Soy Ino Yamanaka

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Hinata jamás había tenido gente a su servicio no era de las personas que necesitara que hicieran todo por ella. Estaba acostumbrada a ser quien se lo hacía todo y así le gustaba cuidar de sí misma porque nunca había podido contar con nadie ni siquiera con ese bueno para nada que la embarazó y se largó unos días antes del parto, por lo que esa mañana, como ya era costumbre, se levantó temprano para preparar el desayuno.

_¿Señora, que hace aquí?

La voz de la esposa del mayordomo y quien se encargaba de la cocina, estaba no solo llena de asombro, sino también de censura al ver a la esposa de su patrón, invadiendo su lugar de trabajo y haciendo lo que se suponía era de suyo.

_Solo le preparaba el desayuno a Sasuke - respondió Hinata, rápidamente terminando de colocar una taza de café en una bandeja

_¿Piensa llevarle el desayuno a la cama al señor Uchiha?

Hinata no respondió, sólo le dedicó una mirada dulce a la mujer mientras terminaba de poner en el plato algo de comida. Por supuesto que lo haría, no hacía falta ni decirlo. Ese hombre la había salvado no solo de un destino incierto a ella, sino también a su pequeño, por lo que prepararle el desayuno y llevárselo a la cama era lo menos que podía ser para mostrarse agradecida.

No tardó en subir las escaleras, con su bandeja y llegar hasta el cuarto que compartía con su esposo, quién todavía seguía durmiendo.

Lo cual era bueno, así tendría tiempo de asear y alimentar a sus dos hijos antes de que su esposo se despertara, demostraría que había hecho una buena elección y que era digna de la confianza de ese hombre.

Cuando Sasuke despertó, se encontró el café, unas tostadas, huevos y algo de fruta cortada en una bandeja al lado de la cama, él no acostumbraba a desayunar, se tomaba el café y salía rápido a su trabajo, pero verla amamantar a uno de los bebés, sentada en la mecedora, hizo que no pudiera rechazar su desayuno y empezar a comerlo.

_Muchas gracias - dijo todavía en la cama con una tostada en la mano _Pero no debes tomarte la molestia, necesitas descansar y dejar que el servicio haga esas cosas por ti que para eso están.

Todavía le fascinaba el amor con el que Hinata amamantaba a los dos bebés y aquello le hacía añorar y desear haber visto a Sakura hacer lo mismo que ella, estaba seguro de que habría sido una buena madre para Sarada, si ella no hubiera muerto todo sería tan distinto ahora.

Se levantó para caminar hasta la cuna, observando que el bebé que esperaba tranquilo dentro y el que estaba en los brazos de su esposa llevaban la misma ropa ¿Cuál era el niño y cuál la niña? Con apenas tres días que tenían y lo poco que se había fijado en ellos, le costaba mucho distinguirlos.

_¿Por qué están los niños vestidos iguales? Así no puedo ver cuál de los dos es la mía o cuál es el tuyo.

_¿Acaso es importa? Ya que ambos son hermanos no hay problema en que lleven la misma ropa al menos mientras son bebés - respondió Hinata dedicándole una suave sonrisa a Sasuke. _Anda toma al bebé en brazos antes de que empiece a llorar - vió que se resistía a hacerlo lo que la llevó a tener que decir algo que quizás luego no cumpliría _Tal vez, así mañana, deje que la cocinera haga su trabajo y yo me dedique a descansar.

Se había prometido nunca cargar a esa bebé, la responsable de que su Sakura estuviera muerta y ahora no era capaz de saber si el pequeño que se removía en la cuna era la pequeña Sarada o era el pequeño Hisaki. Tras varios segundos de pensarlo, negó girando para observar a Hinata, ya que por nada del mundo lo haría, no podía, porque solo lo hacía más consciente, de cuánto había fallado como esposo, de que a pesar de saber las complicaciones que su primera esposa tenía y lo que los médicos recomendaron desde el principio, él la presionó para que le diera esa hija.

Doble Contrato: Adopción y Compromiso Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora