Izana se quedó mirando la pantalla con el ceño fruncido, incapaz de apartar la vista. Mikey, sentado a su lado, sostenía un puñado de crispetas mientras masticaba distraídamente, más enfocado en la reacción de Izana que en la película en sí.
—¿Así se hace? —preguntó Izana con una mezcla de incredulidad y curiosidad mal disimulada.
Mikey sonrió de lado. —Parece que sí.
Hubo un largo silencio entre los dos, solo interrumpido por el murmullo de la televisión y el crujido de las palomitas. Mikey volteó hacia Izana, observando su expresión indecisa. Izana lo notó y le lanzó una mirada de advertencia, pero en lugar de apartarse, Mikey inclinó la cabeza ligeramente.
—¿Y si lo intentamos? —soltó de repente, con un tono ligero pero con la suficiente carga de seriedad como para que Izana lo mirara con los ojos bien abiertos.
—¿Qué? No... No, ni de broma —Izana se echó hacia atrás en el sofá, pero su reacción solo hizo que Mikey soltara una risa baja. —¿Qué te pasa, Mikey? No digas estupideces.
Pero Mikey no parecía dispuesto a retractarse. Se acercó un poco más, observando cada pequeño cambio en la expresión de Izana. Algo dentro de él se encendió con la idea, una chispa de emoción, de anticipación. Izana frunció el ceño aún más cuando Mikey redujo la distancia y, sin previo aviso, le rozó los labios con los suyos.
El beso fue fugaz, apenas un roce torpe, pero suficiente para dejar a Izana completamente paralizado. Su mente se quedó en blanco por un instante y, cuando reaccionó, empujó a Mikey lejos de él.
—¿Qué mierda estás haciendo? —su voz sonó más alta de lo que pretendía, y su respiración estaba alterada.
Mikey se encogió de hombros con total tranquilidad. —¿Qué? Dijiste que nunca habías probado, pensé que podríamos ver qué tal.
Izana pasó una mano por su rostro, intentando ordenar sus pensamientos. Su corazón latía con fuerza, y no sabía si era por el shock o por algo más. Miró a Mikey, quien lo observaba con una expresión juguetona pero con algo más en sus ojos, algo que Izana no estaba seguro de querer analizar demasiado.
—No voy a hacer esto —murmuró Izana, levantándose.
Pero antes de que pudiera alejarse, Mikey lo sujetó de la muñeca y, con un movimiento suave pero firme, lo hizo girar de nuevo hacia él. No le dio tiempo a objetar; en un instante, los labios de Mikey estaban sobre los suyos otra vez, pero esta vez el beso fue distinto. Más seguro. Más insistente.
Izana sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando los dedos de Mikey se deslizaron por la tela de su camisa, aferrándose levemente a su cintura. La calidez de su toque contrastaba con la electricidad que parecía recorrerle el cuerpo entero. Cerró los ojos sin darse cuenta, dejándose llevar por la sensación, por el roce de los labios ajenos, por la forma en que Mikey lo presionaba un poco más contra él.
Un suspiro escapó de sus labios cuando la lengua de Mikey rozó la suya de manera tentativa. Izana sintió que su cuerpo respondía antes de que su mente pudiera detenerlo. Sus dedos se aferraron a la tela de la camiseta de Mikey, apretándola ligeramente mientras sentía el peso del momento sobre él.
La camisa de Mikey se deslizó por sus hombros en algún punto, cayendo al suelo sin que ninguno de los dos le prestara atención. Izana sintió la calidez de la piel ajena contra la suya cuando Mikey redujo aún más la distancia, y un escalofrío le recorrió la espalda al sentir las manos de Mikey explorar con una mezcla de curiosidad y necesidad contenida.
—Mikey... —murmuró contra sus labios, sin estar seguro de qué iba a decir, pero Mikey solo respondió con otro beso, esta vez más profundo, más intenso.
