Extra IV: Los hijos de las reinas. El raro caso de Aegon y Jaehaera .

273 22 8
                                        

"A veces es difícil distinguir la locura de la desesperación"

—Maestre Luwin

════ ∘◦❁◦∘ ════

#UnaHijaMás

Jaehaera de la casa Targaryen es una princesa de Desembarco del Rey, fue la única hija de la casa hasta la llegada de Laena, la primogénita de la princesa Baela y el príncipe Daeron. Tiene catorce años, es delgada y nervuda, más hueso que músculo y más preparada para montar un dragón que para ser una dama. No ha podido serlo nunca ni cree que lo alcance. Ha pasado tanto tiempo siendo una discípula de su tío Aemond que le es difícil imaginar una vida en la que no tenga una espada en la mano y una daga en la cadera.

No ha renunciado a las sedas, las piedras preciosas y los bailes, es solo que la vida le ha resultado más cómoda tirando al piso a sus hermanos, saltando entre las columnas del castillo y escuchando reír a Aegon. Aegon es su primo, el cuarto hijo de la reina y su prometido. Han estado juntos por tanto tiempo que la princesa a veces supone que no hubo tiempo antes de él, de las peleas en el patio, de los gritos de los maestres y de las interminables reprimendas de las septas.

Jaehaera lee con lentitud, escribe de manera temblorosa y le es imposible contar más allá de lo que sus dedos le ofrecen. Los rezos a los dioses le son tan ajenos como los conceptos de pobreza y hambre. Ha crecido, como dicen algunos, "como una salvaje". Ella no entiende qué tiene de malo aquello, ella no será la reina, no tiene que impresionar a ningún hombre y, en definitiva, no va a quedarse tejiendo tapices como su madre o llorando frente a altares como su abuela. No. Ella va a montar a Morghul, su hermoso dragón de escamas negras, y volará con él hasta los confines del mundo, donde pueda ver mariposas gigantes, palacios de perlas, dioses de tez oscura y maravillas de las que ni la Serpiente Marina escuchó. A su lado irá Aegon, porque lo han estado planeando desde que entendieron lo que significaba estar comprometidos y lo que se esperaba de ellos en la corte.

Su prometido es el príncipe menos príncipe que conoce. El primo Lucerys dice que Aegon debió ser maestre y Joffrey siempre está impresionado de la cantidad de cosas que sabe solo por pasar horas enterrado en la biblioteca del castillo. Aegon siempre le lee con paciencia, dejando que Jaehaera le pregunte sobre las cosas que no entiende y explicando cada una con la pertinencia que ninguno de sus educadores ha tenido. Él es solo dos años mayor, pero ella cree que tiene un mundo de distancia entre ambos.

Ese mundo, al menos, es más cercano del que tiene con las demás personas. Incluso su madre, que es tan suave y amable, parece encontrarle defectos en las pláticas que tienen, en sus acciones temerarias y, sobre todo, en la manera en que insiste en comportarse frente a los demás. No es su culpa que todos quieran decir cosas que ella no desea escuchar, ni que quieran tocarla cuando ella no ha dado permiso, ¿por qué tiene que bailar con un señor que no conoce? ¿Por qué tiene que fingir simpatía por las damas de su madre o su tía, sí la mayoría son mentirosas? ¿Qué clase de esposa sería si no pudiese defender a Aegon de posibles amenazas?

El problema es ese. Todos asumen que es solo una niña tonta. Y puede que lo sea. Sus lecciones de espada habían comenzado el verano después de la coronación de su tía, cuando su hermano Jaehaerys y su primo Viserys fueron enviados lejos. Sin ellos, su única compañía era Aegon, a quien ocupaban la mitad del día con un entrenamiento militar impartido por el tío Aemond, y a veces acompañado por el primo Luke. Jaehaera comenzó a asistir porque se aburría en el cuarto de su madre, atendiendo eternamente a delegados y sus esposas, hablando de temas que no entendía y bordando, siempre bordando. Se pinchaba tanto los dedos con las agujas que tenía costras en cada dedo, eternamente sangrantes, puesto que no podía pasar el día sin abrirse una, solamente por ansiedad.

RetroactivoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora