3 versión 2

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Izana estaba al frente de la sala de reuniones, concentrado mientras revisaba los informes financieros y estratégicos en la pantalla digital. Los líderes de diferentes secciones de la organización se mantenían en silencio, esperando instrucciones. La atmósfera era tensa y meticulosamente profesional, como siempre cuando Izana estaba a cargo.

Mikey, en cambio, parecía fuera de lugar. Estaba sentado a un lado de la mesa, con las piernas cruzadas y una expresión relajada. Sus dedos tamborileaban sobre el borde del asiento, como si estuviera aburrido. Llevaba puesto su característico abrigo negro, pero estaba desabrochado y desarreglado, en contraste con la formalidad de la situación. Una sonrisa juguetona adornaba su rostro.

"Izana, ¿podrías apurar un poco? Tengo cosas más interesantes que hacer." La voz de Mikey rompió el silencio, y aunque lo dijo en tono ligero, se notaba la provocación detrás de sus palabras.

Izana no levantó la vista de los documentos. "Esto es importante, Mikey," respondió con su tono habitual, controlado y frío. "Si quieres que sigamos controlando el distrito sur, necesitamos ajustar nuestras operaciones. Los márgenes de ganancia han caído un 15%, y eso es inaceptable."

Mikey resopló, dejándose caer aún más en la silla, como si la seriedad de Izana le resultara entretenida. "Todo se puede arreglar, solo relájate un poco." Sus ojos brillaban con burla, y el aire despreocupado que emanaba contrastaba directamente con la tensión en la sala.

Uno de los capitanes de la organización, sentado al otro extremo de la mesa, carraspeó incómodo. Todos sabían que cuando Mikey e Izana comenzaban a discutir, era cuestión de tiempo antes de que la atmósfera se tornara explosiva.

Izana finalmente levantó la vista, sus ojos oscuros clavándose en Mikey con una expresión de irritación controlada. Dio un paso hacia él, apoyando las manos firmemente sobre la mesa, inclinándose ligeramente. "¿Relajarme? ¿Crees que esto es un juego?" Su voz era baja, pero cada palabra parecía cargada de una amenaza subyacente.

Mikey esbozó una sonrisa lenta, sin inmutarse. "Todo es un juego si sabes cómo jugarlo, Izana. A veces pienso que te tomas esto demasiado en serio. A veces perder un poco te da perspectiva."

Izana se tensó, pero se controló antes de responder. "En este trabajo, no hay margen para perder, Mikey. La competencia no juega limpio, y tampoco nosotros deberíamos hacerlo."

Mikey se puso de pie de un salto, caminando con lentitud alrededor de la mesa hacia Izana. "Tú siempre tan calculador… tan obsesionado con tener el control de todo." Al llegar cerca de él, Mikey inclinó la cabeza, sonriendo con esa mezcla de desafío y encanto que siempre lo hacía parecer a la vez peligroso y fascinante. "Pero a veces, ser impredecible es lo que te mantiene en la cima."

Los otros miembros de la reunión intercambiaron miradas nerviosas. Sabían que lo que estaba sucediendo delante de ellos no era simplemente una discusión sobre tácticas de negocios, sino una batalla de poder constante entre los dos líderes. Aunque Mikey era el jefe supremo, Izana mantenía una autoridad tan férrea que la tensión entre ellos era palpable.

Izana no retrocedió ante la cercanía de Mikey. Sabía que si mostraba cualquier signo de debilidad frente a los demás, Mikey lo usaría en su contra. "Eres un irresponsable," espetó, su voz en un tono apenas audible para los demás. "Y tu desdén por los detalles es la razón por la que siempre tienes que volver a mí para arreglar tus desastres."

Mikey dejó escapar una suave risa, inclinándose aún más hacia Izana, tan cerca que apenas quedaba espacio entre ambos. "¿Desastres? ¿Oportunidades, más bien? Si te divirtieras un poco más, tal vez entenderías que el caos es el mejor aliado."

Izana chasqueó la lengua, claramente irritado, pero su control permanecía intacto. "El caos solo lleva a la ruina, y tú no serás el responsable de arrastrarnos a ello." Hizo una pausa y añadió, con una sonrisa fría, "Pero si quieres apostar por el caos, adelante. Asume el riesgo, pero si fallas, sabes lo que te espera."

Mikey ladeó la cabeza, divertido, casi burlándose de la amenaza velada. "Oh, Izana, siempre tan predecible. Pero me encanta verte así, tenso y con esa carita de jefe preocupado." Mikey le guiñó un ojo descaradamente frente a todos, sabiendo perfectamente cómo ese tipo de gestos lo volvían loco.

La mandíbula de Izana se apretó apenas, pero rápidamente se enderezó, ignorando el coqueteo. "Bien. Haz lo que creas necesario," dijo en voz alta, con un tono calculadamente neutral, como si la conversación privada no hubiera ocurrido. "Pero recuerda, si algo sale mal, tendrás que rendirme cuentas. Y esta vez no habrá margen para el error."

Mikey sonrió ampliamente, dándole una última mirada desafiante antes de apartarse, caminando hacia la salida. "Oh, Izana, siempre tan dramático. No te preocupes, te encantará lo que voy a hacer."

Cuando Mikey se fue, dejando la sala en completo silencio, Izana exhaló despacio, controlando la tensión que le había dejado la interacción. Sabía que Mikey podía ser un caos encarnado, pero también sabía que, de alguna manera, siempre lograba salirse con la suya.

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drabbles de Izakey Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora