Capítulo 7: Un Día en el Parque

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Decididos a romper la rutina y encontrar un poco de alegría en medio de los desafíos de la vida, Yibo y Zhan planearon una salida al parque cercano. Era una tarde perfecta, con el cielo despejado y una brisa suave que hacía que las hojas de los árboles susurraran.

Ambos se prepararon para la ocasión con esmero. Yibo, a pesar de su estilo siempre elegante, optó por un atuendo más cómodo, pero sin perder su toque de sofisticación. Zhan, por su parte, eligió algo sencillo que resaltaba su figura, especialmente su cintura.

Yibo estaba esperando a Zhan en la puerta, distraído viendo las hojas caer. Cuando giró su cabeza hacia el interior, vio a Zhan en el pasillo y no pudo evitar pensar que se veía muy bien con su atuendo. Un sonrojo se hizo presente en sus mejillas, así que trató de calmarse.

El chófer ya los esperaba afuera, y una vez listos, subieron al auto que los llevaría al parque.

El camino fue tranquilo, con una música suave sonando de fondo. Yibo miraba por la ventana, notando pequeños detalles del paisaje que antes le habrían pasado desapercibidos. Zhan, sentado a su lado, también observaba, pero con una sonrisa en los labios, satisfecho de ver a Yibo relajado.

Al llegar al parque, fueron recibidos por un amplio espacio verde, salpicado de flores de colores vibrantes. El lugar estaba lleno de familias, niños corriendo y riendo, parejas paseando de la mano y personas disfrutando de un día al aire libre.

— ¿Cuándo fue la última vez que salió a disfrutar del aire libre? — preguntó Zhan mientras caminaban por el sendero principal, rodeado deado de árboles altos que proporcionaban sombra.

Yibo frunció el ceño, como si tratara de recordar. — No lo recuerdo. Debió haber sido hace mucho tiempo — admitió, inhalando profundamente el aire fresco, como si quisiera llenarse de esa vitalidad que le ofrecía el entorno.

Zhan estaba feliz de ver a Yibo relajado y sin ninguna preocupación. — Me alegra que haya decidido venir hoy. Es bueno para el alma, salir, respirar, ver la vida en movimiento — dijo Zhan con una sonrisa cálida.

Decidieron explorar el parque con calma, disfrutando de cada pequeño detalle. Mientras caminaban, encontraron un terreno lleno de flores donde pequeños conejos saltaban y jugaban con los pétalos. La escena era realmente tierna; Zhan sintió tanta ternura que compró un poco de hierba de un vendedor cercano y la compartieron, riendo cuando los conejos se acercaban ansiosos por las ramas verdes y frescas de hierba.

—Se siente extraño estar aquí — dijo Yibo después de un rato, observando cómo los conejitos competían por el último trozo de hierba. — Pensé que había olvidado cómo disfrutar de algo tan simple como esto. Pero aquí estoy, sintiéndome... en paz.—

Zhan lo miró, y en sus ojos brillaba una mezcla de alegría y compasión. — Es natural, señor Yibo. A veces, la vida nos lleva por caminos donde olvidamos lo que realmente importa. Pero siempre podemos encontrar nuestro camino de regreso.—

Luego, encontraron un lugar perfecto bajo un gran roble, donde extendieron una manta para disfrutar de un picnic que Zhan había preparado con cariño. La comida era sencilla pero deliciosa: sándwiches, frutas frescas y un té helado que Zhan sabía que era el favorito de Yibo.

Mientras disfrutaban de su picnic, la conversación entre Yibo y Zhan fluyó de manera natural y relajada. Zhan compartió historias de su infancia en el campo, anécdotas que hicieron reír a Yibo, llenando el aire de una calidez que no había experimentado en mucho tiempo. Hablaron de las travesuras que Zhan solía hacer con sus amigos, como aquella vez que construyeron una cabaña secreta en el bosque. Yibo, por su parte, habló de sus sueños pasados, aquellos que había dejado atrás en su camino hacia el éxito, y de los sacrificios que había hecho a lo largo de los años.

 Yibo, por su parte, habló de sus sueños pasados, aquellos que había dejado atrás en su camino hacia el éxito, y de los sacrificios que había hecho a lo largo de los años

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La tarde avanzaba, y todo a su alrededor parecía ser perfecto. Los pájaros cantaban suavemente, y el murmullo del viento entre las hojas creaba una melodía apacible. Yibo no podía evitar sonreír; su sonrisa permanecía congelada en su rostro, reflejando la paz y felicidad que sentía en esos momentos compartidos con Zhan.

