Wang Yibo, un millonario apuesto y serio, vive aislado en su lujosa mansión debido a una enfermedad cardíaca. Su vida cambia cuando Xiao zhan, un sirviente dulce y tímido, entra en escena. A pesar de su timidez, Zhan se enamora a primera vista de Yi...
Yibo fue el primero en despertarse. Mientras abría lentamente los ojos, lo primero que pudo ver fue a Zhan, acostado sobre su pecho, profundamente dormido. El ver a Zhan así, tan cerca, le llenó el corazón de una ternura indescriptible. Yibo no quería moverse ni un centímetro para no despertarlo; el momento era perfecto, como una escena de un sueño del que no quería despertar.
Pasaron varios minutos en los que Yibo se dedicó simplemente a observar a Zhan, y cuanto más lo miraba, más se daba cuenta de lo hermoso que era. En esos instantes de calma y silencio, Yibo solo podía pensar en lo afortunado que era de tener a alguien como Zhan a su lado. El amor que sentía por él era tan profundo que no podía imaginarse deseando estar con nadie más. Zhan era todo lo que necesitaba en su vida, el centro de su universo.
Llevado por un impulso irresistible, Yibo levantó una mano y comenzó a acariciar suavemente el cabello de Zhan. El contacto hizo que Zhan empezara a moverse ligeramente, despertando lentamente. Sus ojos se abrieron, y lo primero que vio fueron los ojos marrones de Yibo, aquellos ojos profundos que lo habían enamorado desde el primer momento. Una sonrisa suave se dibujó en el rostro de Zhan al ver a Yibo junto a él, y sin decir una palabra, se acercó más y depositó un beso tierno y sincero en sus labios. Yibo se quedó sorprendido, pero feliz. Iban a besarse de nuevo cuando su pequeño gatito saltó encima de ellos y comenzó a lamer la nariz de Zhan, como si intentara separarlo de Yibo.
Zhan no pudo evitar reír ante la situación y dijo, tomando al gatito entre sus brazos:
—Creo que alguien está celoso.
Yibo, divertido por el momento, respondió:
—Parece que no quiere que le robes mi amor.
—Pues no debería preocuparse de nada porque tengo suficiente amor para los dos —dijo Zhan, abrazando a Yibo junto al gatito.
Así, los tres se quedaron en la cama por unos minutos más, disfrutando de esa calidez y el amor que se sentía como el de una verdadera familia.
Con el paso del tiempo, Yibo y Zhan comenzaron a pasar cada vez más tiempo juntos. Su relación crecía día a día, y aunque se querían profundamente, no todo era siempre perfecto. Como en cualquier relación, había momentos de desacuerdo y malentendidos. Pero ambos sabían que esos pequeños conflictos eran solo pruebas de su amor, y que podían superarlos si hablaban y se escuchaban mutuamente.
Una tarde, mientras discutían sobre una salida que habían planeado, las tensiones finalmente se desbordaron.
—No puedo salir hoy, Zhan. Tengo demasiadas cosas que hacer —dijo Yibo, frustrado.
—Pero prometiste que saldríamos. Necesitas descansar, Yibo —insistió Zhan, preocupado por el bienestar de su pareja.
—¡No puedes entender la presión que siento! —exclamó Yibo, levantando la voz más de lo que había planeado.
Zhan se quedó en silencio, herido por las palabras de Yibo. —Solo trataba de ayudarte —respondió con voz baja.
Yibo se dio cuenta de inmediato de su error. Se acercó a Zhan, sintiendo una punzada de arrepentimiento en su corazón. —Lo siento, Zhan. No quise gritarte. Es solo que... a veces me siento abrumado. Tengo tantas cosas que atender que no puedo controlar mi estrés.
Zhan lo miró con comprensión y suavidad en sus ojos. —Lo entiendo, Yibo. Solo quiero lo mejor para ti.
—Lo sé. Y agradezco tu paciencia —dijo Yibo, acercándose más a Zhan y tomando su mano, dándole un beso suave y reconfortante en los labios.
Después de ese pequeño conflicto, ambos se dieron cuenta de que, aunque no todo siempre es perfecto, lo importante es saber enfrentar los problemas juntos y de la mejor manera posible. Aquella noche, mientras veían una película en el sofá, Yibo sintió la necesidad de expresar sus sentimientos. Se dio cuenta de que, a pesar de todos sus esfuerzos, no había sido tan romántico como deseaba con Zhan, y quería demostrarle cuánto lo amaba.
—Zhan, te amo —dijo Yibo de repente, mirando a Zhan con sinceridad en sus ojos.
Zhan, sorprendido por la declaración inesperada, sonrió ampliamente. —Yo también te amo, Yibo —respondió, sus ojos brillando de alegría.
Sin pensarlo dos veces, Yibo se inclinó hacia adelante y abrazó a Zhan. Fue un abrazo largo, reconfortante, lleno de amor y calidez. Era un abrazo tan sincero y cálido que simplemente ninguno quería separarse del otro. Sabían que, si estaban juntos, siempre se tendrían el uno al otro.
A partir de ese abrazo, Yibo y Zhan comenzaron a crecer juntos como pareja. Su relación se hizo más fuerte y ambos se dieron cuenta de que estaban profundamente enamorados.
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Los días pasaban, y con ellos, Yibo y Zhan exploraban nuevas actividades juntos. Aprendieron a cocinar platos que nunca antes habían probado, compartieron tardes leyendo libros en el jardín, y se confesaron sus sueños y miedos más profundos. Cada momento que pasaban juntos fortalecía su vínculo y les enseñaba algo nuevo sobre el amor y la vida.
Con el tiempo, la hermana de Yibo y los sirvientes comenzaron a notar el cambio en ellos. Ya no eran solo dos personas que se amaban; eran una pareja en todo el sentido de la palabra, una unidad inseparable que irradiaba felicidad y comprensión.
Una tarde, mientras paseaban por el jardín de la mansión junto a los lotos, Yibo se detuvo y miró a Zhan. —He estado pensando en algo, Zhan —dijo con una mirada seria pero llena de amor.
—¿Qué es, Yibo? —preguntó Zhan, curioso.
— Zhan desde que llegaste a mi vida, todo ha tenido más sentido. Cada risa, cada momento a tu lado es como un suspiro del universo. Eres mi sol en la tormenta, mi refugio y mi hogar. Hoy quiero pedirte algo que es más grande que el universo y más profundo que el mar. Quiero pasar cada amanecer y cada anochecer contigo, compartir nuestras alegrías y consolarte en las tristezas. Quiero ser la persona que te cuide y te ame hasta el final de mis días. ¿Me harías el honor de ser mi compañero de vida, mi esposo y mi todo?
Zhan se quedó en silencio por un momento, sorprendido por la proposición. Pero pronto, una sonrisa iluminó su rostro, y sus ojos se llenaron de lágrimas de felicidad. —Sí, Yibo. Nada me haría más feliz que ser tu esposo.
Yibo sonrió, aliviado y emocionado. Se abrazaron con fuerza, sintiendo que, en ese momento, todas las piezas de su vida encajaban perfectamente. Bajo las estrellas, en aquel jardín que tantas veces habían visitado, se prometieron amor eterno, sabiendo que, pase lo que pase, siempre se tendrían el uno al otro.
A partir de ese día, comenzaron a planificar su boda la cual se llevaría a cabo en tres meses, uniendo sus vidas de una manera que nunca habían imaginado. Sabían que no todo sería perfecto y que habría desafíos en el camino, pero también sabían que, mientras estuvieran juntos, podrían superar cualquier obstáculo. Y así, bajo las estrellas que habían sido testigos de su amor desde el principio, Yibo y Zhan comenzaron un nuevo capítulo en su vida, uno lleno de esperanza, amor y felicidad.