Wang Yibo, un millonario apuesto y serio, vive aislado en su lujosa mansión debido a una enfermedad cardíaca. Su vida cambia cuando Xiao zhan, un sirviente dulce y tímido, entra en escena. A pesar de su timidez, Zhan se enamora a primera vista de Yi...
Al regresar de su viaje, Yibo se sentía más feliz y seguro que nunca de su amor por Zhan. Sin embargo, al llegar a la mansión, se encontró con una atmósfera tensa. Su madre, la señora Wang, estaba esperando en la sala principal, con el ceño fruncido y una postura rígida que denotaba su enojo. Había descubierto su ausencia y, más aún, su escapada romántica con Zhan. Decidida a confrontar la situación, buscó a Zhan por toda la casa hasta encontrarlo en el jardín trasero, regando las flores que tanto le gustaban a Yibo.
—Zhan, necesito hablar contigo —dijo la señora Wang, con un tono cortante y amenazante.
Zhan se giró lentamente, dejando la regadera a un lado, sintiendo cómo su corazón comenzaba a latir más rápido por los nervios. —Claro, señora Wang —respondió con voz temblorosa, sabiendo que la conversación que venía no sería fácil.
La señora Wang se acercó con paso firme, sus ojos destellaban de desprecio y determinación. —Esta relación con mi hijo debe terminar. No eres adecuado para él —afirmó con frialdad, su tono no admitía réplica.
Zhan, sintiendo que no podía retroceder, trató de hablar con calma. —Pero, señora Wang, amo a Yibo y él me ama a mí. Nuestra relación no es algo que se pueda romper así como así —dijo, tratando de mantener su voz serena, aunque sentía un nudo en la garganta.
La señora Wang entrecerró los ojos, cada palabra de Zhan la irritaba más. —No me importa lo que sientas o lo que mi hijo diga. Haré lo que sea necesario para separarlos. Esta relación es una vergüenza para nuestra familia —advirtió con firmeza, cada palabra impregnada de veneno.
Justo en ese momento, Yibo, que estaba pasando por los pasillos del segundo piso, escuchó las palabras de su madre resonando en el aire. Sin pensarlo dos veces, bajó rápidamente las escaleras y se dirigió hacia el jardín. Al ver la escena, con Zhan frente a su madre, claramente afectado por sus palabras, sintió una oleada de rabia.
—¡Madre! —exclamó Yibo con furia contenida, su voz resonando en el jardín—. ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué le hablas así a Zhan?
Zhan, al verlo, trató de calmarlo, preocupado por la tensión que se generaba. —Yibo, no pasa nada. Todo está bien. No te preocupes —dijo, intentando desviar la atención y evitar un conflicto mayor.
Pero la señora Wang no se detuvo. Continuó con su discurso, ignorando la presencia de su hijo. —Zhan, te lo repito: esta relación debe terminar. No eres más que un sirviente, y mi hijo merece algo mucho mejor. No permitiré que arruines su futuro —sentenció, su voz se alzaba con autoridad.
Yibo, incapaz de contenerse más, sintió cómo la rabia le subía hasta la cabeza. —¡Basta! —gritó, con la voz temblorosa por la ira—. No puedes hablarle así a Zhan. ¡Es mi pareja y lo amo más que a nada en este mundo!
En ese instante, Yibo sintió una punzada en el pecho, su respiración se volvió errática y comenzó a jadear. Se llevó la mano al corazón, tratando de calmarse, pero el pánico se apoderó de él. Antes de que alguien pudiera reaccionar, Yibo tomó un profundo bocado de aire y se desplomó en el suelo, inconsciente.
—¡Yibo! —gritó Zhan, aterrorizado, arrodillándose junto a él.
Zhan se inclinó sobre el cuerpo inerte de Yibo, su corazón latía con fuerza en sus oídos mientras intentaba mantener la calma. Con manos temblorosas, verificó el pulso de Yibo y se dio cuenta de que su respiración era irregular y su corazón latía de manera acelerada y desigual. Sabía que el estado de Yibo era crítico. Sin perder tiempo, sacó su teléfono y llamó al doctor Liu Hai Kuan, el médico de cabecera de Yibo que siempre había atendido su delicada condición cardíaca.
