VAN GOGH

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    Estoy seguro de que esto lo remediará todo. De que me ayudará a volver a surgir, a vivir… y sentirme vivo otra vez.

    —¿Por qué lo dices? —preguntó Vincent.

    —Isabella y yo fuimos grandes escritores. Ella era una periodista brillante, atrapaba a sus oyentes con cada caso… parecía una detective. Siempre encontraba la manera perfecta de presentar una noticia. Y en nuestros ratos libres, ella y yo escribíamos fragmentos de historias. —dije.

    —¿Esta es una de esas historias? —preguntó Vincent, intrigado.

    —Estas son todas las historias. Es el comienzo y el final de lo que fuimos. Es completamente la esencia de lo que ella fue... y lo que dejó en mí.

    Salí de la habitación y regresé con mi capuchino.

    —Stephen… —me llamó Vincent, con un tono extraño.

    —¿Qué sucede? —pregunté, alarmado por su voz.

    —No me queda mucho tiempo —dijo, con un hilo de voz.

    —¿Qué dices? ¡Eres una pintura! —exclamé, aturdido.

    —Stephen, mira dónde estás. Para vivir, hay que subir… y también caer. Pero tú te estancaste en la subida. Y yo necesito que caigas, para que empieces a vivir de verdad —dijo, apenas audible.

    —¡Pero si ya he perdido! ¡He caído y estoy volviendo! —repliqué, frustrado.

    —El problema es que aún no has terminado de caer —respondió Vincent.

    —¡YA ESTOY HARTO DE ESTO! ¡ERES UNA MALDITA PINTURA, NO PUEDES DECIRME CÓMO VIVIR! —grité, rompiéndome.

    —No me queda mucho tiempo… —su voz era apenas un suspiro.

    —¿QUÉ? ¿ESTÁS BIEN? —pregunté, aterrorizado.

    —Es momento de que seas el protagonista de tu historia… —respondió con una mirada serena.

    —No… no te vayas tú también. Eres el único loco que me mantiene cuerdo… —mi voz se quebró.

    —Sin mí, lograste todo: una vida con tu amada, una carrera exitosa. Estás tocando fondo, Stephen… y no me necesitas para volver a la superficie —sonrió apenas.

    —Antes la tenía a ella… ahora te tengo a ti. No puedo quedarme solo —apoyé mi cabeza contra la pared.

    —Vives en un sueño, Stephen —suspiró—. Pero la realidad… es más hermosa que los sueños.

    —No puedo vivir en una realidad donde mi mundo es gris… —murmuré.

    —No pintamos con los colores, Stephen. Pintamos con los sentimientos. Y ahora tú tienes el pincel para pintar tu vida —su voz, cada vez más lejana, era como una pincelada final.

    —No… por favor… no te vayas… no, no ahora —lágrimas brotaron de mis ojos. Descolgué el retrato de la pared y lo coloqué en el suelo. Me arrodillé a su lado.

    —Sabías que en algún momento diríamos adiós…

    —Es muy temprano —dije entre sollozos.

    —Este es el momento. Salió el sol, Stephen… amigo mío. Despertaste.

VINO TINTODonde viven las historias. Descúbrelo ahora