3 segunda parte

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Días después, la organización recibió informes de que el distrito sur, que había estado perdiendo terreno frente a los rivales, había experimentado un cambio repentino. Los negocios que antes estaban bajo el control de grupos rivales ahora estaban cayendo, uno tras otro, en manos de la organización de Mikey e Izana. Sin embargo, no era gracias a una estrategia cuidadosa o a las tácticas habituales.

Mikey había decidido tomar un enfoque completamente inesperado: en lugar de ajustar las operaciones y aumentar los márgenes de ganancia como Izana había sugerido, organizó una serie de ataques directos y extremadamente violentos contra los líderes rivales. Los grupos que controlaban el sur no habían tenido tiempo de reaccionar. Las emboscadas fueron rápidas, brutales y sin piedad. Mikey no buscó negociar ni ganar terreno poco a poco; fue directamente a la yugular.

Los informes llegaron a Izana en un paquete detallado. Los rivales que habían sido una amenaza ahora estaban incapacitados o huyendo, y el caos generado en el distrito sur había hecho que todos temieran enfrentarse a la organización de Mikey.

Izana, con una expresión fría, leyó cada detalle. Sabía que el caos era la marca registrada de Mikey, pero esto era más arriesgado de lo que hubiera querido. Había demasiados testigos, demasiado ruido. Si bien habían ganado control del distrito, también habían llamado la atención de las fuerzas policiales y otros rivales más poderosos. El caos funcionaba, pero solo hasta cierto punto.

Más tarde, en una reunión privada, Izana se encontró cara a cara con Mikey. La tensión era palpable.

"Izana, ¿qué te parece mi método?," dijo Mikey con su característica sonrisa despreocupada. "Te dije que lo resolvería a mi manera."

Izana lo miró fijamente, tratando de contener su irritación. "Tomaste una decisión peligrosa. Ahora la policía está investigando, y estamos en la mira de otras organizaciones. Esto no es un triunfo, Mikey, es una bomba de tiempo."

Mikey se encogió de hombros, como si las advertencias de Izana fueran irrelevantes. "Lo importante es que tenemos el control ahora. Y sabes que nadie se atreverá a desafiarme después de esto. ¿No es eso lo que querías? Control."

Izana apretó los puños, pero mantuvo su voz calmada. "No a cualquier precio. Esto puede estallar en nuestra cara, y entonces tendremos que lidiar con problemas más grandes. No todo se puede resolver con violencia desenfrenada."

Mikey se acercó, su tono cambió a uno más serio, aunque la chispa en sus ojos seguía presente. "Te preocupas demasiado, Izana. Yo manejo las cosas a mi manera porque funciona. Y ahora, nadie se atreverá a tocarnos en el sur. Si te gusta el control, entonces deberías confiar en el caos que yo creo. Eso también es poder."

Izana lo miró largo rato, sintiendo la frustración burbujear bajo la superficie. Pero al final, sabía que, aunque odiaba los métodos de Mikey, no podía negar que el resultado estaba allí. El caos había funcionado, pero ahora tenían que manejar las consecuencias.

"Espero que tengas un plan para cuando las cosas se compliquen," dijo Izana, con una voz gélida.

Mikey le dio una última sonrisa provocadora, y con un tono cargado de ironía, respondió: "Siempre lo tengo, Izana. Solo relájate un poco."

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