—¡Doctor Liu! Necesitamos ayuda urgente. Yibo se ha desmayado y no está respirando bien. Su corazón... está latiendo demasiado rápido —dijo Zhan, la voz quebrada por la desesperación.
En menos de quince minutos, el doctor Liu llegó a la mansión con su equipo médico. Al entrar, encontró a Zhan sosteniendo la mano de Yibo, y a la señora Wang en estado de shock, parada al lado, sin saber qué hacer. El doctor se arrodilló junto a Yibo, verificó su estado y comenzó a realizar maniobras de reanimación.
Tras varios minutos que parecieron eternos, Yibo recobró la conciencia, pero su estado seguía siendo preocupante. El doctor Liu, con el ceño fruncido, se volvió hacia Zhan, quien lo miraba con ojos llenos de esperanza y temor.
—Doctor Liu, ¿cómo está Yibo? —preguntó Zhan, con voz temblorosa.
El doctor Liu suspiró, limpiándose el sudor de la frente. —El señor Wang está grave. Su corazón ha sufrido un gran esfuerzo en este último mes y hoy, con la agitación, su corazón se detuvo por unos milisegundos. Esto es muy peligroso. Un parón cardíaco, aunque sea breve, puede tener consecuencias muy serias. Necesita reposo absoluto y evitar cualquier situación que le cause estrés —explicó, con tono grave.
Las palabras del doctor cayeron como un balde de agua fría. Zhan se quedó mirando a Yibo, quien estaba pálido y débil, con una mezcla de miedo y dolor en su mirada. La señora Wang, aún asimilando lo que había pasado, se acercó lentamente, intentando tocar a su hijo, pero Zhan se interpuso, protegiéndolo.
—Esto es tu culpa —dijo Zhan, con una calma que escondía una profunda tristeza—. Si no hubieras sido tan dura con él, si tan solo lo aceptaras como es, esto no habría pasado.
La señora Wang, sin palabras, retrocedió, dándose cuenta de que su terquedad y prejuicio habían puesto en peligro la vida de su propio hijo.
El doctor Liu se dirigió a la señora Wang con un tono más severo del habitual. —Señora Wang, si quiere que su hijo tenga alguna posibilidad de recuperarse, debe apoyarlo. Necesita calma, amor y un ambiente sin tensiones. De lo contrario, su salud seguirá deteriorándose.
La señora Wang, afectada por las palabras del doctor, se quedó en silencio. Miró a Zhan, quien sostenía la mano de Yibo con tanta ternura, y se dio cuenta de que, a pesar de su propio orgullo y prejuicio, Zhan amaba verdaderamente a su hijo.in importar lo que viniera.
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La verdad era que su negativa a aceptar la relación había puesto en riesgo la vida de Yibo.
Yibo, aún débil, apretó la mano de Zhan, tratando de hablar. —Madre... por favor... déjame ser feliz... déjanos ser felices...
La señora Wang, sintiendo una mezcla de culpa y dolor, finalmente asintió con la cabeza. —Lo siento, hijo. Haré todo lo posible para apoyarte a ti y a Zhan. Solo quiero lo mejor para ti.
El doctor Liu sugirió que Yibo fuera trasladado al hospital para un monitoreo más detallado y cuidados intensivos. Mientras preparaban todo para el traslado, Zhan se quedó al lado de Yibo, acariciando su cabello con suavidad.
—Voy a estar contigo todo el tiempo, Yibo. No te dejaré solo —susurró Zhan, con lágrimas en los ojos.
Yibo, con una débil sonrisa, asintió, sintiendo que, a pesar de todo, tenía a Zhan a su lado. Esa certeza le daba la fuerza para seguir luchando.
Así, bajo la fría luz de la noche que caía sobre la mansión, se llevaron a Yibo en una ambulancia hacia el hospital. Zhan, con la mano de Yibo entre las suyas, sabía que enfrentarían muchos desafíos, pero estaba decidido a luchar por su amor, sin importar lo que viniera.