La cita

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El sonido de la vibración en la mesilla me rompe un sueño que soy incapaz de recordar. Quiero quedarme donde quiera que estuviera, pero al abrir los ojos, el paraíso se esfuma de mi mente. Son las ocho de la mañana de un domingo que intuyo que se me va a hacer muy largo.
Las patitas de Camarón repiqueteando en la tarima a ritmo de saltitos, me indica que voy a tener que salir a la calle antes de desayunar. Me visto con ropa de deporte, me recojo el pelo y salgo de casa detrás de una gafas de sol oscuras.
Me adentro hacia el parque orientándome hacia el camino de tierra. Camino detrás de Camarón que de vez en cuando se voltea para comprobar que lo sigo. Pienso en sí estaré haciendo bien en aceptar la invitación de Vanesa a su casa, pero también pienso que si salimos fuera, corremos el riesgo de que nos vean y se arme revuelo, y es lo que menos quiero. Tengo que dejar de darle vueltas, ya he tomado la decisión, y además quiero hacerlo aunque mi parte catastrofista ya me esté haciendo el lío.
Volvemos a casa después de que Camarón haga sus cosas, y manteniendo su pose de perro de alta alcurnia, se dirige sin mirar atrás a su cama. Me rio mientras lo observo. Nunca será suficiente para él el rato que estemos en la calle.
Me preparo un café y media tostada, y me salgo a la terraza para desayunar tranquila. Aun tengo tiempo de llegar sin prisas. Los domingos son mucho más relajados, son un espejo prácticamente del sábado.
Sonrío cuando descubro que Vanesa ha estado viendo mis historias y además me ha dejado un corazón en una. Serán cosas de crías, pero algo se me remueve en el estómago y me doy cuenta de que mi memoria, ha extirpado todos los momentos agrios que nos separaron, es como si, de repente, todo estuviera empezando de cero.
Paso el día nerviosa, siendo completamente consciente del berenjenal en el que me estoy metiendo. Me sonrío a mí misma y a mi "nunca más".
Envío un mensaje a Maje, si no le cuento lo que está pasando, reviento.

"Buenos días, cuñi, ¿despierta?" - Enviado.
"Buenos días, amore. Despierta, ¿qué tal?" - Recibido.
"Tengo algo que contarte" - Enviado.
"Te llamo" - Recibido.

Sonrío a la pantalla y pienso en la suerte que tengo de tenerla en mi vida, y además, de tenerla tan cerca.

— Soy toda oídos. - Me dice según descuelgo. Me río.
— Han pasado cosas estos días. - Le digo haciéndome la interesante.
— ¿Qué cosas, Moni? ¿Has conocido a alguien? - Me pregunta yendo al bulto.
— No exactamente... pero he quedado con alguien. - Le digo.
— Deja de dar vueltas que me estás poniendo nerviosa. - Se ríe.
— He quedado con Vanesa... Martín... mañana... en su casa... - Le digo a saltos mientras mantiene el silencio absoluto al otro lado de la línea.
— Pero... ¿Estás segura? - Me pregunta.
— Ay... no lo sé... - Le digo.
— ¿Y cómo ha sido? ¿Así? ¿De pronto?

Me dispongo a contarle todo lo que ha pasado en los últimos días.

— Hostia, Moni... - Me dice. — El destino está cabezón... ¿eh? — Sigue.
— Bufff... No debería... ¿verdad? - Le digo.
— ¿Te apetece? - Me pregunta.
— Mucho. Pero no espero nada, sólo creo que nos debemos una conversación sin reproches. - Le digo.
— Una conversación... dice... - Se ríe.
— Tía... que sí... - Le digo acompañándola en su risa. — Debería decirle que no... - Reflexiono después de las risas.
— ¿Y eso por qué? Yo también pienso que lo vuestro fue algo tan bonito y tan especial, que os merecéis esa conversación. - Me dice con mucho cariño.
— Ay... cuñi... y si...  - Digo
— Y si... nada - Me dice rápidamente sin dejarme terminar. — Te apetece ir, ve. - Resume. — Después ya veremos qué hacemos. - Vuelve a reírse.
— Me estoy poniendo muy nerviosa. - Digo.
— Esa mujer te quiso mucho, Moni, y de verdad, aunque al final hiciera el idiota de mil maneras diferentes. - Me dice.
— Ya... lo pasé tan mal... - Vuelvo a recordar.
— Seguramente, ella también, deja que te lo cuente. No todos reaccionamos al dolor de la misma manera. - Me dice.
— Te llamo luego. - Le digo mirando al reloj.
— Ya sé... no llegas... - Se rie. — Pasa buen día. Te quiero.
— Y yo a ti,  mucho. Dale besos a mis niños. – Le digo.
— Será si me dejan. - Se ríe. — Hasta luego.

Cuando no estabas Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora