YO UN GIRASOL

17 5 0
                                        

    Lloré, lloré demasiado. Horas pasaron y mis ojos no paraban de derramar recuerdos, momentos, silencios.

    Me levanté, miré la soledad a mi alrededor, agarré el cuadro y lo colgué. Me coloqué un abrigo negro, al igual que unos pantalones, mis zapatos, y llegué a la puerta.

    —Regresa pronto —me hubiera dicho.

    —Claro, no dejaría que te quitaras otra oreja —le respondería.

    —Lo haría sin pensar —me replicaría.

    —Tranquilo, no te voy a abandonar —le susurraría.

    Subí al ascensor y llegué al primer piso. Salí del edificio y empecé a caminar por las calles: cruces sin color. Todo era opaco, sin vida. Mis pasos, uno a uno, sonaban en un eco por el vacío de las calles. Al pasar por una floristería, encontré lo único con color.

    Compré un girasol y salí. Caminé un poco más hasta llegar al cementerio. Después de ingresar, no tardé mucho en encontrar su tumba. Me arrodillé a un lado y dejé el girasol a un costado de su lápida.

    —Si supieras lo que ha pasado... Vincent ya no está. He vuelto, una vez más, a la oscuridad.

    Quisiera contarte tantas cosas y que tú pudieras responderme, ayudarme, besarme, o solo escuchar...

    Me gustaría que me ofrecieras una copa de vino al llegar y me preguntaras: “¿Cómo estás?”

    Respondería, y brindaríamos.

    Extraño tus reportes, tus historias, tus palabras, que hacían que mis cuentos tuvieran sentido. Extrañamente, ahora a la gente no le gustan los autógrafos, no los míos.

    No entiendo cómo un momento no te define, cómo los errores son los más evidentes.

    Tengo muchas deudas encima, pero no estoy aquí para contarte mis problemas. No estoy aquí para tener un momento de decaimiento, sino para decirte que voy a cambiar.

    Voy a hacer justo lo que tú me hiciste: sacarme de mi prisión de oscuridad.

    Eres, fuiste y serás la única que me enseñó que, con los ojos correctos, una noche habitual puede ser la noche estrellada más perfecta que jamás haya existido.

    Te traje un girasol. Igual a mí: siempre se fijará en la estrella más brillante.

    Te dedico cada uno de mis latidos, y cuando ya dejen de soñar, será porque estaré más cerca de encontrarte… en el más allá.

    Besé su lápida, me puse de pie y arreglé mi abrigo. Salí del cementerio y fui hasta un bar para beber una última vez.

VINO TINTODonde viven las historias. Descúbrelo ahora