonza está insoportable, no está ni hace media hora y ya se tomó todo lo que había— comentó Iván a su amigo mientras entraban, habían dejado atrás a Germán y Rodrigo.

—¿Otra vez llegaste con Santiago? agh, con razón Tomás estaba de mal humor— contó Rodrigo en voz baja.

—¿De mal humor?—rió —¿por qué estaría de mal humor?

—Supongo que está celoso— se encogió de hombros.

—¿Celoso?— ladeó su cabeza— no tiene por qué ponerse celoso, él no es mi novio y Santiago es mi amigo.

—Sí, ya lo sé. Pero a veces es incontrolable, ¿sabés? a mí me dan ganas de matar a cualquiera que se acerque a Iván, y todavía no es mi novio— sonrió. Germán lo miró con algo de miedo— es joda eh... o no— bromeó. Ambos rieron.

Al entrar a la casa, sintieron la música retumbando en sus oídos. Había una gran cantidad de gente.

Rodrigo arrastró a Germán hacía donde estaban sus amigos.

—¡Ger!— saludó emocionado Tomás, aunque había algo de enojo en sus ojos, el castaño logró percibirlo.

Estaría alerta.

[...]

—¡Gente!— Morte se había parado encima de la barra de tragos, llamando la atención de todos los que estaban en la fiesta.
Ya estaba un poco ebrio, pues habían pasado unas horas desde que la fiesta comenzó.

Al ya tener la atención de todos, continuó;—¿Quién se copa para un siete minutos en el paraíso?— la mayor parte de la gente gritó en aprobación.

—¿Ustedes van a jugar?— preguntó Santiago a Iván y Gonzalo.

—Yo re estoy amigo, ¿ustedes?— contestó Banzas, con un alto nivel de ebriedad.

—Yo paso— dijo Buhajeruk— pero jueguen, es divertido.

—¿Qué es eso?— preguntó Germán con inocencia a Rodrigo.

—Basicamente; se ponen en ronda todos los que van a jugar y en nuestro caso, se gira una botella en el medio. Las puntas de la botella apuntan a dos personas, esas tienen que encerrarse por siete minutos en una habitación chiquita, en este caso, el baño de ahí— señaló— no les voy a prestar otra habitación de la casa. Las dos personas pueden hacer lo que quieran, besarse, hablar o hasta coger, pero solo por siete minutos— explicó.

—Nunca lo escuché— se encogió de hombros— voy a jugar, ¿te sumás, Tomi?— preguntó al pelinegro, este asintió.

—¡Acerquense y formen una ronda!— gritó Franco aún subido a la barra.

Se ubicaron todos formando un círculo. Santiago se sentó junto a Gonzalo, mientras que Germán se sentó solo, pues Tomás se había ido a otra punta.

—¿Ya están?— al unísono gritaron 'sí' y la botella comenzó a dar vueltas.

[...]

Fueron varias parejas las nominadas para ir al 'paraíso' pero a Germán no le tocaba con nadie y ya se estaba comenzando a aburrir.

—¡Gira!— gritó Franco antes de hacer girar nuevamente aquella botella de vodka vacía.
Todos estaban atentos a ver a quien le tocaba en ese momento. Un silencio se formó, igual que todas las rondas anteriores, solamente la música se escuchaba de fondo.

La botella se detuvo, señalando por un lado a Germán, y por otro lado a Santiago.

—¡Germán y Santiago! ¡al paraíso!— exclamó Morte con una sonrisa bastante burlona en sus labios.
Usinger tragó saliva y sus mejillas comenzaron a tornarse rojas. Rodriguez le guiñó un ojo mientras ambos se levantaban para ir al baño.

La puerta se cerró por fuera y Franco dijo;—¡Tienen siete minutos para hacer lo que quieran!— y simplemente se fue.

La música se disipó. El baño era más pequeño de lo que pensaban.

—¿Entonces?— Santiago se acercó al de lentes— ¿qué querés hacer?— tomó su mentón con una sonrisa burlona. Examinando cada parte del rostro ajeno.

Germán estaba tan nervioso que las palabras no llegaban a salir, jamás se había sentido así con su amigo de ojos azules.

—Yo... eh...—titubeó, aún con el agarre de Santiago— nunca jugué a esto— terminó de decir, nervioso.

El agarre no sesó, su otra mano se deslizó a la cintura del más bajo;— Lo que pasa en el paraíso...— se acercó aún más— se queda en el paraíso.

WTBA - santutu x unicornioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora