El césped era áspero, brillante y húmedo. Los árboles, altos; la vegetación, densa. El sol estaba en su punto más alto, y el ambiente era fresco. Paso tras paso, Stephen se adentraba cada vez más en el bosque. En su espalda, una gran maleta.
Después de horas, encontré el lugar perfecto. Me tiré al suelo y me quité la maleta. De ella saqué un lienzo en blanco y lo dejé sobre la hierba. También saqué unos cuantos pinceles, óleos, y me senté en el suelo.
Pinceladas suaves recorrían el lienzo. Stephen pintaba con lentitud su propio rostro. Con tonos azules detallaba sus pupilas, iris y líneas de expresión. De vez en cuando, con tonos amarillos, aplicaba pequeños brillos.
El cuadro comenzaba a tomar forma. Cada trazo revelaba con más claridad su rostro. A ratos alzaba la mirada hacia el sol, cerraba los ojos y el mundo se silenciaba. Solo podía oír los latidos de mi corazón, que vibraban con lentitud en mi pecho.
Llegó el atardecer y, con él, los vientos empezaron a soplar con más fuerza. Sin embargo, Stephen jamás dejó de pintar.
—Lo logré —dijo, alzando el cuadro de Vincent Van Gogh entre sus manos y respirando hondo.
—¿Hola? —preguntó Stephen, en voz baja.
El cuadro permaneció estático, en completo silencio.
—¿Vincent? —bajó lentamente el cuadro.
Entonces entendí que él no iba a volver.
La noche cayó, y el silencio consumió todo a su alrededor. Me levanté y comencé a caminar cabizbajo. Dejé todo tirado: los pinceles, los óleos... y a Vincent. Mis pasos se arrastraban por el suelo, uno tras otro. Un segundo, detrás de otro.
Caminé por el bosque hasta encontrar un pequeño bar en medio de la nada. Las nubes cubrían el cielo, y una fuerte tormenta se desató. Sin alternativa, entré al bar y me senté en una mesa en el rincón más oscuro.
El cantinero agarró el control remoto y subió el volumen del televisor, que estaba sintonizado en un canal de noticias.
...Y en otras noticias, se acaba de confirmar que el escritor Stephen Malone ha vuelto con su más reciente libro: “El último girasol del campo”.
ESTÁS LEYENDO
VINO TINTO
RomanceMe perdí tratando de encontrarte. Me encontré cuando ya no estabas. Y en la eternidad de un último sorbo, entendí quién era.
