—Espera… no me siento seguro de entrar. Es mi primera vez. Además, recibí enseñanza en casa y jamás he tenido que socializar con nadie.
Ella me miró, sonrió y me agarró de la mano. Ambos entramos al salón.
—Buenos días, señor Rafael. Él es el nuevo —dijo, con una voz que era una suave melodía en el aire.
—¿Eres Victor Stephen, no?
—Sí, señor —respondí. El profesor nos dejó pasar y la chica me condujo hasta una esquina del salón, donde aparentemente se sentaba habitualmente.
Me senté y recorrí con la mirada el salón. Todos me observaban de forma extraña, intentando intimidarme. Evité mirarlos directamente para no perder la compostura. Dejé caer la maleta a un lado y fijé la mirada en la bella chica que se sentaba frente a mí. Ella se sonrojó levemente y cruzó los brazos para acostarse sobre la mesa.
—¿Cómo te llamas? —pregunté, tratando de romper el hielo.
—Isabella —respondió.
El profesor comenzó a hablar y toda el aula se quedó en silencio:
—Este será un trabajo en parejas. Con la persona que tienen al lado, tomarán un lienzo, pinceles y pinturas, y crearán una obra de arte. La mejor obra tendrá una nota adicional —guardó un breve silencio antes de continuar—. A trabajar.
Me levanté y llevé los materiales hasta la mesa. Con algo de timidez, toqué el brazo de Isabella para llamar su atención.
—Eh…
Ella levantó la cabeza; su cabello estaba alborotado sobre el rostro. Sonreí sutilmente, y luego ella también lo hizo. Se peinó con las manos y tomó un lienzo.
—¿Qué quieres pintar? —preguntó.
—No sé… tú pinta —respondí rápidamente. Mi pecho sudaba, al igual que mis axilas; el ambiente era cálido y el nerviosismo no me dejaba respirar.
—Pero tenemos que hacerlo juntos… —dijo con suavidad.
—Es que… me da algo de vergüenza —respondí, agachando la cabeza.
—A mí también… pero tal vez así sea la forma de crear una linda relación… —susurró, y mi mundo se silenció.
—¿Quieres tener una relación conmigo? —pregunté, sorprendido.
—Yo… yo… yo no me refería a… eh… —por primera vez vi cómo la timidez se apoderaba de ella.
Al igual que ella, me sonrojé enseguida. Crucé los brazos y me acosté sobre la mesa para que no viera mi cara.
El tiempo comenzó a correr, y ambos tomamos óleos y pinceles. Lentamente, la timidez fue disminuyendo y empezamos a sentirnos cómodos el uno con el otro. Después de una hora, logramos terminar.
—Listo… —dijo Isabella, pasándose la muñeca por la frente para limpiarse el sudor.
—Me encantó… —fue lo único que pude decir.
Isabella, emocionada, me dio un abrazo. Yo la abracé de vuelta, hasta que ambos notamos lo que sucedía. Nos separamos y simplemente sonreímos.
Una vez todos los estudiantes terminaron de pintar, el señor Rafael analizó cada una de las obras para determinar cuál era la mejor.
—La mejor obra es… —el profesor se puso de pie frente a su escritorio.
La tensión se sentía en el ambiente. El silencio era tan inmenso que permitía escuchar los latidos acelerados de todos los estudiantes… hasta que el profesor reveló la respuesta.
—La de Isabella y Stephen: Vino Tinto.
Los estudiantes aplaudieron mientras el profesor colocaba el cuadro en la pared.
—Uno ve simplemente una copa con vino sobre un fondo blanco. Es el sentimiento de pureza, paz, relajación… que contrasta con el movimiento, el dinamismo y el detalle del líquido contenido en una copa de cristal, muy bien diseñada. Felicidades.
Ambos nos levantamos y celebramos con emoción. Ella dio un pequeño salto, y yo solo sonreí. Sin pensarlo, me acerqué a su rostro y apoyé mis labios sobre su mejilla.
Un beso.
Un momento.
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VINO TINTO
RomanceMe perdí tratando de encontrarte. Me encontré cuando ya no estabas. Y en la eternidad de un último sorbo, entendí quién era.
