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—¿Y ahora qué quieren?
Habían entrado tres escoltas de capas rojas y máscaras de payasos. Se quedaron en la puerta parados y el del centro habló.
—Tenemos que llevarte a las cámaras para que veas algo.
Elizabeth suspiró, cerró el libro que estaba leyendo llamado Apocalipsis de Sthephen King y se levantó de su cama.
Se acercó a los escoltas y ellos no se movieron—. Quítense —murmuró, amenazante y ellos hicieron caso.
La chica salió su habitación y tomó una respiración profunda. Había salido de su celda luego de casa unas dos semanas.
Siguió su camino y sabía que los escoltas la seguían de lejos, precavidos.
Al cruzar un pasillo con varias puertas llegó a la más grande y entró. Estaba vacío. Se le hizo extraño que no estuviera Luis esperándola.
—¿Y el doctor? —murmuró mirando las computadoras que se encontraban con un video colocado y pausado.
—No se encuentra aquí. Tuvo un viaje a su casa de campo y regresa la semana siguiente.
—Genial. ¿Y que quieren que vea entonces? —preguntó.
Uno de los payasos de acercó y le dió play al video que estaba previamente puesto.
Elizabeth se sentó en la silla más cercana y observó el video.
—¡Hola, amigos! ¿Cómo están? ¡Bienvenidos a un nuevo video! En mi canal —un chico castaño comenzó a saludar a la cámara y Elizabeth supo de inmediato que era Federico.
Se quedó en silencio observando el video, atenta. No sabía de que se trataba porque no pudo leer el título del video y no podía tocar las computadores de ese lugar.
—Chicos, el día de hoy hablaremos sobre lo qué pasó hace unos días —en el video se aprecia cómo va mostrando a cada uno de sus amigos—. Y me encuentro con el club Misterio.
—Lo qué pasó hace unos días por si no vieron el video vallan a verlo. Compramos a la payasa Luli.
Comenzaron a charlar sobre lo sucedido ese día y sacaban conclusiones y teorías sobre eso. Algunas teorías eran súper tontas, y otras estaban un poco acertadas.
Como por ejemplo, están sospechando qué hay túneles por toda la casa y era cierto. Solo que ellos no lo sabían, solo lo sospechaban.
Elizabeth siguió observando el video, atenta. Hasta que en un momento comenzaron a hablar... de ella.
—Chicos, ¿Qué opinan de lo que dijo Luli antes de escapar? —les preguntó.
—Wey, estuvo cabrón ese momento. Sentí mucho pánico —respondió un castaño claro que no sabía su nombre.