5 de marzo, 1960.
Nunca antes había sido invitado a una fiesta con otras personas de mi edad. No hay mucha gente que se me acerce por mi apariencia tan melancólica, no los culpo, yo tampoco entablaria algún tipo de relación con una persona que parece muerto en vida.
Por esto mismo, la invitación que recibí esta mañana fue una total sorpresa. Aunque me toma más por sorpresa estar escribiendo esto, parece que perdí la cabeza, cosa que sea probable a este punto.
Admito que el temor me invadió. Nunca e ido a una fiesta con adultos jóvenes, hormonales y que solo tienen pocas cosas en mente además del alcohol, el sexo y la marihuana. Solo pensar tener que convivir con los demás me asfixia. La chica que me invito no me dejo ni responder, se alejó de ahí con mucha energía invitando a más gente, su amiga que la acompañaba se disculpo conmigo, dijo que me esperarían ahí.
Fue tan raro. Normalmente los demás solo murmuran cosas relacionadas a mi apariencia y actitud, aunque deje de prestarles atención hace mucho.
Definitivamente no iba a asistir. Lo tenia más que claro. En cambio, a las siete estaba vestido como normalmente y fuera de casa, camino a la dirección que Marie (según recuerdo se llamaba) me dio.
Cuando estuve lo suficientemente cerca de la casa, escuche mucho ruido proveniente de ahí, fue abrumador. Di media vuelta, camine unas cuantas cuadras y me desvíe hasta un área de pasto.
Había algunas personas paseando de aquí para allá con rapidez, me senté en una banca, contemplando el cielo, había algunas estrellas, un hermoso espectáculo que la gente no se detiene a contemplar. Estoy seguro que perderemos las estrellas pronto y muchos no podrán apreciarlas en ocaciones donde sienten que no pueden más con su existencia.
Mientras me perdía en mis miles de pensamientos, una voz me sobresalto:
"Las estrellas son fascinantes, motores de energía cósmica que producen calor, luz, rayos X y otras formas de radiación, con un tamaño más grande del que se piensa"
Palabras dichas por un hombre que estaba parado a mi lado, con la sonrisa más grande que alguien me a dedicado, su ojos aguamarina brillan con emoción.
Tengo la sensación de que lo he visto antes. Solo no puedo recordar donde.
"Nikola Tesla. Un gusto"
Extiende su mano. Yo dudoso acepto el apretón de manos.
En automático me presente.
No se porque decidí darle ni nombre a un desconocido, quizás guardaba la esperanza que fuera un asesino serial y yo fuera su siguiente víctima.
El solo me sonrió.
Me levante apresuradamente con la excusa de estar ocupado, no suelo convivir mucho con la gente, así que esa interacción fue suficiente por el día de hoy, me despedi de la manera más educada posible. Prácticamente huí de ahí.
Nikola Tesla. Creo que es un nombre que me costará olvidar.
Beelzebú Blackwell
Edgar se queda en silencio varios minutos, analizando lo que hay escrito en la primera página.
Es extraño, sus piernas parecen reaccionar por voluntad propia, baja las escaleras hasta la sala, algunas personas ya se estaban yendo cuando él llegó a la planta baja, se despidió de ellos de manera cortes antes de corren en dirección de su madre, que ahora tenía una apariencia más tranquila.
— ¡Mamá! ¿Podemos ir al parque?
— ¿Parque?, hay uno cerca de aquí. Pero quizás mañana querido, hoy realmente no tengo muchas ganas de salir —alboroto su cabello cariñosamente.
Edgar no estuvo contento con eso, pero aun así lo acepto a regañadientes. Se sentó nuevamente en el sofá, con el libro en su regazo.
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Cartas
FanfictionEdgar va al pueblo donde su madre creció. Ahí se encuentra con Göndul, quien le entrega un cuaderno que contiene escritos de un tal Beelzebú, donde menciona mucho a un tal Nikola. ¿Qué se supone que haga con esta información?