Perdido en sus pensamientos, Yibo no escuchó a Zhan llamándolo hasta que este tuvo que alzar la voz con emoción: — ¡Señor Yibo, venga rápido! — exclamó Zhan, señalando hacia un rincón del parque. Intrigado, Yibo se levantó de donde estaba sentado y se dirigió hacia donde Zhan le llamaba con entusiasmo.

Al llegar al lugar, Yibo se sentó junto a Zhan en el suelo cubierto de flores silvestres. Estaban rodeados de colores vibrantes, y frente a ellos, el sol comenzaba a descender en el horizonte, pintando el cielo con tonos de naranja y rosa. La escena era de una belleza indescriptible, y Yibo se dejó llevar por el momento.

Zhan, al ver la felicidad reflejada en los ojos de Yibo, recordó con nostalgia los momentos que pasaba con su familia.„ Solían ir al campo, donde jugaban todo el día y terminaban la tarde sentados juntos, viendo el atardecer. Esa imagen le trajo una oleada de emociones, y sus ojos se humedecieron con lágrimas de recuerdos y añoranza. „

— Zhan... Zhan — llamó Yibo con suavidad, sacándolo de sus pensamientos al sentir que lo movía ligeramente. Al girarse, Zhan se encontró con la mirada comprensiva de Yibo. Sus ojos estaban un poco llorosos, y una lágrima resbaló por su mejilla.

— Perdón, es que recordé algo —murmuró Zhan, intentando limpiar la lágrima que descendía por su rostro. Yibo, sintiendo la conexión profunda que compartían, tomó la mejilla de Zhan con ternura, obligándolo a mirar hacia él.

— Zhan, puedes contarme si algo te pone triste. Tú siempre me escuchas, así que yo haré lo mismo por ti. No te guardes nada para ti solo — dijo Yibo, su voz cargada de cariño y comprensión.

Zhan suspiró, sus palabras impregnadas de tristeza mientras confesaban: — Extraño a mis padres. No los he visto durante años. —

Yibo asintió, entendiendo el dolor que esas palabras cargaban. — Entiendo, pero algún día, si quieres, puedes ir a visitarlos. Te daré unas vacaciones para que puedas ir a verlos — ofreció Yibo con sinceridad, acariciando suavemente la mejilla de Zhan, sintiendo el deseo genuino de ayudarle a sanar esa parte de su corazón.

— Gracias, Yibo — Zhan murmuró, agradecido y emocionado por la comprensión de Yibo, mirando profundamente a sus ojos castaños. El momento entre ellos se volvió más intenso, la conexión entre sus miradas hablando más de lo que las palabras podían expresar.

Se empezaban a acercar lentamente, sus rostros a solo un suspiro de distancia. En ese instante, uno de los conejitos que andaba por ahí dio un salto, rompiendo la tensión del momento y haciéndolos sobresaltarse. Zhan, con el corazón latiendo rápidamente, abrió los ojos al darse cuenta de lo cerca que estaban de besarse y rápidamente desvió la mirada, sonrojándose intensamente.

— Señor Yibo, mire la puesta de sol — dijo Zhan apresuradamente, tratando de desviar la atención de la cercanía que acababan de compartir. Yibo, notando el sonrojo en las mejillas de Zhan, sonrió de lado, encontrando encantador lo tierno que se veía en ese momento.

Después de contemplar juntos la majestuosa puesta de sol, decidieron que era hora de regresar a la mansión. Zhan, aún un poco avergonzado por lo ocurrido, intentó ignorar el torbellino de emociones que sentía. Al llegar a casa, ambos se despidieron y se retiraron a sus respectivas habitaciones.

Esa noche, Yibo se encontró reflexionando sobre los sentimientos que sentía por Zhan. Era consciente de que algo en su corazón había cambiado, y no podía dejar de pensar en lo mucho que le gustaba estar cerca de él. Sabía que lo que sentía por Zhan iba más allá de la amistad, y aunque no sabía qué depararía el futuro, estaba seguro de que quería seguir explorando esos sentimientos.

⌛𝓛𝓪𝓽𝓲𝓭𝓸𝓼 𝓔𝓽𝓮𝓻𝓷𝓸𝓼 💙Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora