Wang Yibo, un millonario apuesto y serio, vive aislado en su lujosa mansión debido a una enfermedad cardíaca. Su vida cambia cuando Xiao zhan, un sirviente dulce y tímido, entra en escena. A pesar de su timidez, Zhan se enamora a primera vista de Yi...
Yibo despertó en la mañana sintiendo una ligera felicidad, recordando el jardín de la mansión como un refugio para él. Allí, entre las flores y los árboles, podía olvidar por un momento la carga de su enfermedad. Zhan lo acompañaba a menudo, llevando un libro o simplemente disfrutando del silencio junto a él.
Una tarde, mientras paseaban por el jardín, Yibo se detuvo junto a un antiguo banco de madera, sus ojos llenos de melancolía, algo que Zhan no había visto antes.
—Zhan, ¿alguna vez has tenido un lugar donde puedas olvidar todas tus preocupaciones? —preguntó Yibo, mirando el horizonte, mencionando sus palabras casi en un susurro.
—Sí, señor Wang. Para mí, es mi pequeño rincón en la biblioteca de mi antigua casa. Allí podía perderme en los libros y olvidar mis problemas —respondió Zhan con una sonrisa y emoción notable en sus ojos que brillaban con el recuerdo.
—Entiendo. Para mí, es este jardín. Aquí puedo ser yo mismo, sin las expectativas de los demás —confesó Yibo, sorprendiéndose a sí mismo por abrirse tanto con Zhan.
—Me alegra que tenga un lugar así, señor Wang. Es importante tener un refugio, un lugar donde uno pueda ser lo que quiera, sin miedo a ser juzgado —dijo Zhan, sintiendo una conexión más profunda.
Yibo asintió, sintiendo una cálida sensación en su pecho al escuchar las palabras de Zhan. Era raro para él encontrar a alguien con quien pudiera compartir estos sentimientos tan íntimos.
Mientras continuaban caminando, Zhan notó un viejo columpio colgado de un árbol, medio oculto por las hojas y los arbustos que había ahí.
—¡Mire, un columpio! ¿Le gustaría usarlo, señor? —preguntó Zhan, con una chispa de ternura y entusiasmo en su voz.
—Eso era de mi infancia. No lo he usado en años, recuerdo que era blanco con bordes dorados —respondió Yibo, mirando el columpio con nostalgia. —Ahora ya casi ni se nota su color.
—Pero, ¿por qué no intentar usarlo ahora? Podría ser divertido —sugirió Zhan, sonriendo de oreja a oreja.
Yibo dudó por un momento, pero luego se dejó llevar por la idea. Con la ayuda de Zhan, se sentó en el columpio y comenzó a balancearse lentamente. Por un momento, se sintió libre y despreocupado, como cuando era niño y nada le preocupaba.
—¡Esto es sorprendentemente agradable! —dijo Yibo, riendo suavemente.
—Me alegra que lo disfrute, señor Wang —respondió Zhan, riendo también.
Esa tarde fue sumamente agradable para los dos. Mientras el sol se ponía, Yibo y Zhan se sentaron en el banco del jardín, hablando y riendo como amigos. La conexión entre ellos se hacía más fuerte cada día.
—Señor Wang —comenzó Zhan, con una mezcla de timidez y curiosidad—, ¿por qué este jardín es tan especial para usted?
Yibo suspiró, mirando las flores que los rodeaban. —Este jardín fue creado por mi madre. Cuando era niño, ella y yo solíamos pasar horas aquí, hablando y jugando. Es uno de los pocos recuerdos felices que tengo de mi infancia.
—Debe haber sido maravilloso tener esos momentos con ella —dijo Zhan, tocando suavemente la mano de Yibo.
Yibo sintió el calor del contacto de Zhan y, por un momento, se permitió disfrutar de la cercanía. —Sí, lo fue. Pero después de que mi padre se enfermó, todo cambió. Mi madre se volvió más distante, más preocupada por el futuro de la empresa que por mí —dijo un tanto triste.
—Lo siento, señor Wang. No puedo imaginar lo difícil que debe haber sido —dijo Zhan, con sus ojos llenos de comprensión.
—Gracias, Zhan. Tus palabras significan mucho para mí —respondió Yibo, apretando suavemente la mano de Zhan.
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A medida que el cielo se oscurecía y las primeras estrellas aparecían, Yibo y Zhan seguían conversando, sus voces mezclándose con el susurro del viento entre las hojas. Compartieron historias de sus vidas, sueños y miedos, creando un vínculo que se fortalecía con cada palabra.
—Zhan, ¿alguna vez has tenido miedo de que alguien te conozca demasiado? —preguntó Yibo con una voz suave y vulnerable.
—Sí, señor Yibo. Siempre he tenido miedo de que si alguien me conociera de verdad, no me aceptaría —confesó Zhan, mirando al suelo.
Yibo levantó la barbilla de Zhan con suavidad, obligándolo a mirarlo a los ojos. —No tienes que tener miedo conmigo, Zhan. Aprecio todo lo que eres —dijo sinceramente y con calidez en sus palabras.
Zhan sintió una calidez en su pecho y sus mejillas enrojecerse un poco al escuchar esas palabras, y por un momento, sintió que todo estaría bien mientras Yibo estuviera a su lado. Los dos se miraron y sentían que su conexión y relación crecía cada vez más.
La noche se hacía más fría, y finalmente decidieron regresar a la mansión. Mientras caminaban de vuelta, Zhan se dio cuenta de que, a pesar de las diferencias y los obstáculos, había encontrado en Yibo a alguien con quien podría compartir su corazón.
—Buenas noches, señor Wang —dijo Zhan cuando llegaron a la puerta de la mansión.
—Buenas noches, Zhan. Gracias por esta tarde. Realmente la necesitaba —respondió Yibo, con una sonrisa genuina. —Te quería pedir que me llames por mi nombre, ahora que nos hemos vuelto más cercanos.—
Zhan se sorprendió, pero aun así aceptó con una sonrisa.
Esa noche, ambos se fueron a la cama con una sensación de paz y esperanza, sabiendo que, aunque el camino no sería fácil, tenían el apoyo y la comprensión del otro para enfrentar lo que viniera.