Extra II: Señora de Marcaderiva. Rhaena de Pentos, la que monta la aurora.

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Si el hielo puede arder, el amor y el odio se pueden emparejar. Montaña o pantano, da igual. La tierra es una.

―Jojen Reed

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#ElMatrimonio

Finales del año 134

La preparación para la ceremonia de boda es un borrón en la cabeza de Rhaena. Sabe que se despertó antes del amanecer, con la cera de muchas velas, comenzando a gotear sobre la alfombra al paso de las sirvientas. Se vio llena de varias capas de tela y joyas, antes de poder tomar un poco de agua. Baela estuvo al frente de todo, guiando a las damas sobre lo que debería o no llevar y cuál sería la mejor manera de hacerse todo. Rhaena solo se quejó por el hambre, la hora y el frío propio de las madrugadas de primavera.

―Comer el día de tu boda es un lujo bastante caro ―le instruyó una septa Rouge, traída por Daeron a la corte― puede arruinar tu vestido.

Aceptó con resignación aquella tempestad y se dejó hacer. Cuando bajó al comedor, desde los niños hasta la reina, tenían regalos para ella y Lucerys. Su tío, Laenor, y el abuelo Corlys fueron los más generosos, les entregaron una galera nueva, con sus nombres, dispuesta a hacer los viajes que fuesen necesarios para ambos. Luke estaba más emocionado que ella, pero supo sonreír y mantener la cordura hasta que pudo probar el primer bocado de pan. Supo a gloria, sobre todo cuando consiguió cerveza y miel para aderezarlo.

Su abuela, Rhaenys le entregó su capa para la ceremonia. Una bella tela de terciopelo negro, con piedras preciosas rojas, formando el dragón tricéfalo de su casa.

―Yo también nací Targaryen y me convertí en Velaryon ―le dijo en la habitación, antes de bajar al gran salón―. Nunca debes olvidar que naciste como un dragón y que llevas la sangre de la vieja Valyria en tus venas. No eres Baela, no huirás del compromiso, pero si eres mi nieta, hija de mi hija y de Daemon, sé que eres fuerte.

Las palabras arrullan sus pasos por la larga escalinata que la conducirá al último "sí" de su vida. Hoy ha elegido un vestido azul celeste, con cuentas negras y rojas en el raso, que simulan llamas subiendo por sus piernas. Jaery y ella consiguieron a las mejores bordadoras del reino para la tarea, cada cuenta cosida en un patrón cuidado. No sería una boda como la de Jace o la de Baela, con dragones, intentos de asesinato y celebraciones de días. No. Lucerys y ella acordaron una boda común en las escalinatas del trono, con nada más que los señores y señoras, propios de la corte, y algunos invitados.

El pequeño Viserys vino desde Bastión de Tormentas. Jaehaerys envió un regalo desde Lannisport con Helaena. Con un año desde la despedida de todos y su pronto viaje a Marcaderiva, la familia es cada vez más un asunto disperso.

Cuando llega a las puertas de la sala, su padre la toma del brazo. Hoy va de un negro intenso, con dragones plateados en su sobrecamisa; el cabello, largo una vez más, recogido detrás de su nuca. Un príncipe.

—Te ves hermosa —le susurra—. Tan impresionante como tu madre en nuestro primer baile.

Ha escuchado mil veces la historia de cómo Laena Velaryon no dudó ni un momento en coquetear con el hermano del rey. Servía como piropo común en las mesas de Pentos, cuando las personas preguntaban como él había logrado conquistar a una hija de Corlys Velaryon. Todos reían cuando él contaba la historia, su madre le regalaba un beso y se jactaba de haber robado un príncipe.

Sonríe con nerviosismo. Pensar en su madre la llena de tanto miedo como ansiedad.

Un heraldo anuncia su entrada.

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